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20 abril 2024

Escándalo en la cueva de Alí Babá

“Este conflicto no es producto de una decisión para frenar la corrupción. Es, más bien, una lucha de poder entre los grupos económicos más importantes del régimen”.

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César Miguel Rondón | 23 marzo 2023

Hace unos cuantos años, un hombre importante en el mundo de la seguridad en Venezuela, me dijo: “todo lo que se dice de Tareck El Aissami, es cierto”. La frase, amplia y ambigua, daba pie para especulaciones y, sobre todo, para creer cualquier cosa. En aquel momento mucho se decía y se especulaba sobre él: se le vinculaba con el Hezbollah, con grupos radicales extremistas del Medio Oriente, se le relacionaba también con sectores radicales dentro del chavismo, especialmente los más violentos. 

Empezó así a crecer dentro de las áreas de influencia del chavismo. Por ejemplo, fue ministro del Interior con Hugo Chávez y empezó a tomar medidas particularmente arbitrarias desde ese Ministerio. Los periodistas empezamos a tener inconvenientes en el Aeropuerto de Maiquetía, por ejemplo, donde nos quitaban los pasaportes sin ton ni son. Luego, logró ascender y coronó como gobernador del estado Aragua, donde tuvo mucha influencia. En esa entidad está la cárcel de Tocorón, lugar de donde surge esa banda criminal multinacional ya conocida como el Tren de Aragua. Entre las personas que han caído, en esta suerte de redada reciente, también está el Alcalde del Municipio Santos Michelena, en el mismo estado Aragua, a quien vinculan, precisamente, con bandas criminales. 

“Sabemos que los ministros no suelen renunciar espontáneamente, ni por voluntad propia. A sus ministros, Maduro los destituye él, en público, y con la misma anuncia al sustituto”

Tras varias vicisitudes, pues, Tareck El Aissami termina como Ministro del Petróleo. Pero, de repente, resulta que se descubre una corrupción descomunal; se habla de miles de millones de dólares por venta de petróleo que nunca entraron a la caja de Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA). El propio régimen exclamó la cifra de tres mil millones de dólares desaparecidos. La agencia Reuters publica otra cifra que supera los veinte mil millones. El portal Armando.info, en noviembre, publicó un documento donde se reflejaba que había más de ocho mil millones de dólares en petróleo sin pagar; y, así, distintas denuncias y nuevas cifras. 

Ante esto, Nicolás Maduro se hace el desentendido y monta en cólera, proclamando que va a proceder “draconianamente” -no sé si alguien le explicó el calificativo, pero ese fue el que utilizó- contra todos estos ladrones de los dineros del pueblo; y, desde el viernes pasado inició el operativo de detenciones y acusaciones que hemos visto hasta ahora.  

Sin embargo, es claro que este conflicto no es producto de una decisión para frenar la corrupción. Es, más bien, una lucha de poder entre los grupos económicos más importantes del régimen. Los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, por lo que se ha publicado, han encabezado estos operativos.  

Otro que se ha asomado en estos días es Diosdado Cabello, quien en la rueda de prensa semanal del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), aseguró que él se pondría al frente de la lucha contra la corrupción. Luego, repetiría el mismo discurso en sus dos intervenciones en la Asamblea Nacional que controla el oficialismo, al punto de solicitar el allanamiento de la inmunidad parlamentaria a Hugbel Roa, uno de los implicados en la trama de corrupción.  

Por su parte, Tareck El Aissami es el primer ministro de importancia que renuncia, aparentemente, por su cuenta. Renuncia en el Twitter, diciendo que, dadas las investigaciones, él se pone al margen para ayudar y colaborar con ellas. Sabemos que los ministros no suelen renunciar espontáneamente, ni por voluntad propia. A sus ministros, Maduro los destituye él, en público, y con la misma anuncia al sustituto. Por esto, resulta evidente que ahí adentro hay es una cacería a dentelladas, una pelea feroz donde, en un lado del ring están los poderosos hermanos Rodríguez, y, en el otro, el hasta hace unos días poderoso Tareck El Aissami.   

Algo escandaloso pasa, pues, en la cueva de Alí Babá.

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