EN LA ALDEA

22 febrero 2024

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Agendas femeninas

Muchos años atrás en un evento literario en Caracas quedé sentada al lado de un importante escritor argentino, quien de pronto, y sin que hubiéramos cruzado palabra, me comentó que le parecía vergonzosa la poca representación de escritoras en la mesa que estábamos escuchando. Pensé entonces que era cuestión de tiempo, pero actualmente Venezuela ocupa uno de los últimos lugares de América Latina en cuanto a derechos de género (matrimonio igualitario, transición de identidad sexual, cambio oficial de nombre, reconocimiento legal de la homoparentalidad y otros); tampoco se han permitido modificaciones que amplíen el derecho a la interrupción voluntaria de la gestación. Este retraso con relación a otras sociedades de similar composición y origen no puede pasar desapercibido, y tampoco ser atribuido exclusivamente al discurso político. Hay en el asunto que incluir a la sociedad en general junto con sus élites, sus representantes y sus actores.

Al inicio de este proceso originalmente denominado Revolución Bolivariana se prometió, entre otras novedades, una especial atención a los derechos de la mujer, y fue promulgada en 2007 la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, y en consecuencia derogada la anterior Ley sobre la Violencia contra la Mujer y la Familia de 1998. En 2014 y 2021 la ley de 2007 fue objeto de reformas parciales. Dicho esto, pareciera indicar que el tema de género adquiría una gran importancia, a lo que se unía una mayor representación femenina en el Ejecutivo y en la Asamblea Nacional, la presencia de connotadas feministas en el entorno presidencial, y la creación de instituciones tales como el Instituto Nacional de la Mujer (Inamujer) en 1999, el Plan para la igualdad y equidad de género “Mamá Rosa” -en homenaje a Rosa Inés Chávez, abuela de Hugo Chávez-, inaugurado por Nicolás Maduro en 2013; y la Agenda programática de las mujeres y la igualdad de género. Plan de la Patria 2025.

“Actualmente Venezuela ocupa uno de los últimos lugares de América Latina en cuanto a derechos de género”

Estas y otras intervenciones de propósitos similares coinciden en promover la noción de que el feminismo es una política de Estado inaugurada por Chávez, quien se declaró feminista, y que se mantiene actualmente durante la presidencia de Maduro. No me propongo analizar si estas iniciativas a favor de las mujeres se cumplen o no, aunque es bastante evidente que siguen ocurriendo los femicidios y el maltrato doméstico sin las debidas sanciones penales y medidas de protección, el abandono de las madres pobres y sus hijos e hijas, la tortura y encarcelamiento abusivo de mujeres, y otras circunstancias igualmente penosas que lesionan sus derechos. Lo que interesa resaltar es que, a pesar de las declarativas, el discurso que permea el imaginario social sigue siendo tan (o más) machista que en décadas anteriores.

Algunos ejemplos pueden ilustrar estas afirmaciones. Uno de ellos es la representación sexualizada de la mujer como incentivo de ventas. Este uso ha desaparecido por completo en las democracias liberales. En estas sociedades no tienen cabida las gigantografías muy comunes en Caracas que representan a las jóvenes enfatizando sus atributos sexuales, y menos con mensajes de tipo Most Wanted. No sé si son formas publicitarias expresamente prohibidas o simplemente censuradas socialmente, pero en los países de democracias avanzadas los anunciantes se cuidan de no pisar la línea roja y eso, sin duda, incide en el discurso social que rechaza esas propuestas publicitarias. No se ven tampoco chicas que exhiben su belleza mientras invitan a beber cerveza o cualquier otro producto similar. Es de mal gusto y no contribuye al prestigio de las empresas.

Para finalizar es significativa una fotografía que recientemente ha dado muchas vueltas en las redes y en la que se muestra la reunión de siete políticos que analizan la situación de la Guayana Esequiba. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y en este caso se cumple el dicho: siete caballeros reunidos en una lujosa sala. ¿Observa usted alguna ausencia? Si fuera solamente en el ámbito de la vieja política no sería demasiado importante, pero ocurre cada vez con más frecuencia en el contexto intelectual: foros políticos, literarios, publicaciones, reseñas. Y no solo es significativa la ausencia sino el modo paternalista y a veces negacionista en que las ponentes son tratadas. Lo que resulta inquietante es que no estoy hablando de la sociedad de los años setenta y ochenta, sino de la de hoy, en plena discusión de la Agenda Mundial 2030. Así que no basta con que pase el tiempo.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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