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24 febrero 2024

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Hora de saber qué significa “Hasta el final”

La consagración del llamado “Grupo de los 4”, mejor conocido como “G4”, llegó hace casi ocho años con el triunfo de la oposición en las elecciones parlamentarias de 2015. En aquella ocasión, Primero Justicia (PJ), Acción Democrática (AD), Un Nuevo Tiempo (UNT) y Voluntad Popular (VP) fueron los partidos que más escaños consiguieron en el Hemiciclo. Desde entonces, fueron por años el factor dominante entre los adversarios del Gobierno, los que más marcaban la pauta sobre lo que se debía hacer, desde el boicot a las presidenciales de 2018 hasta el desarrollo del “gobierno interino” un año más tarde. Los aliados de la causa democrática venezolana, empezando por Washington, se entendían casi exclusivamente con ellos.

Pues bien, esa era pudiera estar llegando a su fin, con el triunfo aplastante de María Corina Machado, la líder de Vente Venezuela, en la primaria presidencial opositora. UNT ni siquiera puso a uno de los suyos a competir. PJ retiró a su abanderado, al igual que VP, que además procedió a secundar la candidatura de Machado. AD se mantuvo en la lid, pero con un candidato que a última hora se atrajo una oleada de repudio por sus cuestionamientos a la logística de la Primaria.

Machado no solo ganó. Arrasó, con más de 90% de los votos, según los resultados preliminares anunciados por la Comisión Nacional de Primaria (CNP). Eso, dentro de una participación proyectada de 2,3 millones de personas. En las primarias opositoras de 2012 votaron cerca de 3 millones. Con esa referencia, y teniendo en cuenta que el proceso actual se dio en condiciones de logística y convocatoria infinitamente más adversas (organización en ciudades regadas por el mundo, sabotaje desde el poder, etc.), podemos decir que fue un gran éxito.

Con esta victoria, Machado cobra un protagonismo y una legitimidad entre las masas que pudieran hacer muy difícil, por no decir imposible, marginarla de la toma de decisiones del liderazgo opositor, sea lo que sea que ella tenga en mente. Eso nos lleva a la consigna de su campaña: “Hasta el final”. Llegó el momento de saber a qué se refiere, pues estamos ante el hecho de que aquella persona a la que los venezolanos escogieron como candidata unitaria para retar al chavismo en las presidenciales del próximo año está  inhabilitada.

Entonces, lo único que puede hacer Machado para lograr el objetivo, cuya visión probablemente estuvo detrás del tsunami de votos por ella, es presionar al Gobierno para que tal restricción sea eliminada. Eso tendría que manifestarse en alguna forma de movilización ciudadana. En otras palabras, protestas pacíficas contra la inhabilitación. De tal escenario surgen varias preguntas. En primer lugar, ¿la ciudadanía escuchará el llamado y acudirá, a pesar del miedo perfectamente razonable a la represión, el mal recuerdo de experiencias pasadas que no dieron frutos y la dedicación que la inmensa mayoría de los venezolanos invierte en la mera subsistencia diaria?

“Muy pronto veremos si estamos ante el giro más relevante de la política venezolana en los últimos años”

La segunda cuestión relevante depende de la respuesta a la primera. A saber, ¿qué hará el G4?, ¿respaldará los intentos de Machado por presionar? Me es fácil imaginar que VP lo haría. Por años ha compartido con Vente la línea antisistema, tildada de “radical” por sus detractores. Con PJ, AD y UNT, el panorama es mucho más incierto. Si Machado logra movilizar a un número importante de personas y estos partidos objetan sus maniobras, corren el riesgo de profundizar la debacle previamente aludida. En cambio, si el llamado es desatendido, tendrán mucho más margen para argumentar que habrá que buscar una candidatura alternativa que sí esté habilitada y que es mejor limitarse a mejorar las condiciones electorales mediante el Acuerdo de Barbados.

Otro punto relevante es el papel de los actores internacionales interesados en la situación venezolana. Sobre todo el Gobierno de Estados Unidos. Aunque sus voceros naturalmente insistan en que ellos apoyan los esfuerzos por la restauración de la democracia en general, y no a dirigentes individuales, seguramente ya están teniendo en cuenta que cabe la posibilidad de que tendrán que avalar el “Hasta el final” de Machado. El mayor indicio de ello es su advertencia de que revertirá el levantamiento de sanciones con el que premió al régimen venezolano por el Acuerdo de Barbados, si al cabo de un mes no han sido suspendidas las inhabilitaciones. Claro, eso asumiendo que la advertencia es sincera y que Washington está interesado en algo más que crudo a bajo precio.

Muy pronto veremos si estamos ante el giro más relevante de la política venezolana en los últimos años, o si la apoteosis de Machado es solo una anomalía en el sistema que se extinguirá pronto.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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