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21 julio 2024

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La campaña que huele a gente

«El chavismo humilló a la mamá y, con ella, al hijo y a la familia»

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Mirla Pérez | 20 junio 2024

Vivo en un sector popular, soy hija de la democracia, no viví algo distinto hasta el momento en el que se instala el chavismo en el poder, implicó el comienzo de un proceso que de a poco se fue quitando la máscara inicial que lo asociaba a la libertad republicana.

Desde aquel lejano 1999, han pasado 25 años de simulación democrática. Comenzó a hacerse presente entre nosotros, algo llamado “democracia directa”, la verdad, ni directa ni democracia, una impostura de las revoluciones de este signo. 

Esta “democracia directa” fue tomando forma en lo que después se denominó Estado comunal, vimos crecer en las bases comunitarias unas estructuras estatales por ocupación, de ninguna manera por elección, en todo caso, procesos de votación comunales sin garantías ni libertad ni pluralidad. 

No pretendo hacer un abordaje en extenso, que lo tenemos y lo hemos venido documentando desde el Centro de Investigaciones Populares, de las implicaciones fácticas del sistema comunal o sistema de dominación. Quiero que nos quedemos con la idea de que han diseñado controles. Lo que llaman beneficios, es parte del neolenguaje de la dominación. 

La democracia directa queda resumida en una frase dicha por sus cuadros comunales: “Tú no puedes andar como un electrón libre. Esta vaina es militar, esto es una estructura militar” (anónimo) o esta otra afirmación: “esto va desde el presidente de la República hasta la calle…” (anónimo). Ambas afirmaciones están hechas fuera de la libre determinación del sujeto. La libertad es conceptuada como arbitrariedad, caos, “electrón libre”. Por diseño este sistema va contra la libertad humana, contra la autoderminación, contra toda autonomía. 

La ocupación comunitaria de parte del Estado comunal, fue expulsando a las organizaciones naturales de la comunidad, las que quedaron se fueron retrayendo, buscaron cauces de existencia más allá de lo establecido por el sistema, por ejemplo, acabaron con las asociaciones de vecinos pero no con la vecindad como modo de vinculación comunitario. 

Han pasado 25 años desde que este modelo inició, ha venido madurando, en el camino ha producido mucho dolor, mucha negación, muerte, represión, desplazamiento forzoso. Tocó la médula: a la madre, acostumbrada a ser autónoma y ser la garantía de la seguridad personal y familiar, le quitó su poder, su posibilidad de mantener unida a la familia. El chavismo humilló a la mamá y, con ella, al hijo y a la familia. 

«Una auténtica rebelión de las comunidades, de la gente, del venezolano de a pie cansado de un sistema negador de la libre determinación humana»

La siguiente expresión nos coloca en el camino de los significados que nos acompañan en este inédito momento, una premisa que ha servido de soporte a la arquitectura del dominio: «no somos todos, ni somos muchos, pero estamos donde debemos estar”. Lo dice un miliciano refiriéndose a la extensión comunal. Al fin último, al estar sin ser muchos en todos los lugares que permita la implementación de mecanismos de sometimiento y negación de la libertad humana. 

Pero esta última afirmación, nos lleva al día de hoy, lo importante, para el chavismo, era estar donde debían, aunque no fueran ni muchos ni todos, una primera declaración de debilidad y pequeñez proveniente de la base comunal. Estar en todas partes era la “fortaleza” que tapaba la debilidad de no ser muchos. 

Hoy ni son todos, ni son muchos, ni estan donde deben estar. Son pocos y son débiles para la gente. Unos débiles que quieren eliminarnos con hambre, CLAP y miserables pensiones… parafraseando desde los Grupos Focales y, además, con el robo de nuestra dignidad y autodetermianción, textualmente dicen: “queremos tener trabajo, con nuestro esfuerzo salir adelante, no queremos bonos”, escuchamos decir con determinación a lo largo de los barrios empobrecidos por la revolución chavista. 

La metáfora o imagen del tsunami puede ilustrar este repliegue popular contra el chavismos de base y de élite. ¿Quién controla un tsunami? Hace un par de años, en el marco de una publicación del Instituto Fermín Toro, escribí, a propósito del avance comunal lo siguiente: “Una comunidad sin autonomía, golpeada fuertemente, a merced del poderoso, se recoge, se contrae, se repliega, se desplaza como la masa de agua que da origen al tsunami.” 

Recordé esta metáfora, porque los signos de estos tiempos, el tiempo oportuno y no precisamente lógico, nos conduce a pensar que estamos en el momento en el que el agua (gente y organizaciones populares) se contraen, se repliegan, se acumulan generando vitalidad para hacer frente a un sistema que los oprime y niega como persona, como familia y como comunidad. 

En este tiempo oportuno, inédito, sui generis, se produce la debilidad más absoluta de las estructuras del poder establecido, los hilos que lo sostienen están rotos, desgastados, la palabra más popular en este momento es “cambio”, es un grito en la oscuridad, no hay lugar por donde pases que no sea pronunciada. Sin buscarla, sin estimularla, ahí está. Cambio.

La debilidad de ellos, del poder establecido, coincidiendo en tiempo y espacio con la decisión más firme que hayamos visto en las bases populares, una auténtica rebelión de las comunidades, de la gente, del venezolano de a pie cansado de un sistema negador de la libre determinación humana. Estamos frente a un pueblo, a una ciudadanía acompañada por un liderazgo cercano, real, sin impostura, empático como el de María Corina Machado que ha abierto cauce a una salida de consenso en manos de la MUD y Edmundo González

Tenemos, por tanto, un sistema débil sin apoyo popular, unas bases comunitarias con conciencia de poder y dando la espalda a los que dominan y, finalmente, una oposición bajo la auctoritas de un liderazgo firme, comprometido, constante, con una situada visión de futuros. Tres ejes que marcan una real posibilidad de cambio. 

Vaticinamos unas elecciones sin precedente, nada está escrito en política, pero desde la sensibilidad de las bases, desde este momento oportuno, vemos venir una participación al estilo del 22 de octubre, pero mucho más grande, el deseo de votar, acompañar, defender el voto es otro de los signos liberadores de estos tiempos. 

“La primaria significó demasiado”, es una afirmación que denota inicio. Este movimiento que vemos hoy tiene años construyéndose, pero la primaria marca un hito, un nacimiento, un antes y un después. En los grupos focales se destaca su valor e importancia, por un lado, fue hecho en unidad desde las bases, construcción ciudadana y auténticamente popular y, por el otro, “en el que elegimos una líder.” Emerge un movimiento y un liderazgo, de ahí su sentido fundacional. 

Estamos en el camino del poder de los sin poder, el 28 de julio saldrá gente de todos lados, seguramente inundarán las calles de una viva y significativa presencia, como ocurrió en la elección primaria, en un abierto desafío de las comunidades, enfrentaron al poder comunal. 

Desde la razón del cálculo que produce la investigación y desde la emoción de la vivencia que origina el contacto con la gente, olemos cambio, hay mucho agotamiento en la gente, mucho dolor, ¡no lograron someternos como pueblo! Seguimos escribiendo esta historia y el olor de la gente seguirá impregnando esta campaña.  

En Vaclav leemos: “El mayor enemigo de la verdad no es la mentira, sino la indiferencia”. Quisieron hacer de nosotros una sociedad-comunidad indiferente, lo que vemos hoy es todo lo contrario, nos afirmamos en la solidaridad y el compromiso para con el otro, ¡nada más lejos de la indiferencia!

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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