En la aldea
07 junio 2026

Kornblith: «Han construido el memorial de la corrupción, la cleptocracia, el atropello a los derechos políticos y la censura en Venezuela»

Miriam Kornblith: “No se le puede decir a la población que las cosas han cambiado, cuando no han cambiado”

A juicio de la socióloga y exrectora del CNE, la tensión acumulada y los deseos de los venezolanos de ver un cambio real luego de los sucesos del 03 de enero van a hacerse notar pronto.

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Alejandro Hernández | 07 junio 2026

Actualmente, Miriam Kornblith es la directora para América Latina de la National Endowment for Democracy (NED) y desde allí se ha dedicado por años al fortalecimiento de organizaciones de la sociedad civil venezolana. Explica que ya existe un conglomerado sólido que ayudará a “moldear el país que viene” y hará las alertas pertinentes para que no se repitan las “distorsiones destructivas que ha impulsado el chavismo en este periodo”.

Asimismo, enfatiza que la sociedad venezolana está “muy traumatizada, pero a la vez esperanzada”. Sin embargo, considera que para sanar es necesario el reconocimiento de lo ocurrido y, en la medida de lo posible, una reparación. “No es ‘perdónanos, supéralo y vente’, como dijo Jorge Rodríguez”, sentenció.

Sobre el Consejo Nacional Electoral (CNE), Kornblith sostuvo que se deben cambiar todas las autoridades y revisar al personal aguas abajo, pero afirmó que en la sociedad venezolana existe el conocimiento necesario para “revertir rápidamente toda la degradación en procesos electorales que hemos sufrido”.

¿Qué rol ha ocupado la sociedad civil en la construcción del camino hacia la democracia que espera el país?

Han construido el memorial de la corrupción, la cleptocracia, el atropello a los derechos políticos y la censura en Venezuela. Todo eso lo han hecho organizaciones de la sociedad civil, en su mayoría creadas en la era del chavismo. Hay un tejido denso y variado que coexiste y ha sido fundamental para mantener viva la llama de la democracia durante todos estos años tan oscuros. También han sido clave para llamar la atención internacional sobre lo que se gestó en el país.

Cuando llegó Hugo Chávez al poder, el ecosistema de la sociedad civil era bastante pequeño, pero eso ha cambiado de forma muy significativa en estos veintisiete años. Hoy tenemos una gran cantidad de organizaciones que se han hecho estratégicas, han logrado retroalimentarse entre ellas y tener conexión con sus pares en América Latina y Europa. Incluso interactúan con organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Corte Penal Internacional o Naciones Unidas. Es decir, se han hecho globales en sus relacionamientos y fundamentales para denunciar, reportar y documentar la imposición de un régimen autoritario y dictatorial en Venezuela.

En una Venezuela finalmente democrática, ¿qué aportará ese robusto circuito de organizaciones?

Son agentes de cambio y desde ya están vigilando que este momento de reconducción a la democracia efectivamente se cristalice. Están haciendo propuestas de reformas que el país necesita para reconstruir sus instituciones, pero lo más importante es que reflejan una reconfiguración de fondo en la sociedad venezolana.

Pienso que la incapacidad del Estado para cumplir sus funciones mínimas generó espacio para organizaciones de todo tipo, y eso va a derivar en un modelo nuevo en el país, más independiente y asociativo. Ese tejido que se ha construido va a moldear la etapa que viene, pero también va a contribuir en el desmontaje del Estado represor y de toda esa institucionalidad torcida que aún hoy existe en Venezuela.

¿La documentación y los expedientes que han acumulado durante estos años serán instrumentos para que haya justicia y reparación a las víctimas del chavismo?

Toda esa información recopilada en materia de corrupción, violación de derechos humanos y políticos, represión y libertad de expresión, entre otros temas, va a ser clave para identificar a los responsables; pero, más importante aún, para generar los anticuerpos que eviten que esta tragedia nos vuelva a ocurrir.

Ahora existe un conglomerado social que podrá hacer las alertas necesarias cuando haya acciones o comportamientos que atenten contra la institucionalidad sana que se pretende construir.

Para mí es sorprendente que, a pesar del modelaje tan destructivo que ha exhibido el chavismo en estos veintisiete años, haya tanta gente joven con criterios democráticos profundamente arraigados. Eso es un capital muy valioso que le otorga a Venezuela un potencial especial, porque romper con las distorsiones que ha normalizado el chavismo y generar una alternativa positiva no es fácil, y en el país es posible.

Sacando a los más pobres, ¿qué sector de la sociedad es el que ha sufrido mayor daño en estos años?

De Venezuela emigró más del 20 % de su población. Eso es terrible y atraviesa todas las capas de la sociedad, pero, por supuesto, los sectores más pobres son los que más han sufrido; y esa es la inmensa paradoja del chavismo, que llegó como un proyecto de reivindicación y salvación para los más vulnerables y terminó encarnando el peor sistema de miseria, exclusión e injusticia precisamente para los más desfavorecidos.

La sociedad en general sufrió, pero los pobres vivieron las experiencias más terribles; es el caso de los caminantes del Darién, por ejemplo. Luego están sectores específicos como el de la oposición política y el de los defensores de derechos humanos. Es decir, el régimen chavista fue llevado a la Corte Penal Internacional porque cometió delitos de lesa humanidad contra ellos.

¿Cómo se curan las heridas y cicatrices que dejaron estos años?

Es una pregunta que debe responderse desde muchas miradas diferentes. Somos una sociedad muy traumatizada, pero a la vez esperanzada y con ganas de volver a la convivencia.

Es muy llamativo que ninguno de los presos políticos liberados haya tenido palabras de revancha o venganza, sino pura fortaleza espiritual para construir. Ellos son una fuerza moral para el país y se convertirán en referencia y ejemplo para quienes sientan que no pueden ganarle la batalla al dolor.

También habrá que aprender de otras sociedades que han padecido situaciones terribles y se han sobrepuesto.

Pero es muy importante reconocer que esto fue traumático. Es decir, no es “perdónanos, supéralo y vente”, como dijo Jorge Rodríguez. No. Debe haber un reconocimiento de lo que pasó en su justa dimensión.

¿Por qué han sido importantes la cooperación internacional e instituciones como la NED en el proceso de democratización de Venezuela?

La cooperación internacional tiene un basamento legal. Las Naciones Unidas reconocen el derecho que tienen tanto individuos como organizaciones de recibir apoyo cuando en sus propias sociedades existe opresión o elementos que atenten contra su libre desempeño.

Hay todo un marco jurídico que rige la ayuda internacional para que esta pueda contrarrestar los órdenes tiránicos y totalitarios.

Pero para que la cooperación internacional pueda funcionar tiene que haber demanda y existir organizaciones e individuos que desarrollen actividades cónsonas con los principios que establece el apoyo internacional. En el caso de Venezuela, resulta aleccionador que cuando las condiciones empeoraron y fueron más riesgosas aumentaron las solicitudes para proyectos y actividades.

Es una demostración más de que, lejos de amilanarse, la gente ha buscado todos los recursos posibles para seguir luchando.

Dada su experiencia electoral, ¿qué se debe hacer con el CNE?

Bueno, hoy no sirve. Hay unas autoridades electorales que defraudaron el juramento de defender la voluntad popular, pero lo positivo es que en el país existe muchísima experticia electoral, tanto en las organizaciones políticas democráticas como en la sociedad civil, producto de lo que ha sido la lucha de estos años contra los abusos del chavismo.

Por tanto, hay nombres con experiencia y valores sólidos que podrían ser excelentes representantes de un nuevo CNE.

Pero, además de la urgencia de nombrar nuevos rectores, también hay que evaluar al resto de los trabajadores y revisar qué tanto ha permeado el mal manejo que se ha hecho de ese organismo durante todos estos años. Sin embargo, insisto en que la sociedad venezolana puede revertir rápidamente toda la degradación en procesos electorales que hemos sufrido, porque existe lo más importante: el conocimiento.

¿Cómo interpreta el plan de cuarenta semanas para montar la elección presidencial que ha propuesto María Corina Machado?

Me parece muy razonable y lo que más me gusta de esa estrategia es que coloca al votante en el centro de todo.

Lo digo porque una de las peores cosas que pasaron en estos veintisiete años fue el desprecio por el ciudadano, que es el sujeto electoral fundamental. Primero, las elecciones dejaron de ser una expresión democrática para convertirse en una experiencia aterrorizante, donde había un Plan República amenazante, un coordinador de centro hostil, el punto rojo a la salida, etcétera.

En segundo lugar, toda la distorsión del registro electoral. Cuando yo estuve en el CNE fui presidenta, precisamente, de la Comisión del Registro y siento mucho orgullo del trabajo que hicimos para inscribir nuevos votantes y realizar las actualizaciones que correspondían.

Con esta propuesta de María Corina Machado y sus expertos electorales se vuelve a poner el énfasis en que todo el mundo, tanto dentro como fuera de Venezuela, pueda votar. Los últimos procesos de registro electoral han sido una estafa, un fraude, y la gente no ha tenido cómo inscribirse.

¿Cuáles son los puntos clave del calendario electoral que se le debe presentar al país?

Lo principal es comprometer al régimen a respetar el resultado electoral. Luego hay que renovar las autoridades electorales, adecuar el registro electoral para que los venezolanos en el exterior puedan votar.

También hay que regularizar a los partidos políticos que tienen sus tarjetas secuestradas e ilegalizadas y revertir las inhabilitaciones caprichosas a líderes opositores.

El economista Miguel Ángel Santos declaró a La Gran Aldea que el plan de tres fases que ha establecido Washington para Venezuela debería implementarse al revés: empezar con una elección, luego la recuperación institucional y finalmente la estabilización. ¿Usted qué opina?

La tensión acumulada y los deseos de la gente de ver un cambio real luego de los sucesos del 03 de enero van a hacerse notar pronto, porque, en efecto, no se le puede decir a la población que las cosas han cambiado cuando no han cambiado.

Los venezolanos notan que no hay transformaciones de fondo ni en lo político ni en lo económico y no sé si el problema es el orden del plan o la forma de ejecución que han tomado; pero es evidente que las expectativas no se han cumplido hasta ahora.

¿Es optimista?

Sí, lo estoy, porque he visto a lo largo de estos años cómo se ha fortalecido nuestra sociedad y lo asentado que tenemos el espíritu democrático. Eso me genera una visión muy positiva y esperanzada de Venezuela.

Nota del editor: La Gran Aldea es beneficiaria de un grant de NED para apoyar medios independientes venezolanos. Sin embargo, esta entrevista no guarda relaciona alguna con dicho proceso y está hecha bajo los criterios de pertinencia e independencia que caracterizan a este medio digital.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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