Entrevista con un viejo sacristán (y III)

El sacristán, personaje cercano para la comunidad católica y para la actividad diaria de todo lo que ocurre dentro de los templos: “He sido testigo de lo que ha pasado en la institución a través del tiempo. Por mi sacristía han desfilado muchos secretos”; y agrega: “Como la sociedad toda, la Iglesia se empobreció hasta extremos jamás vistos desde el período colonial. Casi tuvo que empezar de cero para levantar cabeza”, y cierra argumentando: “Ahora volvemos a la época de los seminaristas bien prepararos y de los curas cultos de verdad”.

-Habló usted de arrinconamiento de la Iglesia católica en el siglo XIX, debido a las penurias que pasó. ¿Cuándo cambia esa situación?

-Si la sociedad prospera, la Iglesia prospera. Los ingresos del petróleo llegan sin dificultad a las diócesis, especialmente si los obispos han disimulado frente a las atrocidades de las dictaduras de Castro y Gómez. Más silencio, más plata.

-Pero eso no explica lo que pudiéramos llamar un cambio para bien ante las necesidades de la gente y frente a los abusos del poder.

-Ahora volvemos a la época de los seminaristas bien prepararos y de los curas cultos de verdad. Ya antes de que termine la primera mitad del siglo XX, se anuncia una nueva generación en el sacerdocio y en la jerarquía, que cambiará del todo su entendimiento de los problemas nacionales y de la participación política. Si a esto le agrega usted que en Roma están cambiando las cosas desde los tiempos de León XIII, hasta el punto de pensarse en sindicatos de obreros católicos y en partidos socialcristianos, topamos con el primer gran escalón que conduce a la cúspide de popularidad y las muestras de compromiso político que hoy distingue a la iglesia venezolana. Y perdone usted que no me extienda más, pero debo tocar las campanas.

-Me retiro sin explicaciones sobre hechos más cercanos, pero alegre por los sonidos que brotan de un campanario cada vez más entrañable.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.