EN LA ALDEA

24 febrero 2024

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¿Dónde está “la trampa” del Acuerdo de Barbados?

“¿Dónde está la trampa?”, pregunta un amigo al revisar el Acuerdo de Barbados. La interrogante muestra el escepticismo que genera cualquier intento de negociación entre gobierno y oposición. Pero también deja en evidencia que lo firmado le parece muy bueno para ser verdad.

Algunos trataron de minimizar lo avanzado señalando que se limita a repetir lo que está en la Constitución. Pero, precisamente, todos los esfuerzos de negociación han buscado eso: que se respete la Constitución, texto que prácticamente fue derogado el día de su promulgación.

Si se respetara la Constitución, no haría falta mesa de negociación. Se tendría un marco legal acatado por todos, con instituciones sólidas para dirimir los conflictos. Como Venezuela sufre un régimen autocrático, la negociación busca revivir la Constitución. Hubo quienes cuestionaron el Acuerdo por no incluir explícitamente el tema de los presos políticos. En realidad, es impensable e imposible esperar que el chavismo firme un documento donde se admita la existencia de presos políticos.

“Un aspecto positivo es que en la oposición todos se muestran comprometidos a apoyar la negociación con el chavismo. Quizá ahora falta mostrar esa misma voluntad con un diálogo interno”

El chavismo niega todo, incluido que haya presos políticos. Que firmen un documento que “confiese” lo contrario sería lo mismo que pedirles que se entreguen ante la Corte Penal Internacional, donde precisamente hay una investigación en marcha por crímenes de lesa humanidad.

Ahora, como queda demostrado con la liberación de Roland Carreño y Juan Requesens, el tema de los presos políticos forma parte de la agenda y de las preocupaciones de la delegación opositora y de la comunidad internacional. Entonces, qué es mejor: ¿un papel o las liberaciones?

Así son las negociaciones. A lo sumo se atisba la superficie de un trabajo que es muy profundo y complejo. Por eso se habla de acuerdos “parciales”, de “caminos”, “procesos”. Precipitarse y salir a disparar contra este esfuerzo, no contribuye a recuperar la libertad de nadie.

Este es un paso en el sentido correcto. Pero es eso, un paso. Quedan más de 300 presos y un largo y espinoso camino hasta alcanzar la transición a la democracia, que será lo único que garantizará que no se repita este horror. Por eso se debe valorar y apostar por la negociación.

El Acuerdo está redactado en una forma en que puede ser aceptado y firmado por ambas partes, sin que aquello signifique su derrota o rendición definitiva. De cumplirse los objetivos allí planteados, Venezuela daría pasos importantes hacia la recuperación de la democracia.

Y allí es donde está la “trampa” o, mejor dicho, el gran desafío: en el cumplimiento. Cómo materializar un acuerdo que se ha denominado como “parcial”. Cómo hacer para que aquello sea letra viva y no papel mojado. El Acuerdo presentado no viene con manual de instrucciones.

Eso requerirá de un gran trabajo político de la oposición y no solo del acompañamiento de la comunidad internacional, que apoya la causa democrática venezolana, pero también tiene sus propios intereses. El Acuerdo no es malo, al contrario. Pero no es la meta. Es la ruta.

Un camino que solo se podrá recorrer con una oposición mucho más robusta, amplia, unida y coherente, que haga el trabajo interno para mejorar su posición en la negociación. Una oposición que marche con pasos firmes para evitar caer en las “trampas” y que no pierda el rumbo.

Un aspecto positivo es que en la oposición todos se muestran comprometidos a apoyar la negociación con el chavismo. Quizá ahora falta mostrar esa misma voluntad con un diálogo interno. No caer en trampas ajenas ni endógenas. El desafío es el mismo. Y el camino largo y culebrero.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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