En la aldea
21 julio 2024

Moleiro: «Las primarias fueron una manera de autogestionar la molestia de forma pacífica»

Alonso Moleiro: “La gente no es tan tonta, la gente está clara y quiere que le devuelvan el país”

El periodista, corresponsal de El País de España, sostiene que pese al aumento de la represión y el cierre del espacio cívico en Venezuela, la sociedad democrática sigue resistiendo y exigiendo se
respete su derecho a elegir

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Pedro Pablo Peñaloza | 21 junio 2024

Al momento de realizar esta entrevista, la vicepresidenta Delcy Rodríguez presenta ante la Asamblea Nacional el proyecto de Ley contra el Fascismo. ¿Qué impacto puede tener esta iniciativa legal en el ya deteriorado espacio cívico venezolano?

-Es preocupante, el enunciado político en torno a la presentación de la ley es totalmente unilateral, con total ceguera de lo ocurrido, una visión absolutamente ideológica, diría religiosa de lo que ocurrió en los últimos años, donde el gobierno evade su total responsabilidad en el caos económico y en las causas estructurales que produjeron este derrumbe. 

Preocupa porque es un desarrollo en campaña electoral, parece la gestación de una venganza política. En Venezuela no se ha desarrollado un debate abierto en torno a lo ocurrido en este tiempo con la represión y las investigaciones de los expertos independientes y del Alto Comisionado de los Derechos Humanos de Naciones Unidas. El gobierno tiene causas abiertas en la Corte Penal Internacional. ¿Cómo va a invertir de esa manera el orden de la prueba para lavarse las manos con un planteamiento de ese tipo? Preocupa que se esté debilitando la posibilidad de dar en Venezuela discusiones racionales, con argumentos.

Lo único que está haciendo el gobierno es apretar su marco autoritario y amenazar más allá de la razón. A mí esta ley en particular me luce peligrosa, sobre todo por la manera como fue planteada: la propia Vicepresidenta va al Parlamento y es recibida con pompa, se habla de una encomienda de Nicolás Maduro, y Jorge Rodríguez hace un preámbulo insólito, donde prácticamente el chavismo no tuvo ninguna responsabilidad en el derrumbe nacional.

Se plantea una especie de castigo a quienes protestaron ante el estado actual de cosas, de total escasez de medicinas y alimentos, el estado de absoluto caos, el desborde delictivo en aquel momento; es decir, la Venezuela infernal que nos ha tocado vivir en estos años. El debate sobre las protestas y sus límites hay que darlo, pero con juego limpio. En Venezuela el juego institucional está roto, aquí no hay pacto político, está inhibida la alternabilidad y se nos invita a votar un poco para que nada ocurra. Eso termina impacientando a la gente y es absolutamente lógico. Esta ley me parece una expresión de cómo se está desnaturalizando el debate público.

La Ley contra el Fascismo tiene su antecedente en la Ley contra el Odio, que ha sido utilizada para perseguir a la disidencia. En cola está la ley que busca controlar a las organizaciones no gubernamentales (ONG) y, en paralelo, se encarcela a dirigentes políticos y sociales acusándolos de conspiradores. ¿Cómo avanzar en medio de ese campo minado?

-El debate hay que llevarlo con mucha inteligencia y conocimiento del lenguaje, cuidando las palabras que se emplean, procurando que los planteamientos tengan un criterio incluyente, conexo, donde haya invitación a la crítica. Hay una cosa que en Venezuela está perdida que es eso que Rousseau llamaba el interés general. En democracia siempre se invocaba el interés nacional. Si había una cosa que estaba mal hecha, decían: “Este es un contrato lesivo a los intereses de la República”. Ese era un argumento de cuando Venezuela era una República, no este gallinero que es ahorita. 

Como la corresponsabilidad en la gestión está rota, aquí se habla poco del interés general, pero debemos hablar del impacto que han tenido ciertas decisiones en la destrucción total del país. Maduro y Jorge Rodríguez se han pasado un buen rato escondiendo cosas como las cifras de la economía y negando las cifras de la migración. La del gobierno es una actitud totalmente irracional.

Aquí lo único que queda son los pronunciamientos masivos e incruentos en una elección, en Venezuela lo que la gente está pidiendo no es otra dictadura, es restaurar el orden constitucional, el derecho a la alternabilidad política. En Venezuela había unas conquistas que nos quitaron, aquí el 23 de enero de 1958 se conquistó la alternabilidad política. Entonces, aquí se votó por Chávez, Venezuela fue chavista, pero ya no lo es y quiere ejercer ese derecho. Ese es todo el problema en Venezuela.

Debemos avanzar con cuidado. ¿Qué hace Maduro? Intenta inhibir el pronunciamiento de la mayoría arremetiendo contra la sociedad civil, por eso la ley de las ONG que se está discutiendo. Queda claro que el gobierno detuvo esa agenda por el tema del diálogo, firmó unos acuerdos y ahora los está desconociendo. No sabemos qué va a ocurrir en Venezuela. No sé si vamos a llegar hasta Nicaragua, pero el camino lo estamos recorriendo.

Si bien la lista de abusos ya es infinita, la negativa del régimen chavista a permitir la postulación de la profesora Corina Yoris marca un hito en la historia de las arbitrariedades del oficialismo. ¿Cómo jugar en ese terreno electoral?

– Todo lo que venga de allí lo van a vetar, hasta allí estamos llegando. Ojalá en la población se consolide una cierta idea de hacer las cosas en una dirección. Una de las cosas buenas planteadas es que hay interés de votar. Que la gente sepa interpretar y se produzca una corrida en la dirección de un nombre, aunque el nombre no sea perfecto. 

El planteamiento tiene que ser incruento, lo que el país está pidiendo es un derecho que nos están negando. No está pidiendo negarle el derecho al chavismo. El chavismo está sobre aviso, cosa que es explicable porque los niveles de furia de la población son muy grandes. Pero habría que manejar la crisis de otra manera. A veces las cosas malas pasan, así que no podemos descartar que aquí venga una arremetida grande contra la sociedad civil. Ojalá solo sea una amenaza, pero estamos en un punto en el que ellos pueden decir que para quedarse en el poder tienen que mutilar una parte del país y no responder por lo demás. ¿Para qué se diálogo al final? ¿No se dialogó para resolver el problema?

«Venezuela fue chavista, pero ya no lo es y quiere ejercer ese derecho. Ese es todo el problema en Venezuela»

Este es un tema de cada día. Procurar contar las cosas como son, resistirse a esa visión cartelizada que el chavismo propone. Todavía quedan zonas donde se pueden hacer cosas, eso es importante tenerlo claro. Se puede hacer periodismo digno.

¿A pesar de la censura y autocensura? Los medios abiertos vetan a figuras de la oposición y repiten la propaganda chavista.

-Es una situación muy compleja, con muchas dificultades económicas, limitaciones para la lectura, bloqueos del gobierno y censura de todo tipo. Los medios masivos ya están doblegados, salvo pequeños espacios donde se pueden decir cosas. En las redes y páginas web hay esfuerzos muy interesantes, muchos medios extranjeros tienen periodistas venezolanos que lo están haciendo bien. Creo que hay que tratar de concentrarse en el asunto de que la información circule y haya claridad en la comprensión de lo que sucede. ¿Por qué llegamos a este punto, qué quiere este país? 

Creo que el chavismo es un proyecto históricamente muy comprometido, muy lastimado, perdió la fe popular, está allí a la cañona, ha ido perdiendo virtudes y ahora es un movimiento violento, desconfiado, explosivo, porque perdió la mayoría. 

Sí creo que todavía hay espacios para cierto nivel de debate y hay zonas de la sociedad chavista donde podría haber gente dispuesta a escuchar. Si vamos a una elección, es porque se busca procurar una salida. Aquí se han hechos cosas importantes, periodismo colaborativo, alianzas y se están investigando temas bien importantes sobre asuntos neurálgicos. Hay dificultades para difundir, ciertamente, pero existe la red, creo que esos canales hay que seguirlos desarrollando con mucho cuidado.

¿Ve en la gente voluntad a seguir manteniendo esos espacios o ya se va imponiendo cierto conformismo, “acomodarse” para evitar represalias y enfocarse en un futuro tan lejano como incierto?

-Hay una parte del país que está así. Si el gobierno sigue apretando, otra parte se pondrá así. De eso se tratan las dictaduras. Pero hay mucha gente que no pasa por ese aro. Gente que hace periodismo y el trabajo que hay que hacer, entendiendo que no estamos en la Venezuela de la democracia, cuando podías decir cosas con garantías.

En la sociedad civil hay zonas vivas, activas, pero claro que el cerco represivo podría agravar esa situación. Todavía hay mucho activismo, compromiso, mira la red 600K que levantó María Corina Machado, esa es una expresión política del descontento. No se trata de politizar la discusión, pues igual la gente que se queda y emprende un negocio con honestidad, manifiesta una manera de resistir. 

Usted preguntaba: ¿Para qué se dialogó al final? ¿Qué responde a esa interrogante?

-Todas esas negociaciones están muy comprometidas porque el gobierno parece estar desconociendo el contenido de lo acordado. Espero que exista algún tipo de canal, pero nada más ver cómo responde Maduro a los presidentes Gustavo Petro, Luiz Inácio Lula Da Silva y Gabriel Boric, así como a otros dirigentes de izquierda, como si no le importara nada. Sin embargo, creo que esos espacios hay que mantenerlos. 

Lo que Venezuela tiene que lograr y está pidiendo es una elección limpia, con un Plan República jugando para todo el país, con una visión nacional de la consulta, donde la oposición tenga el derecho de ganar y administrar el poder, no seguirse burlando de los contenidos de la Constitución ni tapando el sol con un dedo, que es lo que el chavismo tiene rato haciendo. Esta sociedad tiene un nivel de complejidad suficiente como para enfrentar el problema. Esta no es la sociedad de la época gomecista y este es otro mundo también, pero sí estamos en una situación compleja.

Los expertos señalan que el chavista pasó de ser un régimen autoritario competitivo a uno hegemónico con rasgos totalitarios. ¿Cómo resistir los embates de un gobierno que pretende controlarlo todo?

-La resistencia es un hecho cotidiano, extra político, que tiene todo el mundo, que mantiene la sociedad como parte de un tejido para cumplir funciones. Profesores, profesionales, todas las actividades de alguna manera resisten. ¿Resisten en torno a qué? Ese es un debate que hay que dar. Si tiene sentido o no, la viabilidad de un proyecto, empujar tus ideas y raíces, tu familia en este país. 

El chavismo está frente a un país que mayoritariamente le adversa y una sociedad civil que todavía tiene fortalezas, que ha demostrado un orden y un civismo sorprendentes. Las primarias fueron una manera de autogestionar la molestia de forma pacífica y expresarla con total limpieza, pese a todos los sabotajes, casi sin campaña, y ver que María Corina Machado tiene ese mandato sin hacer un acto grande sino de pueblo en pueblo. 

La gente no es tan tonta, la gente está clara y quiere que le devuelvan el país. La idea de lo venezolano tiene que pervivir. No sé qué va a pasar el año que viene, no sé cómo estará la esperanza, creo que Maduro tiene la primera opción de retener el poder, pero creo que hay un país que tiene una posibilidad, que tiene que expresarse en una dirección, que tiene que mantener, además, el nivel de información, conciencia, paciencia, firmeza y sabiduría. 

Ahora, ¿dónde vamos a estar en dos años? Difícil saberlo. Si Maduro tiene el poder para hacer las cosas como le dé la gana, poco podremos hacer para evitarlo. El chavismo olvida que aquí los que están armados son ellos, siempre ha sido así, diciendo que esas pistolas son de ellos y después hablan de fascismo. 

Aquí no hay pacto republicano, hay una situación de facto como en Irán, donde vas a votar y eliges un presidente que tiene unos límites porque está enjaulado en una teocracia. Como aquí, que eliges unos gobernadores y más nada. Eso tiene que cambiar. Mientras uno tenga cabeza para pensar y lengua para decir, tiene que hacerlo.

*Este contenido fue publicado originalmente en la revista digital Democratización No.31 del Instituto de Estudios Sociales y Políticos FORMA, y fue cedido para su publicación gracias a la alianza con La Gran Aldea

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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