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23 febrero 2024

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Sospechosos Habituales: la mirada de las víctimas en la historia nacional

El Programa Venezolano de Educación Acción en Derechos Humanos (PROVEA) continúa su labor de investigación histórica a través de la publicación de libros que se intercambian por medicamentos en beneficio de fundaciones o asociaciones que las necesiten. Los libros Educación Anterior: la historia incompleta del punk venezolano, compilado por Rafael Uzcátegui y con prólogo de Asier Cazalis; El Blues del Perdedor: los derechos humanos en las letras y actitudes del rock venezolano, de Gregorio Montiel Cupello; y Gallegos: hombre de una sola calle, de Héctor Torres, dan cuenta de la labor de PROVEA: “Escribir la historia desde los márgenes, con “h” minúscula y desde abajo”.

En la publicación más reciente, Sospechosos Habituales: diez aproximaciones a los antecedentes históricos del movimiento por los derechos humanos en Venezuela (1936-1999), abordo la historia nacional desde una mirada crítica y con un especial enfoque en las víctimas y los movimientos sociales. Como dije en la introducción del libro: es una “incesante tensión entre el pasado y el presente, la misma que a veces nos hace pensar en cuanto de cíclico tiene la historia”.

Esta voluminosa obra cuenta con una importante selección de fotografías históricas, ilustraciones de portadilla de José Luis Couto y prólogo del escritor Alberto Barrera Tyszka, que La Gran Aldea reproduce a continuación.

Los ojos de las víctimas

La defensa y la promoción de los derechos humanos en Venezuela es un trabajo de alto riesgo. Según el informe del Centro para los Defensores y la Justicia (CDJ), en el año pasado se registró un aumento del 145% en los ataques de distinto tipo en contra de personas y organizaciones dedicadas al trabajo en las áreas de derechos humanos y acción humanitaria. Fueron documentados 743 incidentes, entre los que destacan la estigmatización, el hostigamiento y las amenazas, pero también los allanamientos y las detenciones arbitrarias. Todo esto sin contar con el cerco legal que -desde las instituciones- el chavismo desarrolla actualmente para trata de controlar, o de impedir, la existencia de cualquier organización que exija y luche por los derechos civiles en el país.

El esfuerzo censurador y represivo del gobierno ha estado, recientemente, más concentrado en las organizaciones ciudadanas que en los partidos políticos de oposición.

Por supuesto que hay una larga historia detrás de este hecho pero, sin duda, se trata de un síntoma que delata, no sólo las debilidades y las urgencias del poder, sino también un escenario diferente en la lucha por la democracia en Venezuela. El agotado y agotador esquema de la polarización no ha tenido la misma eficacia esta vez. Nicolás Maduro, en sien contra de las ONG: desde agentes de la CIA hasta cómplices de las corporaciones criminales, pasando obviamente por todos los clásicos conocidos: golpistas, traidores apátridas, insurgentes, terroristas…y, sin embargo, no han logrado someterlas, paralizarlas, ni siquiera deslegitimarlas totalmente. Tanto así que los grupos de civiles, articulados alrededor de reivindicaciones concretas, son ahora probablemente uno de los referentes políticos y de interlocución más importante que tiene el país, tanto internamente como ante la comunidad internacional. El informe Bachelet -con todas las consecuencias que conlleva- es un ejemplo contundente.

No en balde este libro comienza aludiendo a una providencia, aparecida en la Gaceta Oficial en abril del año 2021, con la que el oficialismo pretendía crear un registro obligatorio de ONG y obligarlas a entregar los nombres y los datos de las víctimas o beneficiarios que acudieran a ellas.  Ese procedimiento legal, en sí mismo, representa una violación a los derechos de la ciudadanía, un retrato nítido de la violencia institucional con la que se intenta detener y liquidar a las organizaciones de derechos humanos en Venezuela. De esta urgencia, nace “Sospechosos Habituales”. Este libro es una alarma.

Rodolfo Montes de Oca nos propone indagar en “la incesante tensión entre el pasado y el presente” para valorar y discernir la historia de otra manera, para construir un relato distinto del proceso que hemos vivido y del momento que estamos viviendo.  Este libro, por suerte, no pretende únicamente realizar un registro historiográfico de los antecedentes de las luchas por los derechos humanos que transcurre, con avances y retrocesos, entre dos momentos inevitablemente ligados a nuestra tradición militarista: la muerte de Juan Vicente Gómez y la llegada a la presidencia de Hugo Chávez Frías. Su ambición en mayor. Desde su mismo título, se invita al lector a una ruta distinta, el camino de la complejidad y de la interpretación.

Hay, por supuesto, en las páginas de “Sospechosos Habituales” una exhaustiva y excelente investigación histórica, un minucioso registro bibliográfico y hemerográfico, así como muchas consultas directas con fuentes testimoniales. Pero su mirada va más allá. Rodolfo Montes de Oca desafía al lector presentándole la posibilidad de acercarse al pasado de varias formas, ofreciendo una magnífica oportunidad de aproximarse a una misma historia desde ámbitos diferentes, desde la diversidad.

Más que un catálogo y un análisis de hechos, este libro es una indagación cultural, un trabajo de genealogías sobre un cuerpo vivo. El viaje al pasado empieza en la propia noción del viaje, en la elección desde dónde y cómo -con qué instrumentos- se realiza el viaje, en las preguntas esenciales que empujan este movimiento. La historia política del país, entonces, no es el destino de la investigación de Rodolfo Montes de Oca. Es solo otra herramienta para explorar otra historia más inasible y difícil de contar: el relato de la apropiación y el manejo -desde lo popular, desde la ciudadanía- de los derechos humanos: como idea, como fundamento jurídico, como posibilidad, como ejercicio práctico, como vivencia individual y colectiva, como reivindicación y exigencia ante el Estado… Es, en el fondo, la historia de una forma de conciencia, de una experiencia de poder que toca todos los sentidos de la vida.

A través de 10 capítulos, “Sospechosos Habituales” recorre buena parte del siglo XX venezolano, de 1936 a 1999, sin abandonar nunca su punto de vista, anclado en el presente. Este diálogo continuo permite ir del ataque legal que el Estado y las instituciones mantienen actualmente en contra de las ONG al inicio del postgomecismo, con el nacimiento de los partidos políticos y las organizaciones sociales, con el estreno de la libre asociación y de las protestas cívicas; de la ejecución -sin agotar las posibles salidas pacíficas- del Inspector Óscar Pérez y sus acompañantes, en el año 2018, hasta la represión salvaje que -con la excusa de detener la subversión marxista- implementó el Estado venezolano en los comienzos de la democracia; de la tensión permanente entre el chavismo y la jerarquía católica hasta la Teología de la Liberación y la conferencia de obispos en Medellín en 1968, pasando por el inmenso expediente de representantes católicos que han participado activamente en la luchas por los derechos humanos en el país. Basta con mencionar al Padre Olaso, promotor incansable de una nueva legalidad al servicio de la gente y creador del primer consultorio jurídico en Venezuela, o a Matías Camuña, sacerdote comprometido radicalmente con las víctimas de la masacre de El Amparo. Entre estas dos esquinas del activismo religioso se mueven muchísimas historias de vida de sacerdotes, monjas y católicos de base, entregados a la construcción de una historia diferente, donde el respeto a los derechos humanos sea determinante y no tenga ideologías.

En cada uno de los capítulos del libro, Rodolfo Montes de Oca regresa siempre a la nuestra misma historia pero alimentándola e iluminándola de otra manera, con otra perspectiva o desde otro ámbito. Así nos lleva de las estadísticas más recientes de feminicidios a las luchas por el sufragio de las mujeres venezolanas durante buena parte de la mitad del siglo XX; de las ejecuciones extrajudiciales perpetradas por las OLP, bajo el mandato de Maduro, a las masacres realizadas por los militares durante los años de la democracia representativa; del uso perverso y discrecional de la Ley contra el Odio en nuestros días a los llamados “operativos mariposa” o al  “Plan Unión” en la Cuarta República: la larga y dura épica por el respeto a la diversidad sexual que ha sostenido durante décadas distintas comunidades.

Nada queda afuera, todo puede girar y crear nuevas asociaciones: ¿Existe acaso una o varias líneas comunes que puedan relacionar la actual crisis migratoria, los sucesos del Caracazo y las revistas satíricas de finales del siglo XIX? ¿Cómo conviven en esta misma historia la feroz represión de las protestas estudiantiles de los últimos años, los campos anti guerrilleros de la década de los 60 y el reglamento de Orden Público que -en 1936- permitió el uso de armas de fuego para disolver manifestaciones? ¿Dónde y cómo ha crecido, ha batallado y ha sobrevivido la experiencia ciudadana en todos estos procesos?

Con este abordaje, “Sospechosos Habituales” logra de forma extraordinaria desactivar el esquema de la polarización que, de manera permanente, como tentación y como maldición, ronda cualquier intento de leer y analizar la historia y la realidad venezolana. Su propuesta de acercamiento a lo que hemos sido y a lo que vamos siendo, nos aleja de la trampa que supone que nuestra realidad solo se puede explicar en términos simples y moralistas, con buenos buenísimos y villanos atroces, superhéroes las grandes causas, titanes que defienden siempre un supuesto lado correcto de la historia.

Leyendo este extraordinario libro, he recordado a Tzvetan Todorov quien, en sus reflexiones a propósito de la experiencia totalitaria, asegura que “la memoria del pasado será estéril si la utilizamos para erigir un muro infranqueable entre el mal y nosotros”.  En contra de lo que puede parecer, esta idea -más que a la renuncia o a la claudicación- nos conduce a una radicalidad más decisiva, nos obliga a entender que el mal y el bien no le pertenecen per sé a una fracción o grupo determinado, que no son una exclusividad de una ideología, de un partido político, de una religión o de un movimiento social. Conviven en nosotros, están en nuestra naturaleza y en cualquier circunstancia pueden aparecer. Ningún discurso, ninguna promesa, ninguna bandera, garantiza que el horror no suceda.

“Hacer memoria en instantes de peligro no es mera casualidad ni refugio nostálgico”, nos dice Rodolfo Montes de Oca. Y, de manera excepcional, en este libro, nos ofrece una pista para evitar los espejismos de todos los discursos: leer de nuevo la historia pero con los ojos de las víctimas, desde la mirada de aquellos que siempre serán sospechosos para el poder.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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