En la aldea
28 mayo 2024

Delcy Rodríguez, un extraño deslinde entre economía y política

“Frente a la requisitoria de Delcy Rodríguez, en su intervención en Conindustria: ¿Es una solicitud de cohabitación o un mandato impartido con autoritarismo frente al cual no hay apelación, emanado de un grupo en el poder que reconoce su fracaso político y económico, pero que pretende mantenerse en el poder a cualquier costo? Un debate que como dijimos no es universal como el de Elon Musk y Mark Zuckerberg, pero sí es vital para nuestro futuro inmediato y más allá”.

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Isabel Pereira Pizani | 17 julio 2023

Quizás nuestras peleas internas no tengan la misma repercusión que el enfrentamiento entre Elon Musk y Mark Zuckerberg, pero sin duda que son trascendentales para nuestro futuro. Me refiero a la intervención de Delcy Rodríguez en Conindustria (Confederación Venezolana de Industriales), al formular un extraño pedido en el seno de su última asamblea, solicitud que aún no sabemos si es un S.O.S de auxilio o una orden autoritariamente expuesta ante una dirección empresarial que formulaba, no sabemos si acertada o ingenuamente, sus deseos: “La junta directiva reelecta para el período 2023-2025, adelanta que su gestión se centrará en reducir la capacidad ociosa de la industria, mejorar la competitividad de los productos a través de la eficiencia e incrementar el consumo buscando un mayor poder adquisitivo para los trabajadores”.

Ante esta declaración, Delcy arremete con unas palabras que necesitamos interpretar: «El pedido es que la economía no vaya al campo de la batalla política, porque sabemos cómo ha resultado en el pasado. El sector empresarial ha salido golpeado, el país y el pueblo venezolano se han visto perjudicados. No tiene sentido. Se los digo de antemano, con humildad, no lo van a lograr».

Astutamente, Delcy omite mencionar que los golpes al sector empresarial no vienen de la nada, ni de la oposición, son por el contrario impuestos por el régimen que ella representa, obedecen a un designio ideológico que pauta la destrucción de la propiedad privada, el acoso a las empresas, la aplicación de medidas represivas que han obligado al cierre de más del 60% de la empresas nacionales, una panoplia ejecutada y calculada por su gobierno. También omite reconocer que el perjuicio vivido por el país y el pueblo han sido resultado de esta política represiva y excluyente de su régimen, que ha gobernado sólo para sus adictos, en una dirección totalmente contraria al crecimiento, a la inclusión, las libertades económicas y los derechos civiles ciudadanos. Entrelineas podemos deducir la amenaza de la funcionaria: <Podemos seguir golpeándolos a ustedes y al pueblo si es necesario para mantenernos en el poder. Exigimos obediencia>.

“En los próximos días ocurrirá el evento central de la Federación Venezolana de Cámaras de Comercio y Producción; podremos ver la posición del régimen, pero más importante aun será la respuesta de la nueva dirigencia de Fedecámaras”

Frente a la requisitoria de Delcy Rodríguez, es imprescindible formular algunas interrogantes: ¿Es una solicitud de cohabitación o un mandato impartido con autoritarismo frente al cual no hay apelación, emanado de un grupo en el poder que reconoce su fracaso político y económico, pero que pretende mantenerse en el poder a cualquier costo?

El primer comentario que surge ante esta conminación es que refleja o está de espaldas a lo que plantea toda la teoría institucionalista vigente acerca de las vinculaciones determinantes entre el modelo político y el económico.

Es imposible obviar que no puede hacerse abstracción de la discrepancia entre el modelo político socialista centrado en la concentración del poder, en la anulación de la propiedad privada, en el énfasis sólo en la producción elemental que responde a necesidades básicas, vía populismo, en la creación o conversión de sus organizaciones en propiciadores de abuso de poder ilimitados, instituciones extractivas que benefician exclusivamente a quienes controlan el poder y, simultáneamente, emprender el camino de la productividad, la generación de riquezas, el avance científico-tecnológico, la inclusión social, la derrota de las desigualdades y la construcción de instituciones incluyentes.

Esta discrepancia de principio entre una política que responde solo a la necesidad de concentración y mantenimiento del poder frente a las exigencias del crecimiento económico basado en productividad, expansión, avance tecnológico e inclusión social como respuesta a la creciente desigualdad y marginación social es y ha sido históricamente irresoluble. Por eso es imposible pedir a los sectores económicos que borren de sus expectativas la posibilidad de avanzar a un sistema político con primacía del Estado de Derecho, orientado al crecimiento económico y a la creación de instituciones inclusivas como única base y respaldo cierto para su expansión.

No conocemos en realidad el fundamento a partir del cual Delcy formula su orden o petición, pues podría tener orígenes divergentes, la primera reconocer la magnitud del fracaso económico de sus camaradas, aceptar el desastre y de allí implorar clemencia y una tregua; o la segunda, desconocer que no pueden sostenerse en el poder en medio de un fracaso económico total, aumento de la desigualdad, devastación de más del 80% del aparato económico y del salario de las masas trabajadoras, sin hacer los cambios económicos y políticos imprescindibles.

De allí que ante la intervención de Delcy se deba intentar hallar una legítima explicación: ¿Esta el Gobierno pidiendo cacao porque le es casi imposible avanzar en medio de la aceptación responsable del fracaso económico? O simplemente ¿pueden persistir en obligar al sector empresarial usando medidas represivas a aumentar sus productividades y rendimiento, independientemente del marco político dictatorial, represivo y excluyente?

¿Cuál es el trasfondo o reflexión política que lleva a Delcy Rodríguez a formular el extraño pedido político de intentar avanzar en el crecimiento económico sin modificar el entorno político hacia mayor libertad y participación social?

La historia reciente muestra o da la razón a los institucionalistas, es imposible deslindar el campo económico y el político, y más difícil aun sostener una economía productiva,  rentable en un marco político de represión y exclusión.

En los próximos días ocurrirá el evento central de la Federación Venezolana de Cámaras de Comercio y Producción (Fedecámaras), allí quizás podemos ver si el régimen reincide en solicitar a los representantes de la economía que avancen productivamente haciendo caso omiso a la situación sociopolítica, la minimización de los sectores productivos y la estatización irracional de los sectores económicos; la clausura de los medios de comunicación; el mantenimiento de presos políticos; la crisis alimentaria; la destrucción de las instituciones educativas y sanitarias; la desmesurada expansión de la corrupción de las riquezas nacionales; la sumisión vergonzosa de las fuerzas armadas ante la violación del Estado de Derecho y al hambre y desnutrición de nuestra infancia. Ese será el pedido o quizás un reconocimiento de la imposibilidad de romper la relación unívoca entre economía y política y de allí intentar cambios o acuerdos como base para el surgimiento de un nuevo entorno sociopolítico.

Podremos ver la posición del régimen, pero más importante aun será la respuesta de la nueva dirigencia de Fedecámaras. Un debate que como dijimos no es universal como el de Elon Musk y Mark Zuckerberg, pero sí es vital para nuestro futuro inmediato y más allá.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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