En la aldea
20 mayo 2024

Mi generación

Las circunstancias más adversas suelen demostrar de lo que estamos hechos los seres humanos, y mi generación es una prueba fehaciente de ello. Quien no esté seguro puede recordar el 2007 donde, contra un aparato propagandístico como nunca antes visto, se logró derrotar a Chávez en su momento de mayor poder. O cuántos jóvenes en 2015 encabezaron la victoria más aplastante en la corta historia de la Venezuela unicameral. Mi generación lo logrará. Esta vez, espero, sea un logro para siempre.

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Walter Molina Galdi | 28 abril 2020

Generalizar es, en casi todos los casos, un error muy grande, mucho más cuando lo que se está queriendo describir se trata de situaciones complejas que no pueden ser definidas por un solo hecho. Cuando esa generalización quiere abarcar a toda una “generación”, el error es más grave todavía, porque se está dando por sentado que un grupo de personas en un rango de edad definido, actúan o piensan bajo un mismo patrón. Un patrón, por supuesto, que según el sujeto que incurra en ese error de generalizar, considera desacertado o pernicioso.

En la era digital es muy fácil cometer esos atropellos verbales pues todos, sin excepción, estamos a unos cuantos caracteres y un botón de “enviar”, de escribir, muchas veces más con el hígado que con la cabeza, sobre un hecho o algo que se haya leído. Por eso es tan común revisar las redes sociales y encontrarnos con mentiras asumidas como verdad, con cantidades enormes de falacias ad hominem y con clases de moralidad, probablemente impartidas por los mismos que cometen los errores antes mencionados.

“En 1998 yo tenía cinco años de edad, Juan Guaidó, quince; José Manuel Olivares, trece; Juan Requesens, nueve, y su hermana, Rafaela, siete. No solo no tuvimos ninguna responsabilidad ese año, sino tampoco los siguientes”

La cuestión es que hay temas que se deberían tratar con la rigurosidad que la situación exige. Uno de esos casos es lo que le ha ocurrido a mi generación. Me refiero a ella no con la intención de atribuirle una importancia mayor a cualquier otra, ¡faltaba más! Si en Venezuela hubo una generación que tuvo a Bolívar, Sucre, Bello, Vargas y muchos otros patriotas civiles y militares, por mencionar tan solo unos pocos, de una de tantas generaciones.

Lo que diferencia a quienes nacimos los últimos 20 ó 30 años, es que quienes nos dieron la vida, lo hicieron en democracia. Con errores, desigualdades y vicios, pero en una circunstancia donde se apreciaba la libertad. Nosotros, en cambio, hemos tenido que afrontar una lamentable realidad: Nacer, crecer y desarrollarnos mientras el chavismo gobierna. Esa circunstancia, evidentemente, no es nuestro tropiezo, puesto que, cuando en 1998 la mayoría decidió entregarle el poder a un militar que seis años atrás había intentado asesinar al Presidente constitucional del país, mi generación se encontraba entre los menores de edad, recién nacidos e incluso algunos que todavía no habían llegado al mundo.

“Podrían volver a ver los videos donde el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, al unísono con sus adversarios demócratas, ovacionaron a Juan Guaidó en el State of The Union, no por su nombre, sino por lo que representa”

Por supuesto que cometería un desacierto si atribuyo culpas a todos quienes podían votar ese año, y luego en el 2000, 2006, 2012… porque hubo mucha gente que desde el principio se enfrentó a Hugo Chávez, aun cuando hacerlo era “algo impopular”, pues las masas, los medios de comunicación y una élite que se autodenominaba como “intelectuales”, habían encontrado en un militar apadrinado por Fidel Castro una suerte de “superhombre” nietzscheano, que era defendido a capa y espada, incluso luego de mostrar los primeros signos de autoritarismo; no muy tarde, por cierto.

Pero, así como sería injusto, por decir lo menos, “culpar” a nuestros padres y abuelos por esas decisiones que han costado tanto, lo es mucho más que alguno de ellos nos culpen a nosotros de algo, nos señalen o pretendan tomar un hecho tan poco trascendente como lo fue el “Live” entre el presidente interino Juan Guaidó y el cantante colombiano Sebastián Yatra, para sugerir que “toda mi generación está dañada” o “no funciona”. Obvia, quien pretenda tomar un hecho sin importancia para generalizar erróneamente, que hemos sido nosotros quienes, aun cuando muchos de ellos no habían querido abrir los ojos con respecto a Chávez y su régimen, estábamos alzando nuestra voz desde las calles, los colegios y las universidades.

En 1998 yo tenía cinco años de edad, Juan Guaidó, quince; José Manuel Olivares, trece; Juan Requesens, nueve, y su hermana, Rafaela, siete. No solo no tuvimos ninguna responsabilidad ese año, sino tampoco los siguientes, donde los errores de la misma élite política que le abrieron el paso a Chávez, lo atornillaron en el poder. Pero, así como nos condenaron de alguna manera, también nos dieron la oportunidad de demostrar la valía que cada uno de nosotros tiene.

“Pueden ver, también, quiénes lideramos todo lo que ocurrió en 2014, 2016, 2017, o cuántos jóvenes en 2015 encabezaron la victoria más aplastante en la corta historia de la Venezuela unicameral”

Las circunstancias más adversas suelen demostrar de lo que estamos hechos los seres humanos, y mi generación es una prueba fehaciente de ello. Quien no esté seguro puede recordar el 2007 donde, contra un aparato propagandístico como nunca antes visto, se logró derrotar a Chávez en su momento de mayor poder. Pueden ver, también, quiénes lideramos todo lo que ocurrió en 2014, 2016, 2017, o cuántos jóvenes en 2015 encabezaron la victoria más aplastante en la corta historia de la Venezuela unicameral. Si la memoria les falla al ir muy atrás, podrían volver a ver los videos donde el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, al unísono con sus adversarios demócratas, ovacionaron a Juan Guaidó en el State of The Union, no por su nombre, sino por lo que representa.

Así, pues, de mi generación, salvo excepciones que nunca podrán atentar contra la regla, poco se puede hablar en términos peyorativos; al contrario, pues se estaría hablando de Juan Requesens gritando que se niega a rendirse luego de 600 días de secuestro. Se estaría hablando de Bassil Da Costa, a quien recuerdo en aquella marcha hacia la Fiscalía hace seis años atrás. Se estaría hablando de Marialbert Barrios, quien continúa caminando cada barrio de Caracas. Se estaría hablando, en fin, de cada joven venezolano que no tuvo la suerte de vivir en democracia, como Yatra en Colombia o nuestros padres en su juventud.

Mi generación lo logrará. Esta vez, espero, sea un logro para siempre.

*Politólogo.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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