En la aldea
18 abril 2024

Entrevista con un viejo sacristán (y III)

El sacristán, personaje cercano para la comunidad católica y para la actividad diaria de todo lo que ocurre dentro de los templos: “He sido testigo de lo que ha pasado en la institución a través del tiempo. Por mi sacristía han desfilado muchos secretos”; y agrega: “Como la sociedad toda, la Iglesia se empobreció hasta extremos jamás vistos desde el período colonial. Casi tuvo que empezar de cero para levantar cabeza”, y cierra argumentando: “Ahora volvemos a la época de los seminaristas bien prepararos y de los curas cultos de verdad”.

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-Habló usted de arrinconamiento de la Iglesia católica en el siglo XIX, debido a las penurias que pasó. ¿Cuándo cambia esa situación?

-Si la sociedad prospera, la Iglesia prospera. Los ingresos del petróleo llegan sin dificultad a las diócesis, especialmente si los obispos han disimulado frente a las atrocidades de las dictaduras de Castro y Gómez. Más silencio, más plata.

-Pero eso no explica lo que pudiéramos llamar un cambio para bien ante las necesidades de la gente y frente a los abusos del poder.

-Ahora volvemos a la época de los seminaristas bien prepararos y de los curas cultos de verdad. Ya antes de que termine la primera mitad del siglo XX, se anuncia una nueva generación en el sacerdocio y en la jerarquía, que cambiará del todo su entendimiento de los problemas nacionales y de la participación política. Si a esto le agrega usted que en Roma están cambiando las cosas desde los tiempos de León XIII, hasta el punto de pensarse en sindicatos de obreros católicos y en partidos socialcristianos, topamos con el primer gran escalón que conduce a la cúspide de popularidad y las muestras de compromiso político que hoy distingue a la iglesia venezolana. Y perdone usted que no me extienda más, pero debo tocar las campanas.

-Me retiro sin explicaciones sobre hechos más cercanos, pero alegre por los sonidos que brotan de un campanario cada vez más entrañable.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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