EN LA ALDEA

24 febrero 2024

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El Equesibo ahora sí

Juro por mi sombra que en todos mis años de vida nunca había escuchado y pronunciado tanto la palabra Esequibo. Cuando estudiaba historia en el colegio la palabra pocas veces se mencionada, y cuando se hacía, se resumía en “zona en reclamación”. Ahora la letanía del Esequibo está por todas partes. En la radio y la TV, en las redes, y hasta en los sueños.

Me suena a una nueva manía, tramposa y falaz, que parece querer aglutinar a todo venezolano de bien por salvaguardar el territorio patrio. Repentinamente, después de décadas de dejarlo reposar, recogemos este nuevo nacionalismo (con tintes un poco majunches o más oportunistas).

Como todas las estafas, la lucha quiere parecer verdad. Y a la vanguardia se suma no solo el Presidente, sus ministros y funcionarios, asociaciones civiles, consejos comunales, clubes, hermandades, religiones, cultos, gente de bien y gente de mal, sino -oh sorpresa-, parte del colectivo opositor, con sus candidatos venidos a menos, sus enchufados millonarios desde hace tiempo, y sus artistas, músicos, figurantes y parásitos.

“¿Será más bien un ensayo, de data, como experimento, de ajuste, de cara a las elecciones presidenciales para ir preparando el habitual territorio de la trampa?, ¿máquinas?, ¿RE?, ¿cuenta votos?, ¿votantes?”

¿Por qué de pronto defendemos el Esequibo?, ¿por qué ahora sí lo queremos nuestro y antes nos hicimos de la vista gorda, Hugo?

Tengamos fe: si lo repetimos muchas veces, el Esequibo es nuestro, el Esequibo es nuestro, a lo mejor a nuestros deseos se les antoja cumplirse.

Y bueno, desde que estudiamos Historia en la escuela, Venezuela incluye ese territorio dentro de sus dominios, desde su primera Constitución de 1811, cuya última reforma fue dada en 1999, declarando en el Artículo 10 que:

«El territorio y demás espacios geográficos de la República son los que correspondían a la Capitanía General de Venezuela antes de la transformación política iniciada el 19 de abril de 1810, con las modificaciones resultantes de los tratados y laudos arbitrales no viciados de nulidad»1

Hemos dormido un poco desde entonces. En estas décadas despertamos de vez en cuando pero seguimos durmiendo, hasta que

“Como presidente de la República, digo, hoy 4 de octubre del año 2023, vamos a referéndum. Llamo al pueblo a referéndum por el Esequibo, por nuestros derechos históricos, por Bolívar, por la Patria, vamos a referéndum y vamos a triunfar, por encima de todo, triunfará la verdad de Venezuela”.2

Con el lema grandilocuente de “Venezuela Toda”, de acuerdo a los voceros de Nicolás se inicia una “batalla histórica” que consiste en “Vota 5 veces Sí”, a través de una consulta popular, un referéndum, para decidir si estamos de acuerdo en defender nuestro territorio Esequibo.

Y yo me pregunto: ¿Es vinculante? El resultado de esa consulta nos servirá para… ¿Cómo para qué?

Y entonces, yo, que soy descreída, malpensada y amante de la duda metódica y consuetudinaria me respondo en voz alta -y en blanco y negro- para qué podría servirnos esta magna, ineludible, simbólica, emblemática, emotiva consulta. Me respondo varios propósitos (aunque quizás sean las muecas de una histórica ineficiencia descomunal).

Mi primer pensamiento es: ¿Encenderemos el nacionalismo general a favor de “la patria toda” y los venezolanos nos uniremos para apoyar a Nicolás Maduro en esta empresa? Es una posibilidad, nunca como ahora el régimen ha precisado de la colaboración de todos para fortalecerse con un saludo a la bandera de ocho estrellas.

¿Pero cómo?, ¿aquel no fue candidato a presidente derrotado, a gobernador, a exiliado y a Nosferatu por la acera opositora? Sí, lo fue. Pero nunca ha dejado de enchufarse de los tomacorrientes oficiales. ¿Y ese otro que tiene barba de abad serio no era el concejal, el diputado, el aspirante, el candidato del Lápiz con borra de la MUD?

También. Y a la par de soneros, atletas, artistas, musiquitos, impostores y afines.

“Ni la música ni el deporte han estado desligados de la política. Esta relación se remonta a la Gracia clásica, y en sí misma no es reprobable. Pero cantarle y bailarle a un asesino es incurrir en otro tipo de relación que colinda con el servilismo y la complicidad”.3

Luego cambio de rumbo y me respondo: ¿Y si es para forzar a la oposición a jugar, luego de la arrolladora participación en las primarias, so pena de hacerla lucir anti venezolana, traidora a la patria, ingrata con la sangre de nuestros héroes y así restarle la fuerza que ahora tiene y salpimentarla con el juicio nacional-inquisidor? Es otra posibilidad. Si la oposición no se presta al simulacro ¿pasará a no “querer a Venezuela”?

Así son los razonamientos de la pequeña inteligencia: siempre hay incautos para caer de cabeza en las zanjas que abre constantemente el poderoso más hábil (el G2).

Otra para pensar: ¿Será más bien un ensayo, de data, como experimento, de ajuste, de cara a las elecciones presidenciales para ir preparando el habitual territorio de la trampa?, ¿máquinas?, ¿RE?, ¿cuenta votos?, ¿votantes?

Todo es posible en esta dimensión que, aunque conocemos desde hace décadas, siempre termina por convencernos de que es desconocida, de que hay chance, de que hay una posibilidad.

¿Hay una posibilidad? Según la intención oficial sí, respondiendo a estas 5 preguntas, podríamos recuperar nuestra tierra, nuestra dignidad y nuestra soberanía. El referéndum consultivo, que se realiza en defensa de la Guayana Esequiba, consta de estas cinco interrogantes:

      1. ¿Está usted de acuerdo en rechazar por todos los medios, conforme al derecho, la línea impuesta fraudulentamente por el Laudo Arbitral de París de 1899, que pretende despojarnos de nuestra Guayana Esequiba?

-Sí, lo rechazo.

      1. ¿Apoya usted el Acuerdo de Ginebra de 1966 como el único instrumento jurídico válido para alcanzar una solución práctica y satisfactoria para Venezuela y Guyana, en torno a la controversia sobre el territorio de la Guayana Esequiba?

-Sí, lo apoyo.

      1. ¿Está usted de acuerdo con la posición histórica de Venezuela de no reconocer la Jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia para resolver la controversia territorial sobre la Guayana Esequiba?

-Sí, estoy de acuerdo.

      1. ¿Está usted de acuerdo en oponerse, por todos los medios conforme al derecho, a la pretensión de Guyana de disponer unilateralmente de un mar pendiente por delimitar, de manera ilegal y en violación del derecho internacional?

-Sí, estoy de acuerdo y me opongo.

      1. ¿Está usted de acuerdo con la creación del estado Guayana Esequiba y se desarrolle un plan acelerado para la atención integral a la población actual y futura de ese territorio que incluya entre otros el otorgamiento de la ciudadanía y cédula de identidad venezolana, conforme al Acuerdo de Ginebra y el derecho internacional, incorporando en consecuencia dicho estado en el mapa del territorio venezolano?

-Sí, de acuerdo también, echémosle bolas.

Y luego qué. Otra duda mía: ¿Sirve este referéndum para enfrentar tal vez alguna crisis de legitimidad del Gobierno, o como estrategia electoral ante un escenario de posible confrontación militar?

¿Lo evitaríamos con el referéndum? Ojalá yo yerre, pero creo que la realidad es que no haremos nada con el resultado porque hasta donde estimo, a Guyana le importará un carajo lo que opinen Venezuela, los vecinos, Cuba, Ecarri, y el espacio sideral. A menos que Venezuela le declare la guerra a Guyana.

¿Venezuela declarará la guerra? Y bueno, quién puede negarlo: Guyana se ha aprovechado de las áreas marinas y submarinas que ese territorio Esequibo genera.

Sí, Guyana ha dado concesiones de exploración y explotación sobre un territorio que no es de su propiedad. Guyana solo tiene la posesión temporal, sujeta al Acuerdo de Ginebra, mientras ambas partes buscan el entendimiento.

La zona de casi 160.000 kilómetros cuadrados es administrada por Guyana, que defiende un límite establecido en 1899 por una corte de arbitraje en París. Por su parte, Venezuela insiste en defender el Acuerdo de Ginebra, firmado en 1966 con Reino Unido antes de la independencia guyanesa, donde se desconocía la frontera anterior y se acordaba una solución negociada.

Pero me pregunto si no sería más útil defender jurídicamente nuestra posición en los escenarios adecuados, ¿o mejor vamos a consultarle a la propia familia (los venezolanos) si hay que pelear por lo nuestro? Y, obvio, la familia dirá que sí. ¿Acaso alguna vez hemos renunciado a ese derecho?

Recomienda la experta: “que Venezuela se prepare para poder presentar argumentos ante la Corte Internacional de Justicia, básicamente que es donde está el caso en este momento. Apoyándose en lo que han sido las tesis históricas y los argumentos de Venezuela, para así afirmar que el territorio es nuestro”.4

Por favor, enchufados, arrimados, opositores, músicos, atletas, artistas y guisadores, abstenerse. Eso es ya territorio legal, para expertos, no para oportunistas.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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