En la aldea
21 julio 2024

El historiador Hancer González invita a revisar el significado del 24 de junio. Foto: Samuel Hurtado

Carabobo, una tradición inamovible

Hancer González Sierralta ganó una mención en el Premio Rafael María Baralt, galardón que reconoce la labor de los historiadores de Venezuela. Su trabajo sobre las conmemoraciones sobre la Batalla de Carabobo no solo es innovador, también nos invita a cuestionarnos: ¿fue este el episodio final de nuestra independencia?

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Jesús Piñero | 24 junio 2024

24 de junio de 2012. Faltan poco más de tres meses para las últimas elecciones presidenciales de Hugo Chávez. Él, desde luego, no lo sabe, aunque, en el acto conmemorativo por los 191 años de la Batalla de Carabobo, pronuncia un discurso que no solo parece aludir a la conmemoración, sino también a su estado de salud: “Carabobo hoy debe seguir siendo la batalla invicta por la vida”, dijo.

Esa era una fecha especial para Chávez. De acuerdo con Hancer González Sierralta, historiador y profesor de la Escuela de Historia de la Universidad de Los Andes, la Batalla de Carabobo y su bicentenario siempre habían estado presentes en el discurso histórico del mandatario, quien aseguraba tener en su mente fija en el año 2021, cuando se cumplirían 200 años de la jornada militar.

Sobre la conmemoración en torno a ese bicentenario, al que finalmente Chávez no pudo asistir, González Sierralta opina: “Como Chávez quería parecerse a Simón Bolívar, Maduro ha querido emular a este, con lo cual cambió la prioridad del culto del uno al otro. Así se pasó en el bicentenario de Carabobo en 2021 de un deber de memoria para Bolívar y los próceres a uno en favor del expresidente”.

No obstante, el entusiasmo por la celebración de ese hecho no solo ha sido de Chávez nada más, pues desde el siglo XIX ha persistido la noción de que fue esa batalla la que selló la independencia del país; cosa que González Sierralta refuta y analiza con detalle en su nuevo estudio: La tradición inamovible. Persistencias en las conmemoraciones de la Batalla de Carabobo en Venezuela (1821-2021).

Esa investigación fue reconocida con una mención especial en la novena bienal del Premio de Historia Rafael María Baralt 2022-2023, auspiciado por la Academia Nacional de la Historia y la Fundación Bancaribe para la Ciencia y la Cultura. El libro, que constituye un verdadero estudio crítico, puede descargarse gratuitamente desde de la página de las instituciones que otorgan ese galardón.

González es el autor de "La tradición inamovible"
González es el autor de «La tradición inamovible»

 Carabobo, del hecho al mito

“La Batalla de Carabobo fue el acontecimiento bélico de mayor trascendencia, pues fue definitiva para la liberación de Caracas, hasta entonces capital de la antigua Capitanía General”, comenta el historiador. El enfrentamiento ocupa un espacio entre las otras batallas que marcaron el inicio del republicanismo en América del Sur, con Boyacá (1819), Pichincha (1822), Junín y Ayacucho (1824).

Pero eso es una cosa, y ser considerada el episodio final es otra muy distinta. Aunque las principales fuentes que destacan la grandiosidad del enfrentamiento sean las mismas palabras de sus protagonistas, una obra que es pionera de esta concepción es la del militar y pedagogo Feliciano Montenegro y Colón, titulada Geografía general para el uso de la juventud de Venezuela y publicada en 1836.

Luego, la historia patria, surgida en el siglo XIX con el fin de exaltar el relato militar, a los hombres de armas y sus triunfos más destacados, la consagra como la última contienda de la guerra en el territorio, entonces parte de la República de Colombia. Porque ese es otro elemento: Venezuela era solo un departamento de ese proyecto, de ahí a que Bolívar hable de Colombia en su primer testimonio.

El historiador González Sierralta así lo afirma: “En la comunicación oficial redactada en Valencia al día siguiente, le avisa al Congreso y al vicepresidente el nacimiento político de la República de Colombia, el comportamiento y sacrificio de los soldados, y la valentía y ascenso del general José Antonio Páez, entre otras noticias. Fue publicada en el Correo del Orinoco y traducido al inglés y francés”.

¿Quién se atrevería poner en duda la versión del considerado padre de la patria? Apoyándose en esa fuente, comenta González Sierralta, los historiadores venezolanos dieron por sentado aquella primera declaración y empezaron a medir la veracidad de otras versiones con el grado de fidelidad al del Libertador. En este sentido, el culto a Bolívar, también condicionó el relato sobre la batalla.

Dos batallas después de 1821

Después del 24 de junio de 1821 hubo alrededor de 55 y 60 combates parciales, así aseguran los otros estudiosos del pasado Fernando Falcón y Rafael Arráiz Lucca. Sin embargo, los de mayor trascendencia, continúa explicando el profesor González Sierralta, fueron la toma de Puerto Cabello, el 10 de noviembre de 1823 y la Batalla Naval sobre el Lago de Maracaibo del 24 de julio de 1823.

Ambos acontecimientos, tanto el de Puerto Cabello como el de Maracaibo, fueron relegados del relato histórico nacional y opacados por la Batalla de Carabobo, cuando tuvieron peso similar pero no contaron con la presencia de Simón Bolívar, sino de José Prudencio Padilla y José Antonio Páez, figuras menores en el altar de los próceres de la historia patria de Venezuela nacida en el siglo XIX.

El historiador Pedro Correa ha sido precursor en el estudio de esta ponderación entre las batallas. Su trabajo, que lleva por título: “¿Y quién dijo que la Batalla de Carabobo puso fin a la guerra de Independencia?”, es uno de los capítulos de un libro coordinado por la historiadora Inés Quintero: El relato invariable. Independencia, mito y nación, que fue publicado por la editorial Alfa en 2011.

La construcción de la fecha patria

A lo largo de los años 1800, la Batalla de Carabobo fue adquiriendo con cada vez más fuerza la consideración de un lugar para la memoria nacional de la república. Juan Vicente Gómez, para la conmemoración del centenario en 1921, hizo construir un Arco del Triunfo en el campo donde se supone que ocurrieron los hechos. En él trabajaron los ingenieros Alejandro Chataing y Ricardo Razetti.

El sucesor de Gómez, Eleazar López Contreras fue más allá y el 12 de junio de 1939 decretó el 24 de junio como Día del Ejército, ese precepto, según el juicio del historiador González Sierralta: “delineó a la Batalla como el hecho de armas más notable de la guerra de independencia y a los militares venezolanos como los más fieles guardianes de las glorias que blasonan la epopeya bolivariana”.

Pero no solo fueron los generales los encargados de exaltar el enfrentamiento, durante los gobiernos civiles sucedidos a partir de 1959 también hubo honores a la gesta militar de 1821. La administración de Rafael Caldera le asignó una nueva lectura al acontecimiento durante la conmemoración de sus 150 años: la independencia económica, por eso, nuevamente, fue declarada una fecha festiva.

Presidente Rafael Caldera durante el sesquicentenario de la Batalla de Carabobo
Presidente Rafael Caldera durante el sesquicentenario de la Batalla de Carabobo

La tradición inamovible 

La mirada que ha tenido Hancer González Sierralta sobre el significado político de la Batalla de Carabobo para la historia de Venezuela es innovadora porque da cuenta de que los usos arbitrarios del pasado, que hoy nos cuestionamos, no son exclusivos del chavismo, sino que han persistido tradiciones inamovibles basadas en los códigos y repeticiones canónicas de la vieja historiografía patria.

Y Carabobo no es la única celebración que cuenta con una lectura maltrecha. El 19 de abril de 1810 figura en el escudo de armas de la república como fecha fundacional de la nación cuando los primeros historiadores del siglo XIX se empeñaron en dejar claro que la independencia se da el 5 de julio. El Estado siempre, sea cual sea su color político, escribirá una historia hecha a su medida.

Ese esfuerzo de la historia oficial ha sido la construcción y enaltecimiento de los valores y principios nacionalistas, no de la crítica y la formulación de problemas que sí son esenciales en las investigaciones académicas. A ese panorama, los historiadores profesionales, graduados de las Escuelas de Historia del país, como González Sierralta, pelean constantemente con el fin de generar nuevos aportes.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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