En la aldea
20 abril 2024

“Hoy en Nicaragua la cifra de presos políticos es similar a la de Venezuela. En eso también nos parecemos”.

Venezuela 2023: modelo Nicaragua

“Las ONG son pieza fundamental en un país, pero cuando esa nación vive una tiranía como la venezolana o la nicaragüense, su importancia es todavía mayor. Lo es en términos humanitarios, y lo es en términos de derechos humanos. Imaginen a Venezuela sin el trabajo de Fe y Alegría o sin el trabajo de Provea”.

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Walter Molina Galdi | 26 enero 2023

Cuando la historiadora estadounidense Anne Applebaum escribió a finales de 2021 sobre lo que ella llama los “conglomerados autocráticos” tuvo que ser un llamado de atención para las democracias del mundo, puesto que describía la unión casi perfecta entre aquellos enemigos de la libertad que, sin importar ideologías, se asociaban con un fin simple pero contundente: mantener el poder a costa de lo que sea.

Esa frase final “mantener el poder a costa de lo que sea” es bastante descriptiva de lo que ha sido el chavismo. Y, si lo vemos con detenimiento, lo que ha sido especialmente los casi 10 años de Nicolás Maduro en el poder. Ha transformado casi por completo lo que fue el chavismo con el padre creador, Hugo Chávez, para convertirlo en un régimen capaz de adaptarse -económicamente- siempre y cuando el control lo sigan manteniendo ellos, claro está.

También, seamos claros, reconfiguró la estructura de poder. Él es la cabeza, pero hay actores con mucho poder como los hermanos Rodríguez. ¿Y los Chávez? Los Chávez fueron totalmente borrados. Al último que quedaba en un puesto importante, Asdrúbal, lo sacaron de la presidencia de PDVSA. Los ojitos fueron superados, ahora la figura es un  muñeco de superhéroe con bigote.

Se han adaptado porque no les quedó de otra, desde luego. Porque las sanciones (estructurales y sobre todo personales) no permitieron que a muchos testaferros, familiares, amantes y amigos les fuera fácil ir a lavar dinero en los lugares de siempre; entonces el país seguro era la propia patria. Por eso se acabó la escasez -diseñada desde el poder- y comenzó la Venezuela de la inmensa desigualdad. Es apenas una fase, porque de esta situación el venezolano, resiliente y negado a vivir en la miseria sentenciada del chavismo, comenzó a buscar formas de beneficiarse, y muchos lo lograron. Eso para un sistema estalinista como el de Maduro no es bueno y tienen claro que en algún momento debe acabar.

“El control social es vital para la permanencia en el poder, para el proyecto hegemónico. Las redes ciudadanas son una amenaza, como lo son las protestas de los docentes”

Ahora se ha entrado en otra etapa. El régimen de Maduro se siente fuerte, o al menos mucho más fuerte que antes. Sabe que “la vida en la mentira” de la que hablaba Václav Havel y que ha sido impuesta en muchos sectores de la sociedad. También saben que la presión internacional ha disminuido y que la oposición se encuentra en sus horas más bajas. Ni hablar de lo ocurrido con aquella estructura denominada “Gobierno interino” que murió en silencio y con él se llevó a la Asamblea Nacional de 2015.

En esta fase el régimen de Maduro siente la necesidad de “arreglar” los desajustes que pudieron ocurrir durante los últimos años producto de las aperturas que, como ya aclaramos, no fue más que necesarias por el momento. Así pues, las formas libres de asociación deben ser destruidas, quebradas. En sistemas tiránicos como el de Venezuela estas no pueden existir pues, como describió Milovan Đilas, “a causa de su monopolio y de su totalitarismo, la nueva clase se encuentra inevitablemente en guerra con cuanto no administra o controla, y ha de aspirar deliberadamente a vencerlo o destruirlo”.

Y la necesidad de avanzar sobre este punto se hace más urgente para quienes ocupan -de facto- el poder, puesto que este año comenzó con protestas sociales muy nutridas en todo el país. Las lideradas por los docentes han sido un ejemplo claro de una sociedad que, a pesar del miedo, resiste.

Como en Nicaragua

Comenzaba hablando sobre los conglomerados autocráticos que expone Applebaum ya que los modelos sobre los cuales se basan estos regímenes suelen ser parecidos, o retroalimentarse entre ellos, por decirlo de alguna manera. Hay recetas escritas, hay acciones conocidas, hay formas en las que van destruyendo la democracia poco a poco (Steven Levitsky y Daniel Ziblatt), pero también hay modelos dentro de los mismos autócratas que van moldeando cada uno según sus tiempos. Ahora, Maduro, está migrando hacia el modelo de Nicaragua, uno que es todavía más cruel porque está constituido sobre la base de la absoluta impunidad, es decir, Ortega-Murillo saben que, hagan lo hagan, nada les pasará. ¿Eso piensa Maduro ahora mismo?

En Nicaragua, para finales del año 2022, casi la mitad de las ONG fueron disueltas por el régimen de Daniel Ortega. Hablamos de unas 3.000 según informes presentados en Costa Rica por representantes del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más, la Fundación del Río y la Fundación Popol Nah.

Las ONG son pieza fundamental en un país, pero cuando esa nación vive una tiranía como la venezolana o la nicaragüense, su importancia es todavía mayor. Lo es en términos humanitarios, y lo es en términos de derechos humanos. Imaginen a Venezuela sin el trabajo de Fe y Alegría o sin el trabajo de Provea. ¡Y ese es precisamente el punto!

Cuando Diosdado Cabello anunció que ya tenía identificadas más de 60 ONG para ilegalizarlas no solo hablaba de esas organizaciones, sino de todo el modus vivendi que existe en Venezuela. Habla de desarticular cualquier organización ciudadana en la que el Estado (que también es el Gobierno y el partido) no sea el que controle. Habla de aislar a la sociedad. Y habla de eso porque el control social es vital para la permanencia en el poder, para el proyecto hegemónico. Las redes ciudadanas son una amenaza, como lo son las protestas de los docentes, como lo es la presión internacional que evitó, hace días, que Maduro pisara suelo argentino.

Por ello avanzan contra las ONG, como también lo harán contra la poca prensa libre que queda en el país, contra las universidades, contra las iglesias y un largo etcétera. Todo esto a la par de fortalecer la propaganda contra las sanciones. Mayor control social necesita más dinero. Es un trabajo mancomunado entre sus cuerpos represores y sus propagandistas. El siguiente paso también está en Nicaragua: las elecciones.

En 2021 Ortega se reeligió en comicios fraudulentos para un cuarto mandato tras enviar a prisión a sus siete principales rivales, así como a decenas de dirigentes políticos, líderes estudiantiles y campesinos, empresarios, abogados y periodistas. Hoy en Nicaragua la cifra de presos políticos es similar a la de Venezuela. En eso también nos parecemos.

Por todo ello, la forma de resistir ante este avance radica en preservar y, de hecho, fortalecer los espacios de asociación ciudadana. Mientras más busquen aislar, más mecanismos de integración debemos crear. Y esto incluye no caer en las propagandas de confrontación creadas en laboratorios gubernamentales (los de afuera vs. los de adentro, por ejemplo), sino en apuntar contra los únicos responsables de la devastación del país. Lo mismo debe ocurrir entre aquellos que vivimos en el exterior. La denuncia debe ser constante.

Mientras, también nos toca exigir a quienes pretenden ser líderes políticos de oposición que estén a la altura, porque el régimen avanza y ellos siguen discutiendo sobre quiénes son los que más errores han cometido. Y la respuesta, señores y señoras, es esta: todos.


*Politólogo de la Universidad Central de Venezuela.
@WalterVMG

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