EN LA ALDEA

22 febrero 2024

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¿Camino a otro juego trancado?

Como bien ha afirmado María Corina Machado, al menos hasta el momento, el oficialismo ha tensado la cuerda de los acuerdos firmados en Barbados al desconocer políticamente a las primarias y orquestar su asedio, pero no la ha roto.

Dentro de los cuadrantes de la lógica del chavismo, adelantar la Navidad implicaba intentar nadar hacia la zona de la tregua, disfrutar del algún superávit de tranquilidad y certidumbre, mover el debate público lejos de la tensión de la política. Continuar observando a la sociedad venezolana desde las alturas del poder. Sobre el tema de las inhabilitaciones, los jerarcas revolucionarios han dicho lo que consideran es su última palabra.

Pero hablando a nombre del Departamento de Estado, Juan González ha colocado un ultimátum, pidiendo a Miraflores que cumpla con su parte del Acuerdo: permitir competir a todos los candidatos presidenciales que así lo deseen (pidiendo campo de manera implícita para la ganadora en las primarias, María Corina Machado); y liberar a todos los presos políticos. Ya se hicieron las primeras menciones a la posibilidad de restaurar las sanciones internacionales energéticas en contra del país.

“El gobierno de Nicolás Maduro seguirá adelantando ensayos de negociación política que le permitan recuperar tiempo y terreno, cediendo ahí donde el costo no es muy alto, y procurando capitalizar con descaro las concesiones a su favor”

Nicolás Maduro recibe la pelota en su campo, consciente quizás de que es poco lo que ha puesto sobre la mesa en torno a lo firmado en Barbados, pero seguro de que, si bien pueden hacerse algunas concesiones parciales adicionales, en ningún caso puede permitir correr con tranquilidad a una rival que lo vencería sin problemas en una consulta medianamente decente, e incluso en una totalmente asimétrica.

Reasumir las sanciones como castigo sería un precio que los mandos revolucionarios, finalmente en el poder, se sienten perfectamente capaces de asumir, e incluso convertir en una causa justa para vivir de ella eternamente, como hace mucho ocurre en Cuba, y como ha venido ocurriendo aquí en estos años.

La rotundidad del triunfo de Machado es una circunstancia que trae a los ojos chavistas un peligroso efecto totalizador. La Primaria, autogestionada y desbordada en su convocatoria, ha colocado de líder del campo democrático a una de las dirigentes políticas menos proclive a ser seducida con acuerdos discutibles, amagos de cordialidad y realidades parciales con el oficialismo.

Una Machado crecida sobre un movimiento opositor claramente mayoritario en el país trae consigo una amenaza lo suficientemente explícita como para producir mucho sobre aviso en una clase política que ha dilapidado millones de dólares en la gestión de los recursos nacionales, y que se ha acostumbrado a no rendir cuentas de sus procedimientos.

Tal circunstancia puede ensombrecer, de nuevo, la posibilidad de concretar algún arreglo institucional estable, que permita las condiciones para retomar el crecimiento económico, que libere a la nación del fardo de las sanciones, fundamentado en la palabra empeñada. El chavismo sabe que Machado tiene un plan que trasciende con mucho la presencia de ellos en el poder y no está dispuesto a admitir esa circunstancia.

No faltará quien piense, con algo de razón, que un momento tan comprometido para el país prescribiría un liderazgo algo menos intransigente, más realista, un poco más flexible para encontrar una hendidura que pueda hacer realidad, por el camino electoral, y aun sin que las condiciones sean las ideales, el inmenso deseo de cambio político que subsiste en las mayorías.

Aquí no solo ocurre que las tesis enfrentadas y los dilemas estratégicos han quedado zanjados con el inapelable mandato de la democracia de la consulta primaria. Además, las corrientes que postulan la exigencia de la moderación, sus partidos líderes, han fracasado en el tiempo reciente, y la población los ha castigado con severidad en las pasadas elecciones.

La propia Machado, sin embargo, consciente de que no son estos los tiempos de la década anterior, y que el complejo camino que queda pendiente exige algún nivel de ductilidad, no solo transita el camino (electoral) que le tiene preparado el propio régimen, sino que su discurso táctico, como es natural, ha conocido también una visible flexibilización.

El gobierno de Nicolás Maduro seguirá adelantando ensayos de negociación política que le permitan recuperar tiempo y terreno, cediendo ahí donde el costo no es muy alto, y procurando capitalizar con descaro las concesiones a su favor. Puede que las demandas de González sean satisfechas de una manera muy parcial e insuficiente.

Este es un proceso conducido con astucia por Jorge Rodríguez en el cual el régimen actual imita algunos modales liberales para disimular y potabilizar su interés continuista, y que, por ahora, predomina sobre las visiones unilaterales, unidimensionales, y algo improcedentes, de los sectores radicalizados que lidera Diosdado Cabello.

La presencia de Machado frente al chavismo plantea una tranca, una zona de inmovilidad, una pugna mutua que se traduce en parálisis, y que será difícil de conjurar. No es posible figurarse todavía cuál será el método de Machado, cual su terapéutica para lograr aquello que no fue posible en tiempos de Henrique Capriles o de Juan Guaidó. En términos militares, su voluntarismo recuerda la asimetría existente entre las milicias palestinas y la rotunda fortaleza del ejército israelí.

La línea colocada por González podría dinamitar de inmediato el contenido de lo que se ha firmado en Barbados. Maduro podría sentirse tentado a ofrecer algunas señales colaterales liberando a otro puñado de presos, pero difícilmente transigirá en torno a la inhabilitación de Machado.

La primera que lo tiene completamente claro es ella. Puede que se esté acercando la hora de construir circuitos que permitan la circulación del balón y el ensanchamiento de oportunidades. Por ahora, como la misma Machado lo ha declarado, esa posibilidad no existe.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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