En la aldea
15 junio 2024

Pedro Sánchez, en la «fachosfera» también están tus amigos

La ratificación de las inhabilitaciones a dos candidatos en Venezuela, por parte del Tribunal Supremo de Justicia, ha levantado una oleada de protestas en América y en Europa. En España, sin embargo, nación tan comprometida con la Historia y la actualidad de Venezuela, la cosa sucede, digamos, de una manera más discreta. ¿Por qué será?

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Sebastián de la Nuez | 02 febrero 2024

Tal vez los venezolanos que todavía no han salido de Venezuela o simplemente no viven en España no tengan esto claro, tan inequívocamente claro como cualquiera que habite actualmente en la Madre Patria y tenga dos dedos de frente: Pedro Sánchez, el actual presidente del Gobierno que salió de los pactos en el Congreso tras las elecciones del pasado 23 de julio, es un cínico, lo más parecido a un chavista en el poder que pueda ser un individuo formado en la Europa contemporánea (es decir, alguien que ha tenido todas las oportunidades para educarse como demócrata pero ha aprovechado ese privilegio, en cambio, solo para bien de su propia autoestima). Las preocupaciones de Sánchez son cuatro, en el siguiente orden: 1) mantenerse en el poder, como cualquier chavista que se respete; 2) volver leña a sus antiguos enemigos o a los adversarios que le salgan hoy al paso; 3) ocuparse de tendencias que ha puesto de moda el partido Unidas Podemos (en vías de extinción), cuyo guante él ha recogido con extrema fruición; 4) seguir manteniéndose en el poder cueste lo que cueste, como el chavismo.

El comando de María Corina Machado lo tiene cuesta arriba en España, en estos momentos, si busca solidaridad de un gobierno que se mueve desde la óptica de Pedro Sánchez. Hasta ahora, él personalmente no ha sido capaz de pronunciar palabra sobre la inhabilitación a los candidatos Machado y Henrique Capriles Radonski. Nada de nada. No ha dicho ni pío.

La verdad elocuente es que los candidatos Machado y Capriles son víctimas de una autocracia que no le molesta a Sánchez.  Esa situación en una orilla tan lejana no va a impedir su próximo objetivo, la aprobación en el Congreso de Diputados de una ley de amnistía que cubra las expectativas de su salvador, el prófugo  separatista (catalán) Carles Puigdemont, el que habla con una papa en la boca. Si lo que está sucediendo en Venezuela no molesta a sus planes actuales, ¿qué caso tiene meterse con un gobierno tan cercano al compañero Rodríguez Zapatero? ¿Que la esperanza del pueblo venezolano depende de las elecciones de este año pues espera de ellas, si se da la alternativa política en elecciones competitivas y transparentes, el fin de la Emergencia Humanitaria Compleja?  Eso no es cosa que inquiete a Sánchez. A Sánchez le inquieta buscar la palabra adecuada para su próxima declaración, la que va a poner el ambiente todavía más al borde.

Fachosfera, por ejemplo.

Pero sucede que Venezuela es un país iberoamericano. Esto sería suficiente para animar el interés y la preocupación de cualquier político español con sangre en las venas. Venezuela es una nación hermana de España. O hija. O al menos prima. Sánchez no la tiene, la sangre. Lo que tiene es una cosa que llaman azogue. Y palabras. Palabras y frases. «La verdad es la realidad», dijo en estos días. Palabras y frases. Lo mismo que tenía Hugo Chávez. Palabras y frases para caricaturizar al otro. 

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En el PSOE o Partido Socialista Obrero Español siempre  hubo cierto coqueteo prochavista. Puede que se haya debido ―en principio― a esa especie de herencia de la tribu castrista que destilaban los usos y modos de la jerga de Hugo Chávez. Esa impostura fue música para los oídos de, al menos, medio pueblo español que apenas había salido de la dictadura franquista.  ¡Ay, aquel aliento de bravura con aires caribeños, ese arrojo con boina y fusil que desató la tempestad y dio a luz al Hombre Nuevo! ¡Todo, pardiez, en las mismas barbas y narices del imperio gringo! 

El PSOE tuvo un momento estelar durante la época de la Transición. Ahora está en manos chavistas. Igual que el diario El País. Ni más ni menos. Lo ha dicho con mayor enjundia y talento el filósofo Fernando Savater, que se fue de ese periódico porque lo echaron, porque cuestionaba la misma línea editorial donde eran publicados sus artículos. «Es cierto que El País en este momento tiene una línea pro-gubernamental a mi juicio exagerada (…); es un artefacto al servicio de justificar y apoyar  al Gobierno y a sus adláteres separatistas e izquierdistas», ha declarado Savater, un hombre más allá de cualquier asomo de idolatría partidista.  

Por cierto, hay un problemita trasversal a todo el periodismo que se hace en España, lleve las intenciones que lleve: es bastante ignorante con respecto al tratamiento de los problemas de los países latinoamericanos. Un ejemplo: seguirle la corriente al gobierno de Nicolás Maduro, adoptando su eslogan «revolución bolivariana». Es un chascarrillo que se ha vuelto insulto pues ha saltado de los medios al Congreso de los Diputados. Los del partido Vox tildan a los del PSOE como «bolivarianos». Los del PP hacen lo propio ante los de Unidas Podemos o Sumar. En realidad, un chavista no tiene nada de bolivariano. Es un error cruel, adoptar esa consigna: a Bolívar se le pueden criticar mil cosas, pero un chavista no es nada bolivariano ni cosa que se le parezca.

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Que se olviden María Corina y su comando de campaña de cualquier vestigio de solidaridad de parte del gobierno español. Otra cosa es la Unión Europea, que ha emitido un comunicado en el que toma partido abiertamente ante la ratificación de las inhabilitaciones del Tribunal Supremo de Justicia. El portavoz del alto representante para Asuntos Exteriores, Josep Borrell (precisamente militante del PSOE), dijo claramente que en Venezuela acaban de imponerse unas decisiones destinadas a impedir que miembros de la oposición ejerzan sus derechos políticos fundamentales. Y utilizó el verbo socavar. Esas decisiones socavan la democracia.

Muy bien. Pero una cosa es la Unión Europea y otra bien distinta el gobierno español. María Corina le declaró al diario ABC hace poco, hablando sobre el rol del gobierno de Sánchez frente al caso Venezuela, que lo que ella esperaba era que actuara en función del interés superior, y que asumiera con responsabilidad lo que está ocurriendo en Venezuela más allá de afinidades ideológicas.

Pincha en hueso, María Corina. No es cuestión de afinidades ideológicas. La ideología no tiene (a estas alturas) nada que ver con esto. En la fachosfera a la que alude Sánchez pululan partidos de derecha, es verdad. Pero sin duda en esa órbita nada a su gusto el PSUV y todo el andamiaje que soporta al PSUV. En la fachosfera no hay ideologías sino pactos, arreglos y complicidades.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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