En la aldea
15 junio 2024

Primarias en dictadura: unidad y conciencia

“Después de casi un cuarto de siglo de lucha democrática, vivimos en una ‘tierra de sombras’. Cada venezolano que derrota el miedo y sigue su conciencia es un signo de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser. Este artículo está dedicado a los miles de hombres y mujeres que han trabajado con tesón y discreción por las primarias. Especialmente, a los militantes de Primero Justicia. Jamás duden: Venezuela premiará nuestro esfuerzo. Juntos veremos la democracia”.

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Faltan días para el 22 de octubre. La prudencia aconseja no opinar sobre el porvenir cuando es incierto; he decidido desoír la recomendación. Compartiré con ustedes tres ideas que considero fundamentales para aproximarnos al proceso que estamos viviendo: (i) Sobre el contexto autoritario; (ii) Sobre lo que significará cada voto emitido en las primarias; y (iii) Sobre los desafíos unitarios de hoy y de mañana. Como siempre, son reflexiones que están abiertas al tiempo y no podrán ser agotadas en este artículo. Y es mi mayor deseo que contribuyan al profundo debate que necesita y merece nuestro país.

Sobre el contexto autoritario

Hace semanas fui a un conversatorio en la Parroquia San Agustín, municipio Libertador. Hice lo que siempre hago. Llegué, saludé con cariño y me dispuse a escuchar a la estructura parroquial de Primero Justicia.

San Agustín es difícil. Allí, los grupos de choque del chavismo siembran miedo. Los vecinos tienen razones de sobra para temer. En esta parroquia, organizar las elecciones primarias ha sido retador. Quienes inicialmente pusieron sus casas a la orden para recibir a los votantes fueron amedrentados. Y desistieron. Por eso, ubicar los centros de votación fue una tarea artesanal y heroica que convocó lo mejor de los partidos políticos y de la sociedad civil. Finalmente, superado este jaleo autocrático, se lograron establecer cuatro centros nucleados que recibirán a los vecinos que logren superar el terror que se ha intentado imponer en la zona.

“Cada voto emitido el 22 de octubre es esperanza, es alegría y es aliento”

El testimonio de los justicieros de San Agustín me llevó a recordar a quienes, con inusitada vehemencia, señalan las vulnerabilidades del proceso. Ciertamente, las primarias son frágiles. Y, ¿cómo no iban a serlo?, ¿quién esperaba algo distinto? Toda elección en dictadura tiene este talante. Raya en la insensatez pensar lo contrario. Sin duda alguna, el régimen ha impuesto e impondrá muchos obstáculos. Un sinfín de limitaciones graves y reales. Lo reitero: El entorno pesa y debe incluirse en el análisis.

Las elecciones primarias del 22 de octubre se harán en dictadura y esa realidad del contexto no puede dejarse a un lado. Sería un error metodológico y político aproximarse al evento obviando esta realidad. Se podrá pensar que no hace falta referirlo porque se da por sentada su existencia. No estoy de acuerdo. Reiterar las amenazas del entorno nos ubican con realismo en las dimensiones del desafío, y le dan sustento narrativo al hoy y al mañana.

Sobre lo que significará cada voto emitido en las primarias

En los últimos días, varias personas me han consultado sobre la participación que se espera en las primarias. Es una pregunta importante. En democracia, el número de votos emitidos es indicador de compromiso ciudadano. De hecho, investigaciones recientes valoran la abstención como un síntoma de erosión del sistema. Pero, ¿qué ocurre en dictadura?, ¿qué significa cada voto emitido bajo el asedio del poder? La respuesta no es sencilla. En términos analíticos, la democracia es relativamente predecible. Desde los tiempos de Tácito las dictaduras no han sido así… nos invitan a salir de la obviedad y a abrirnos a la complejidad.

Dicho lo anterior, me atrevo a decir que el peso de cada voto emitido en dictadura trasciende su valor numérico.Lo supera en dos sentidos: personal y social. El primer triunfo es personalísimo y ocurre en el corazón de cada votante. Cada voto es un acto de conciencia libre. Cada boleta que ingrese en las urnas el próximo 22 de octubre es una expresión de superación. Pensemos en este momento: un vecino de San Agustín -o de cualquier barrio asediado por la maquinaria de la dictadura- acude a su centro, marca la opción de su preferencia, se acerca a la urna… y vota. ¡Eso es poder real! Ese caraqueño, después de muchos años, es y se sabe dueño de su destino. Ese venezolano recuperó su derecho a elegir, algo que tiene valor y, por eso, ha comenzado a reconstruir su autoestima cívica.

Veamos ahora la dimensión social. El acto libre de cada venezolano es un testimonio valioso e inspirador. Cada venezolano que derrota el miedo y sigue su conciencia es un signo de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser. Debemos tomar en cuenta que, si bien muchos vamos a acudir a la cita el próximo domingo, otros no podrán hacerlo. Para ellos, toda mi comprensión, solidaridad y empatía. El miedo es humillante. Quien acude a él para dominar a otros es sencillamente despreciable y cobarde. Por eso, cada voto emitido el 22 de octubre es esperanza, es alegría y es aliento. Es el testimonio que algunos -o muchos-, dentro y fuera del país, necesitan para recuperar la fe y salir de la apatía a la que nos ha intentado arrojar tanto sufrimiento. Soy optimista. Y estoy convencida que cada voto será un campanazo que despertará la conciencia colectiva de nuestro país. El testimonio mueve y conmueve.

Sobre los desafíos unitarios

Las primarias se han convertido en un evento político que ha permitido el trabajo operativo entre partidos políticos y sociedad civil. Este engranaje no ha sido sencillo. Ciertamente, ha habido dificultades y momentos de crispación. Sin un ápice de banalidad y consciente de cada una de estas tensiones, me atrevo a decir que esta es la antesala de los desafíos unitarios que enfrentaremos de cara al 2024.

Las encuestas muestran una realidad: Venezuela repudia a Nicolás Maduro y quiere avanzar hacia un futuro mejor. Nosotros vemos esas encuestas. Él también las ve. Y, al igual que nosotros, calcula políticamente y observa que el episodio electoral es incontenible. ¿Por qué es impostergable? Por muchas razones. Me detendré en dos: la variable internacional y la variable política. La primera: La guerra en Ucrania y en Medio Oriente pone en aprietos al mundo entero. La geopolítica es importante. Somos un país petrolero. La segunda: Nicolás Maduro necesita renovar el consentimiento interno dentro del chavismo. Las dictaduras no son monolíticas e, incluso el más vil de los sistemas, necesita consentimientos mínimos (John Locke dixit) para mantenerse en el poder.

Por estas y otras razones, estamos frente a una oportunidad real de cambio político. En 2024 habrá elecciones presidenciales y para transformar ese evento en una oportunidad democratizadora real debemos fortalecer el bloque democrático. Sin unidad no habrá liberación autoritaria. Por eso, el primer desafío de quien resulte ganador o ganadora el próximo 22 de octubre será convertirse en un líder capaz de representar y articular a todos los venezolanos de buena voluntad que deseen trabajar por un cambio real en nuestro país.

Este propósito es difícil. Después de casi un cuarto de siglo de lucha democrática, vivimos en una “tierra de sombras”. En la arena política es cada día más difícil distinguir al opositor auténtico de quien solo simula serlo. Esto verdaderamente peligroso. Identifico y he sido testigo de dos riesgos latentes. Uno evidente: que se cuelen en la unidad actores desleales a la causa democrática y la hagan implosionar. Y, otro más sutil, pero igual de peligroso: el clima de sospecha. La amenaza de traición es un obstáculo grave para la construcción de vínculos de confianza. Esto puede llevar a que todo disenso sea visto con aprensión, condene al ostracismo a quien levante su voz y promueva un clima de adulación que destruye a las comunidades políticas. De esta manera, será difícil articular al bien y avanzar.

Aunque la construcción de la unidad nos convoca a todos, tendrá más responsabilidad quien se haya ganado el liderazgo opositor. A mayor poder, mayor responsabilidad. El país nos necesita unidos y nos reclamará resultados en ese sentido.

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Este artículo está dedicado a los miles de hombres y mujeres que han trabajado con tesón y discreción por las primarias. Especialmente, a los militantes de Primero Justicia. Jamás duden: Venezuela premiará nuestro esfuerzo. Juntos veremos la democracia.


*Periodista, política e intelectual venezolana. Doctora en Ciencia Política por la Universidad de Rostock (Alemania). Presidente del Instituto de Estudios Políticos FORMA y editora de la revista “Democratización”.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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