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23 mayo 2024

Éxodo

La migración forzada de venezolanos comporta un cambio demográfico definitivo en América Latina. La población ya no será la misma, el intercambio cultural, racial, de conocimientos, saberes, costumbres, entre otros aspectos, nos cambiará como venezolanos para siempre.

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Zair Mundaray | 10 septiembre 2019

La migración forzada de venezolanos comporta un cambio demográfico definitivo en América Latina. La población ya no será la misma, el intercambio cultural, racial, de conocimientos, saberes, costumbres, entre otros aspectos, nos cambiará como venezolanos para siempre.

“He sido forastera durante casi toda mi vida, condición que acepto porque no me queda alternativa”, Isabel Allende.

La palabra éxodo, de acuerdo con la Real Academia Española, alude a “la emigración de un pueblo o de una muchedumbre de personas”. Para los católicos, el éxodo fue una obra de Dios, quien escogió a Moisés para que condujera al pueblo de Israel fuera de Egipto, hacia la tierra que había sido prometida a Abraham (Canaán). 

Para los venezolanos, el éxodo es tal vez una de las realidades históricamente más complejas y dolorosas que alguna vez hayamos enfrentado. No existe precedente de un desplazamiento, de connacionales fuera de nuestras fronteras, de la magnitud del que actualmente atravesamos.

Cerca de cinco millones de compatriotas se han visto obligados a salir de nuestro territorio por diversas razones. La inseguridad, la persecución, la ausencia de servicios públicos, la escasez de alimentos, la falta de acceso a la salud, entre otros, constituyen los principales motivos de este fenómeno.

Si bien, la verdad es que los desplazados, refugiados y la migración forzada no son situaciones nuevas en el mundo, para nosotros se trataba de realidades lejanas, que les ocurrían a otros, y de la que conocíamos por los medios de comunicación o por los relatos de extranjeros a los que generosamente acogimos en nuestra tierra.

De acuerdo con cifras de ACNUR, 37.000 personas cada día se ven forzadas a huir de sus hogares; al menos 80% de los refugiados del mundo vive en países vecinos a su país de origen. Existen además 3,9 millones de apátridas en el mundo, y se cuentan 70,8 millones de personas desplazadas en el planeta. De acuerdo con esta entidad, los venezolanos lideramos en 2018 las peticiones de asilo en el mundo, con 341.800 solicitudes.

La gran mayoría de los venezolanos, se han desplazado hacia el sur del Continente, por lo que tres millones aproximadamente, se han asentado principalmente entre Colombia, Perú, Ecuador, Chile y Argentina. Esto constituye el fenómeno migratorio de mayor magnitud que se haya producido nunca en Latinoamérica; lo que ha provocado que los distintos Estados, sobre la marcha, hayan ido adecuando sus instituciones, legislaciones y territorios a esta realidad que no parece detenerse, sino por el contrario, cada día crece.

La migración forzada de venezolanos comporta un cambio demográfico definitivo en América Latina. La población ya no será la misma, el intercambio cultural, racial, de conocimientos, saberes, costumbres, entre otros aspectos, nos cambiará como venezolanos para siempre, tal como ocurrirá con la población de los países que nos han acogido masivamente. Vale decir que en eso tenemos experiencia, la recepción multitudinaria de extranjeros que se asentaron en nuestro país, nos dejaron una profunda huella cultural, que nos identifica a donde quiera que vayamos. De alguna forma, somos un poco, ciudadanos del mundo.

Sin embargo, los procesos de adaptación que sufrimos los migrantes a las nuevas realidades son complejos, y no contábamos con formación previa para afrontarlos. Venezuela fue en un momento esa tierra prometida capaz de darlo todo a sus habitantes a cambio de nada, quizás ahí radica un importante problema al insertarnos en otro país. Alguna vez vivimos en el paraíso, eso no ocurrirá nuevamente, todo en la vida tiene costos, y en la Venezuela por venir también tendrá que tenerlos. Gratis se acabó.

A partir de una serie de artículos, me propongo abordar la realidad que vivimos quienes hemos tenido que salir de nuestro país, cómo transcurren los procesos de adaptación, y cómo las leyes e instituciones de cada país le han dado tratamiento a nuestro éxodo. Estamos llamados a contribuir desde diversos ámbitos, al desarrollo del país donde nos encontremos, pero sin perder el foco en el papel que jugaremos al momento en que haya que reconstruir a Venezuela.

No me cabe duda, que esta realidad nos convertirá en mejores ciudadanos, servirá a futuras generaciones como aprendizaje para no repetir los errores del pasado.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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