En la aldea
18 abril 2024

Cuarentena económica

En la actual coyuntura generada por el Covid-19 el sector privado es la única opción que le queda al régimen de Maduro para sobrellevar la agudización de la crisis que recién comienza. Pero es necesario que el país acuda de forma institucional y ordenada a solicitar recursos y ayuda humanitaria ante organismos internacionales; sin ese respaldo no sólo será complejo sobrellevar la crisis económica, sino que será casi imposible hacer frente a la atención sanitaria de la pandemia en el país.

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Redacción LGA | 19 marzo 2020

A propósito del brote de Coronavirus Covid-19 el 17 de marzo comenzó una medida de aislamiento social en siete localidades de Venezuela que 24 horas después tuvo alcance nacional, lo que implica la paralización de todas las actividades económicas y productivas que no sean consideradas prioritarias, es decir, que sean ajenas a los sectores alimentos, salud, seguridad, transporte y servicios públicos básicos, lo que termina por apagar los pocos motores económicos activos en un país que lleva a cuestas más de seis años de recesión.

Aunque la idea es contener la velocidad de propagación del Covid-19 en el territorio, donde los casos confirmados de afectados por la enfermedad pasaron de 2 a 36 en cinco días, los efectos de esta estrategia pueden arrasar lo poco que queda en pie en la economía venezolana.

¿Qué significa esto?

La dinámica de los últimos años ha llevado el país a un esquema que tiene a muchos viviendo “al día”. De hecho, una alta porción de los venezolanos desempeña más de un oficio a la vez para rebuscarse y tratar de sobrevivir en un contexto hiperinflacionario que pulverizó los salarios, y donde se contrae a pasos agigantados el empleo formal y, con él, los beneficios que ese tipo de relaciones laborales les brindan a los individuos.

“Todo el sistema tributario debe flexibilizarse y generar exenciones por causa de fuerza mayor, porque es inviable pagar impuestos cuando lo prioritario es pagar los salarios”

Ricardo Cusanno, presidente de Fedecámaras

Por eso para muchos ciudadanos es prácticamente imposible cumplir con el aislamiento impuesto por el Covid-19, porque viven al día, es decir que un día sin trabajar es un día sin comer. Algo bastante similar ocurre con las empresas, entendiendo que las empresas no son solo las grandes cadenas o las compañías transnacionales, sino prácticamente cualquier unidad comercial o productiva.

Para estas empresas es preciso cubrir costos, incluyendo las remuneraciones de su personal -esté o no trabajando como parte de las medidas de aislamiento- aun sin generar ingresos porque no pueda abrir sus puertas. No se sabe cuánto puede durar la cuarentena impuesta por las autoridades y eso complica las proyecciones del impacto de esta situación, pero lo ocurrido hace un año con los apagones de alcance nacional -que literalmente paralizaron al país por más de una semana- nos da una idea de lo que esto significa.

Más allá de la contracción económica que estuvo asociada a los apagones, que algunos economistas estiman fue de entre 2% a 4% del PIB, está la masa de empresas que cerraron, las que bajaron a mínimos sus líneas de producción y el volumen de empleos que se perdió de un plumazo.

Si bien en la segunda mitad de 2019 hubo un “respiro”, gracias al repunte comercial auspiciado por la flexibilización de los controles y la dolarización, en esta oportunidad es precisamente el sector comercio uno de los más impactados por la orden de aislamiento.

No hay que perder de vista que la economía venezolana hoy es 65% más pequeña de lo que fue en 2013 y para 2020 se proyectaba una contracción económica de 10% del PIB, pero ya algunos analistas sostienen que dada la actual coyuntura esa caída podría llegar a 15%.

¿Alcanzará la renta petrolera?

Venezuela sigue siendo un país petrolero, aun con la debacle de PDVSA y la desinversión en el sector de hidrocarburos. Esto indica que los ingresos de la nación siguen dependiendo de las exportaciones petroleras, mermadas por la poca oferta exportable -a causa de la baja producción y del alto endeudamiento- más las sanciones internacionales contra el régimen de Nicolás Maduro.

“La nación carece de fondos para importar lo que se necesita y el régimen desmanteló todo el aparato productivo que concentró en sus manos a lo largo de varios lustros”

Pero resulta que a nivel global está ocurriendo igualmente un desplome de los precios petroleros por el efecto contractivo en la demanda a causa del Covid-19 más la decisión de Arabia Saudí de aumentar su bombeo de crudo, lo que minimiza los ingresos de Venezuela. Algunos analistas estimaban que este año tales ingresos estarían entre 5 mil y 6 mil millones de dólares, 60% menos de lo reportado en 2019, pero el panorama podría ser aun más desalentador.

Esto implica que las autoridades se quedarían sin margen para atender las necesidades mínimas del país y garantizar importaciones fundamentales, como alimentos y combustibles. Sobre estos últimos vale destacar que a propósito de la contención del Covid-19 las autoridades decidieron frenar la venta de gasolina al punto de que hay estados donde solo los vehículos con salvoconducto serán surtidos, esto le da margen al régimen de Maduro para rendir las pocas existencias de combustible, pero agudiza la parálisis económica y puede poner en riesgo el abastecimiento de otros productos básicos.

¿Quién vuelve a encender los motores?

Dado el fracaso de su modelo económico, el régimen de Maduro lleva tiempo recostándose del sector privado para garantizar la oferta de productos y de servicios que de otra manera no existirían. En la actual coyuntura el sector privado es la única opción que le queda para sobrellevar la agudización de la crisis que recién comienza, pues la nación carece de fondos para importar lo que se necesita y el régimen desmanteló todo el aparato productivo que concentró en sus manos a lo largo de varios lustros.

Los gremios empresariales de Venezuela han manifestado su disposición a trabajar para garantizar los bienes y servicios fundamentales que demandan los venezolanos. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que deben hacerlo en medio de la orden de paralización de actividades laborales, con restricciones de movilidad, con oferta limitada de gasolina, con un servicio eléctrico deficiente y con suministros irregulares de agua potable.

Tampoco cuentan con financiamiento -dadas las propias medidas restrictivas aplicadas por las autoridades desde 2019-. Además, las empresas formales son las que sufren el rigor de las implacables cargas tributarias que impone el régimen venezolano que, lejos de pensar en opciones para mitigar esta presión, acaba de aumentar el valor de la Unidad Tributaria en 2.900% en medio de la crisis generada por el coronavirus.

“La economía venezolana hoy es 65% más pequeña de lo que fue en 2013 y para 2020 se proyectaba una contracción económica de 10% del PIB, pero ya algunos analistas sostienen que dada la actual coyuntura esa caída podría llegar a 15%”

El presidente de Fedecámaras, Ricardo Cusanno, sostiene que “todo el sistema tributario debe flexibilizarse y generar exenciones por causa de fuerza mayor, porque es inviable pagar impuestos cuando lo prioritario es pagar los salarios”. A su juicio, Venezuela no tiene las condiciones económicas estructurales para poder satisfacer las necesidades de toda la población.

Por eso distintas voces apuntan a la necesidad de que el país acuda de forma institucional y ordenada a solicitar recursos y ayuda humanitaria ante organismos internacionales. Sin ese respaldo no sólo será complejo sobrellevar la crisis económica, sino que será casi imposible hacer frente a la atención sanitaria de la pandemia.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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