En la aldea
23 mayo 2024

Lo que pudimos haber sido y tal vez podamos ser

“Qué tan lejos estamos de donde podríamos haber estado hoy. Por ejemplo, si asumimos que la economía venezolana hubiera seguido creciendo desde 2012 hasta la fecha, a la tasa promedio anual que tuvo en los 20 años anteriores a ese momento, que fue de 2,7%, nuestro producto sería en la actualidad de alrededor de 500 mil millones de dólares”.

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Gerver Torres | 30 mayo 2023

Cuando intentamos cuantificar la magnitud de la tragedia venezolana, uno de los indicadores que más utilizamos es la disminución del tamaño de nuestra economía. Decimos, por ejemplo, que para 2022 esta se había reducido al 20% de lo que era en 2012. Aunque este número resulta trágico, es todavía una manera benigna de ver lo que nos ha sucedido, ya que la medición debería ser no cuánto hemos retrocedido desde donde estábamos en algún momento, sino qué tan lejos estamos de donde podríamos haber estado hoy. Por ejemplo, si asumimos que la economía venezolana hubiera seguido creciendo desde 2012 hasta la fecha, a la tasa promedio anual que tuvo en los 20 años anteriores a ese momento, que fue de 2,7%, nuestro producto sería en la actualidad de alrededor de 500 mil millones de dólares. Eso nos colocaría prácticamente al nivel de Argentina, compartiendo el tercer lugar de la región, solo superados por Brasil y México. Dado que nuestra población es mucho más pequeña que la de esos otros países, es posible que tuviéramos el producto per cápita más alto de la región. Es decir, seríamos los más ricos.

Pero este ejercicio puede parecer demasiado abstracto y frío. Existe otra manera de visualizar dónde podríamos estar hoy. Se trata de mirar los proyectos que alguna vez se plantearon para Venezuela y que no se ejecutaron. Uno de mis favoritos es el que American Airlines tuvo de establecer en Maiquetía un centro de operación de vuelos (hub) para toda América Latina, similar al que tienen en Miami. Imagínese eso por un momento, estimado lector. Cientos de vuelos de toda la región llegando al litoral central venezolano para hacer conexiones entre el norte y el sur de nuestro vasto continente.  Para tener una idea de lo que eso hubiese significado, téngase en cuenta que actualmente, American Airlines ofrece 40 vuelos diarios entre América del Sur y Miami, movilizando alrededor de 20 millones de pasajeros al año.

“El proyecto de American Airlines es uno de muchos que nunca se materializaron y de los cuales, precisamente por eso, muy poca gente está consciente. Pero forman parte de la tragedia ocurrida”

Un proyecto como ese habría tenido el potencial de transformar significativamente todo el Litoral Central al convertirlo en una zona donde pasajeros en su travesía por las Américas, podrían aprovechar la escala, para disfrutar de las playas y hacer turismo, con su consiguiente impacto en la inversión, el empleo y la calidad de vida de sus habitantes. American Airlines comenzó a considerar este proyecto alrededor de 1991, cuando se abría la promesa del Gran Viraje de la economía venezolana, y lo abandonó definitivamente en 2007; cuando comenzaron las estatizaciones masivas y Hugo Chávez declaró que el viraje era hacia el socialismo.

La oportunidad que Venezuela perdió, la aprovechó Panamá. Desde principios de los años 2000, la línea aérea privada Copa, con todo el apoyo del Gobierno, implementó un plan ambicioso que convirtió ese país en un punto de conexión entre la región y el resto del mundo. Primero fue con Estados Unidos y luego, en 2017, expandió sus vuelos a Europa. Los impactos sobre Panamá han sido extraordinarios. Miles de millones de dólares de inversión, empleo y crecimiento, especialmente en el sector turismo, han sido el resultado de esta audaz iniciativa. Resulta interesante observar que esto lo han logrado Panamá y Copa, a pesar de no contar con las mismas ventajas geográficas de Maiquetía, que se encuentra exactamente en el centro, a medio camino entre el sur y el norte del continente. Para visualizar lo que esa ventaja significa, considérese que, por ejemplo, volar a Buenos Aires desde Miami vía Panamá toma unas tres horas más de lo que tomaría a través de Maiquetía, simplemente en tiempo total de vuelo. Por supuesto, las ventajas geográficas no son lo más importante. La calidad del gobierno y de las instituciones, tienen más peso. Eso es lo que ha hecho la diferencia.

El proyecto de American Airlines es uno de muchos que nunca se materializaron y de los cuales, precisamente por eso, muy poca gente está consciente. Pero forman parte de la tragedia ocurrida. Saber que no se realizaron puede en un primer momento aumentar nuestra frustración, pero también puede empoderarnos al hacernos conscientes de todas las cosas maravillosas que eventualmente le pueden ocurrir al país si cuenta con el gobierno y la institucionalidad adecuada, porque, afortunadamente, para los países no son válidos conceptos como el de “la última oportunidad” o “el último tren”. Un futuro promisor es siempre posible, no importa cuán largo e intenso haya sido el desvarío.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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