EN LA ALDEA

22 febrero 2024

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La autonomía de la sociedad civil

El 22 de octubre y el 3 de diciembre son dos fechas que guardará la historia de Venezuela, en esos días el país logró dar un vuelco histórico sin precedentes. El 22 de octubre, el poder dominante conminaba a la población a no participar en las elecciones primarias, evento que trataba de convertir en un episodio sin ninguna significación histórica. El 3 de diciembre la orden era otra, participar masivamente en el referéndum sobre el Esequibo.

En ambas ocasiones el pueblo masivamente rechazó la orden del Gobierno central. El 22 votó y el 3 no participó. No surtieron efecto las amenazas de suprimir las ayudas populistas, las bolsas CLAP, la proliferación de bonos insignificantes que sumaban al escuálido salario del trabajador. De nada valieron las alusiones a la fidelidad al régimen. El pueblo salió y decidió, hizo lo contrario, voto el 22 y desapareció el día 3. Es necesario reconocer que estas fechas son históricas, un pueblo hambriento desobedece a su verdugo y asume con mucha tranquilidad lo que considera conveniente, aquello en lo cual cree, que le aporta una esperanza al futuro. El poder total ejercido desde el Estado concentrado y omnipotente se tambaleó ante esas conductas silenciosas y espontáneas asumidas con firmeza por el pueblo venezolano.

“Masivamente manifestaron su independencia como víctimas, maltratados de forma inclemente por la crisis destructiva que ha significado la revolución socialista”

La significación del 22 de octubre es total, por primera vez sentimos mover a un pueblo en todos sus estratos buscando una salida verdadera sin doblegarse ante los chantajes populistas. La gente acudió a un proceso electoral manejado por sus vecinos, sin presencia del poder armado del Plan República en el sitio de votación, encuentra sus vecinos y deposita sus votos, sin necesidad de un Consejo Nacional Electoral que hasta ese momento solo representaba al grupo en el poder, una institución que negaba el  concepto universal sobre su misión verdadera, completamente al servicio del gobierno en el poder, sin equilibrio, sesgado tal como ha actuado desde el inicio del socialismo del siglo XXI desafiando las leyes universales que rigen los procesos electorales en los pueblos que creen en la democracia.

El 3 de diciembre fue determinante. De nada sirvieron las ofertas ni las amenazas, la gente en su mayoría decidió dentro de sus hogares, en consulta con su grupo familiar, sopesando lo que significaba su decisión de no participar al llamado u orden del régimen.

Estas decisiones del pueblo históricamente constituyen la mayor señal de madurez y autonomía de un pueblo, decidir silenciosamente, actuar y sorprender a las autoridades que jamás sospecharon la existencia de esta energía autonómica de la sociedad civil venezolana.

Ha sido y es la señal más contundente de madurez política, atreverse a contravenir las órdenes del poder central, desechar el chantaje ofrecido en bonos, recompensas y actuar según la conciencia, privilegiando la búsqueda la libertad.

Es fundamental que comprendamos el profundo significado de esta contundente prueba de autonomía de la sociedad civil, el acto político más importante ocurrido en varias décadas significa que el poder de la oferta populista no sirve para nada cuando hay conciencia de la realidad y de la mentira. Un pueblo que desde 1999 ha estado sometido al poder creciente de un régimen que ha ido ocupando todos los intersticios de la sociedad, que comenzó atacando la propiedad de los ciudadanos, expropiando y destruyendo la obra de miles de familias venezolanas, muchas de ellas llegadas a nuestras costas desde la Europa de la posguerra, de España, Italia, Portugal, gente trabajadora que empeñaron todos sus esfuerzos en crear nuevas empresas, producir y formar gente con base en sus conocimientos ancestrales.

“Tenemos ahora que convertir el estado de conciencia en una realidad”

El afán expropiatorio aplicado por el Gobierno fue una línea política que produjo la pérdida de millones de hectáreas de fincas productivas, desaparición de emprendimientos industriales, comerciales avasallados, destruidos sin clemencia y convertidos en ruinas, quitándoles a los trabajadores sus fuentes de trabajo. De las 12.000 empresas que existían en un principio de la aventura socialista hoy solo subsisten 2.000. La economía venezolana fue reducida a su quinta parte, arrastrando a la miseria a miles de familias trabajadoras y a los propietarios que habían puesto su empeño durante décadas en crear empresas y prosperar.

A lado de la destrucción económica igualmente desparecieron todos los servicios públicos imprescindibles para lograr calidad de vida de la población. La escuela básica, inicial y media fue convertida en un despojo. Hoy más de 4 millones de niños y jóvenes venezolanos están fuera de un sistema educativo que no es capaz de garantizar su formación; y los que aún permanecen en ella lo hacen en las peores circunstancias, sin maestros y sin condiciones sanitarias en sus escuelas.

Un malestar en un sistema educativo que sufre su crisis más profunda, situación que al igual se manifiesta en la salud, con hospitales abandonados, médicos en necesidad forzosa de emigrar, sin esperanzas de poder prestar el servicio requerido por la población y para el cual nuestras universidades los había formado.

La conclusión de todo este periodo de pérdida y sufrimiento para el país se vive con la reprobable cifra de una población infantil desprotegida, en condiciones graves e irreversibles de desnutrición que afecta a más del 30% de nuestra población infantil. Conocer esta realidad a profundidad nos permite comprender la fuerza de la reacción de los venezolanos, al unísono, de forma espontánea la sociedad civil decidió manifestar el rechazo al camino de miseria impuesto por el socialismo del siglo XXI una ruta destructiva de la cual los únicos que se salvan son sus dirigentes con sus grupos familiares que ostentan abiertamente niveles de opulencia total.

Todo el territorio venezolano en esas últimas fechas electorales actúo de forma que pareciera haberse concertado, mostrando el nivel de independencia y de conciencia que embarga a nuestra población. Ningún espacio de nuestro territorio actuó de manera diferente. Masivamente manifestaron su independencia como víctimas, maltratados de forma inclemente por la crisis destructiva que ha significado la revolución socialista.

Esta decisión histórica del pueblo predice cambios de fondo, abre la oportunidad para comenzar el camino para institucionalizar, recuperar las diversas instancias sometidas, apartadas de su misión constitucional, reconocer la imprescindible necesidad de recuperar el Estado de Derecho, el sistema educativo, las instituciones sanitarias, instancias todas urgidas por la necesidad de poder cumplir su misión esencial. La escuela poder educar con maestros en situación de respetabilidad y dignidad, con las instalaciones sanitarias dispuestas para atender cabalmente la salud de la población. El Estado de Derecho con la fuerza y entidad capaz de garantizar la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos y la economía con la perspectiva de crecer, respaldar el bienestar económico de la población.

Instituciones que cumplan los objetivos para el cual fueron imaginadas y creadas, con capacidad para recuperar sus ámbitos de responsabilidades, sin esperar las órdenes de un poder central que se ha despreocupado de su misión fundamental. ¿Cuánto le ha importado al régimen venezolano la situación de la escuela básica, el salario y el bienestar de sus maestros en las casi tres décadas de gobierno que han transcurrido?

Estas decisiones del pueblo plantean retos también a los cuerpos que ejercen el control sobre la población. Los hijos de los militares de baja graduación deben asistir a las mismas escuelas de los hijos de los trabajadores, cuyos salarios no alcanzan para cubrir las necesidades básicas del grupo familiar. Son igualmente pobres las personas de baja graduación militar que los hijos de los trabajadores de empresas que subsisten en medio de penurias, sometidas a presiones oficiales, multas, amenazas de cierre por parte de los poderes públicos, sanciones, impuestos sin ninguna contraprestación por parte del Estado.

Como parte que somos de la sociedad civil tenemos no solo que saludar el movimiento colectivo; el nivel de conciencia reflejado desde cada hogar, desde cada grupo familiar que llevó a sus responsables, los jefes de familia, las madres, los padres, a los jóvenes que comienzan a buscar oportunidades para progresar, y todos al tomar unas decisiones el 22 de octubre y el 3 de diciembre que cambien la historia de nuestro país.

El régimen no ha entendido lo que ocurrió en estas dos fechas: 22 de octubre y 3 de diciembre. Cree que persiguiendo, atemorizando, encarcelando al liderazgo político puede recuperar el terreno perdido. Piensan que acusar de traición a la Patria a los que contribuyeron con los venezolanos a “comprender” quiénes eran los verdaderos infieles a la patria, podrán recuperar el poder perdido.

El poder está perdido porque fue una decisión responsable de la ciudadanía, es irrecuperable para ellos porque en lugar de iniciar un profundo proceso de mea culpa solo acuden a la represión. No cambiará nada si apresan a todo el que se manifestó en contra del poder dictatorial, a los que adversaron el fraude político del socialismo del siglo XXI porque esa convicción ha entrado en la mente y en el corazón de las familias venezolanas; en cada hogar, en cada joven que ha tenido que enfrentar la decisión de cruzar la selva del Darién en búsqueda de una oportunidad para sobrevivir.

Tenemos ahora que convertir el estado de conciencia en una realidad, hay que recuperar el país, volver a cada pueblo y municipio con la conciencia de poder reconstruirnos, respetar a los emprendedores, aquellos que han laborado para crear empresas, recuperar el salario de nuestros trabajadores, la dignidad de los maestros, del personal de salud, médicos y enfermeras que se vieron obligados a abandonar sus profesiones para poder sobrevivir.

Es el momento de preguntarnos por las tareas concretas para apoyar a la sociedad civil en su búsqueda de autonomía, o seguir siendo el guardián de la imposición de un modelo autoritario. Una decisión que nos abre grandes temas de acción:

Reconocer la ineludible necesidad de descentralizar el país, abandonar la súper concentración y la dirección inconsulta de los temas centrales que definen nuestras condiciones de existencia.

Municipalizar, reconocer el ámbito del municipio como el espacio para trabajar, funcionar, educar y cuidar nuestra salud y seguridad.

Reconocer las instituciones básicas de los sistemas sociales lo cual implica darle toda la fuerza necesaria a la escuela básica para cuidar y formar nuestra infancia y adolescencia.

Fundar todos los procedimientos que permita a los venezolanos vivir bajo las normativas de un Estado de Derecho que conozca y respete nuestros derechos ciudadanos, y la responsabilidad de cada individuo que habita en esta tierra.

Al cumplir con estos preceptos esenciales el Estado se convierte en una institución al servicio del ciudadano, como llevamos años repitiendo.

Como nos decía Winston Churchill: «La principal diferencia entre los humanos y los animales es que los animales nunca permitirían que los lidere el más estúpido de la manada».

Es la hora de idear la reconstrucción y ponerla de pie.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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