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19 julio 2026

Ni un vasito de agua

Médicos por la Salud reportan que, gracias a la ayuda humanitaria de la ONU y la Cruz Roja Internacional, se ha sentido alguna mejoría en el abastecimiento de insumos y medicamentos en las emergencias de los hospitales públicos. Cuando en 2015 comenzó a hablarse de “Emergencia Humanitaria Compleja” para referirse a lo que se experimentaba […]

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Redacción LGA | 07 octubre 2019

Médicos por la Salud reportan que, gracias a la ayuda humanitaria de la ONU y la Cruz Roja Internacional, se ha sentido alguna mejoría en el abastecimiento de insumos y medicamentos en las emergencias de los hospitales públicos.

Cuando en 2015 comenzó a hablarse de “Emergencia Humanitaria Compleja” para referirse a lo que se experimentaba en el país, muchos venezolanos se sintieron identificados con la expresión. Era la definición que mejor exponía su penosa realidad: Una crisis multifactorial, con alta capacidad destructiva y que, por su gravedad, demandaba una respuesta internacional.

Aun así, las autoridades venezolanas negaban que eso estuviera sucediendo. Diversos fueron los voceros que salieron a echar por tierra la tesis, algunos citando estadísticas confusas o difíciles de verificar; otros enarbolando la  bandera de las llamadas misiones sociales y, los más temerarios, afirmando que “con hambre y sin empleo, con Maduro me resteo”. 

Entre los muchos que se dedicaron a esta “labor” se cuentan Rafael Ramírez, -ex presidente de Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), y ex ministro de Petróleo y Minería-, ahora furibundo crítico del régimen venezolano capaz de afirmar que desde 2013 hay “un inaceptable e injustificable aumento del hambre” en el país; aunque en 2016 -mientras fungía como embajador de Venezuela ante las Naciones Unidas- señaló que lo que ocurría en Venezuela “no es para nada una crisis humanitaria”.

También Delcy Rodríguez, actual vicepresidenta ejecutiva de Nicolás Maduro, acumula muchas frases célebres sobre el tema, donde destaca su “en Venezuela no hay hambre, en Venezuela hay voluntad… aquí no hay crisis humanitaria, aquí hay amor”.

Una respuesta peor que la otra mientras más de 90% de la población no tiene capacidad para cubrir sus gastos básicos; 6,8 millones de venezolanos padecen hambre -como estima la FAO-; y a junio de este año, según Caritas de Venezuela, en los niños y niñas menores de 5 años atendidos en las zonas más pobres de 18 estados había 35% de desnutrición crónica, por citar tres de los muchos indicadores que encienden las alarmas a nivel mundial sobre la crítica situación de Venezuela y por la que han emigrado cerca de 5 millones de personas.

“La crisis humanitaria se ha convertido en carta, en pieza clave del tablero político, otro factor estratégico en el juego de la sostenibilidad en el poder”

Cuando Michelle Bachelet, alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en su informe sobre Venezuela de julio de este año, dijo que, con información verificada, se confirman “las violaciones al derecho a la alimentación, incluida la obligación del Estado para garantizar que la población no padezca hambre”, el tema llegó a otro nivel.

“El Gobierno no ha demostrado que ha utilizado todos los recursos disponibles para garantizar la realización progresiva del derecho a la alimentación, ni tampoco que hubiere buscado, sin éxito, asistencia internacional para abordar dichas deficiencias”, reseña el informe.

Parecían tener eco las denuncias de los últimos cuatro años de cómo las autoridades negaron de forma sistemática el ingreso de ayuda internacional; entorpecieron procesos para el suministro de insumos a instituciones de salud; se fomentó el enriquecimiento de unos pocos con los negocios asociados al hambre de muchos; y fueron cercados y perseguidos los representantes de organizaciones sociales que intentaban ayudar en medio de la crisis.

En estos años el propio Nicolás Maduro ha pasado de negar la crisis humanitaria a reconocerla a conveniencia, especialmente cuando enfila sus armas contra las sanciones internacionales o los enemigos “del imperio” y, de forma particular, desde que la oposición -bajo el paraguas del gobierno interino de Juan Guaidó– se dedicó a buscar ayuda humanitaria internacional.

Ahora señala que “las Naciones Unidas ofrecieron villas y castillos, prometieron ayuda humanitaria, y no ha llegado ni un vasito de agua. Pura bulla para hacer campaña contra Venezuela”.

Y Maduro da otra vuelta de tuerca, abre otra ronda de discursos. Su nuevo foco es que la crisis sí existe, pero la ONU no ayuda. Deja de lado el hecho de que organizaciones como Médicos por la Salud reportan que, gracias a la ayuda humanitaria de la ONU y la Cruz Roja Internacional, se ha sentido alguna mejoría en el abastecimiento de insumos y medicamentos en las emergencias de los hospitales públicos. 

Al final a su régimen no le importa la crisis, tampoco sus consecuencias, que con cada muerte y con cada niño desnutrido se pierde un trozo de futuro del país; porque la crisis humanitaria se ha convertido en carta, en pieza clave del tablero político, otro factor estratégico en el juego de la sostenibilidad en el poder

En verdad pareciera que a los venezolanos “ni un vasito de agua”.

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