EN LA ALDEA

22 febrero 2024

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“J.R. es un hombre solo, que sabe que su único amor sincero es el de su hermana”

Los protagonistas de Los hermanos siniestros, la más reciente novela de Ibéyise Pacheco, se llaman Jaime y Betty Ramírez y son jerarcas del régimen de un tirano que en la trama lleva el nombre de Nicolás Maduro. Dado que el J.R. (Jaime Ramírez) de la novela es hijo de un activista político que muere en la cárcel por las torturas que le infligieron, para que confesara el paradero del industrial norteamericano William Niehous, en cuyo secuestro había participado el detenido; que es un siquiatra que solo ejerce fuera del consultorio, y para manipular las emociones ajenas; que fue rector del Consejo Nacional Electoral, vicepresidente y alcalde de Caracas; que es gran aficionado al lujo y le gusta exhibir su riqueza usando ropa y zapatos de marca… en fin, por todas las características del personaje, no han faltado maliciosos que piensen que es un calco de Jorge Rodríguez y que la repulsiva Betty, repudiada por un personaje llamado Hugo Chávez porque aquella, cuando tuvo ocasión, le metió mano a la caja fuerte donde este guardaba 250 mil dólares en efectivo, es el alter ego de la hermana.

La conocida periodista Ibéyise Pacheco, quien ya había incursionado en el género novelístico con Las muñecas de la corona: los crímenes y las perversiones del chavismo en el poder (2017), evade comentar cuánto hay de invención y cuánto de referencia en lo real. Pero el caso es que los lectores recorren las páginas no solo para avanzar en la trama sino para reconocer hechos y personas que han tenido a Venezuela como escenario en el que se desenvuelven sin freno y sin escrúpulos.

-¿Por qué eligió como género la novela y no el gran reportaje?, cualquier lector puede reconocer los acontecimientos y las personas que rodean a sus personajes de ficción.

-Hay una razón fundamental: No vivo en Venezuela. Hace cinco años y medio tuve que salir de mi país y eso me impide cumplir con el rigor debido para escribir un reportaje de investigación. En ese sentido, la novela me permite recrear y crear personajes, algún manejo arbitrario de detalles, procurar situaciones que completan una idea. En un reportaje de investigación es imprescindible que identifique las partes aludidas. Es mí deber, porque le estoy asegurando al lector que todo lo que estoy escribiendo lo he verificado. Y a todo aquel sujeto vivo, que aluda en una situación relevante, tengo que entrevistarlo. Así lo hice con el psiquiatra Edmundo Chirinos, en Sangre en el Diván, y con las asesinas del niño Dayán González, en El grito ignorado. Sin el testimonio de Edmundo Chirinos, Sangre en el diván habría sido un reportaje incompleto. Sería una profunda investigación sobre un crimen, pero que sin su voz habría tenido que acotar lo que tanto sucede en Venezuela: Que la fuente referida no quiso responder o darte la cara. A Chirinos, por meses, insistí en entrevistarlo, lo llamaba dos o tres veces al día y él me atendía con mucha amabilidad, pero se negaba. Hasta que un día de debilidad, como lo tiene todo ser humano, aceptó, y yo pude escribir con satisfacción un gran reportaje de investigación. En las circunstancias actuales, es imposible que yo pise Venezuela, tan imposible como que los hermanos siniestros acepten sentarse conmigo para ser entrevistados. Ni hablar de la posibilidad de que llegue a publicarlo en un medio local. Además, siento que sería petulante de mi parte creer que en la distancia puedo escribir un reportaje que cumpla con el rigor periodístico mientras conozco -porque me comunico siempre con colegas- cómo exponen su seguridad, su libertad, en las peores condiciones de vida que algún venezolano imaginó. Respeto mucho a quienes siguen en nuestro territorio y, en particular, admiro cómo mis compatriotas reporteros se las arreglan para ejercer con honestidad y con coraje, enfrentando repito, las peores adversidades. Por muy difícil que sea lo que me toca vivir, nada se compara con el infierno venezolano.

-¿Cómo fue la investigación para escribir esta novela?

-Mi proceso inicial no es muy distinto al que cumplo para la investigación de un caso. Ser reportero te afina el olfato y cuando investigas desarrollas la paciencia. Empiezas a construir uno o varios mundos sobre la información que obtienes. Es obligatorio para mí conversar con la mayor cantidad de fuentes. Nunca me había entrevistado con tantos como para Los hermanos siniestros. El asunto puede convertirse en interminable, porque un hecho se conecta con otro; y los malvados en su mayoría viven con el temor de que van a morir temprano o que no tendrán tiempo de disfrutar suficiente el fruto de sus fechorías. Son, entonces, prolíficos en historias. Hago un gran esfuerzo para organizar la información y comienza luego un proceso de deconstrucción en el que cruzo eventos y fusiono personajes, tratando de seguir el curso de lo que tengo en mi cabeza.

-Su libro fue pirateado antes de cumplirse una semana de su publicación y el PDF circuló mucho. ¿Quién cree que está detrás de esto?

-El PDF sigue circulando. No tengo idea de quién pudo cometer ese robo. Porque, estemos claros, están violentando mi derecho de autor y yo vivo de mi escritura. Sin embargo, estoy segura de que el objetivo de este asalto no era yo. Quien hizo circular masivamente la versión de PDF tenía la decisión específica de que mi libro fuese leído por la mayor cantidad de venezolanos. Quienes tienen los recursos y coinciden con ese deseo son los enemigos de los hermanos, que les disputan negocios y poder. A las 24 horas de haber salido al mercado, ya se había ubicado como best seller número uno entre los libros vendidos en español en Amazon. Esto lo lograron mis lectores de Estados Unidos y Europa. Puedes imaginar el efecto que tiene en Venezuela, cuando alguien te lo envía a tu teléfono por WhatsApp o por correo electrónico que es lo que ha ocurrido. La mayoría no piensa que es un robo, eso creo. Resultó un regalo para un pueblo censurado y en pandemia. Ni con el mayor de mis éxitos imaginé que me iban a leer de esa manera, con tal desesperación y agradecimiento. Estoy muy conmovida.

-Además de los hermanos siniestros, J.R. y B.R., hay un tercer personaje que integra el elenco protagónico. Sus iniciales son JVR. Es un anciano periodista cínico, obsesionado con el poder, maquiavélico y, según dice la voz narradora de su novela “el más abyecto de los políticos venezolanos”. ¿Por qué es tan importante para los hermanos siniestros?

-JVR tiene mucha importancia en la formación y en la dirección política de los hermanos siniestros. Así como la tuvo en los 60 años durante los cuales ese personaje ha sido protagonista de la historia venezolana, aunque nos disguste. Él tenía que estar. En eso estuve muy clara desde el principio.

-El personaje JVR, gran manipulador y maestro de la intriga, es dado a tomar sangre humana. ¿De qué es metáfora este rasgo?

-Es exactamente así. Toma sangre humana. Ese personaje lo hace con placer y con resultados que lo han mantenido con vida, según dicen algunos médicos.

-El personaje de J.R. es millonario y ha acumulado mucho poder. Sin embargo, usted lo presenta como un pobre diablo, dado a estallidos emocionales, inseguro, superficial, acomplejado, que anhela ser aceptado sin lograrlo. ¿Cómo ve usted a este personaje?

-A ese personaje lo veo tal como lo estás describiendo. Un hombre codicioso, que se siente por encima del ecosistema político, con poca inteligencia emocional y con el complejo de no ser aceptado por el círculo que ansiaría que fuesen sus amigos. Es un hombre solo, que sabe que su único amor sincero es el de su hermana.

“Conversé con muchísima gente que me aportó información valiosa de todo tipo, desde pequeños detalles hasta secretos”.

-En su novela, el personaje de J.R. siente desprecio por el personaje llamado Maduro, a quien ha llegado a controlar mediante el expediente de mantenerlo en pánico. ¿Esto tiene equivalencia en alguna situación que usted conozca?

-El manejo psicológico sobre personajes que están en el poder es frecuente, según registran los expertos. La variable fundamental escapa de nuestras manos en una democracia porque, usualmente, el ciudadano no vota por la pareja u otro personaje que pueda ejercer influencia determinante en la vida de un mandatario. La soledad del poder hace más vulnerable a quien está en él. El tiempo revela si se viste de Rasputín, de Fidel Castro o de Jaime Ramírez…

-Muchos lectores recorren su novela sonriendo al identificar a los modelos de la realidad. Hay un personaje muy enigmático, Magdalena, la amante de J.R. que es una dirigente de oposición. ¿Existe este personaje en verdad?, ¿qué figura de la oposición sería capaz de ser amante de J.R.?

-Mis personajes son parte de una novela. Magdalena es un personaje bonito, que se enamoró del hombre equivocado. Él no la trató bien y su hermana se entrometió. No creo que sea una situación particularmente extraordinaria, la historia de Montescos y Capuletos se repite a cada rato, incluso en este presente político que estamos viviendo. Creo que Jaime puede resultarle seductor a muchas mujeres. Está en el poder, exuda dinero, sus encantos tendrá para alguna, aunque a esta altura me parece difícil que una mujer sensible de la oposición sea amante de él.

-La portada de Rayma nos lleva a pensar, antes de abrir el libro, en una novela gótica, cuyas tramas suelen discurrir en un viejo castillo ruinoso (que podría ser el país). La novela gótica crea una atmósfera de terror, con personajes atormentados, mucho vampirismo e incluso hermanos incestuosos, todo lo cual está en su libro.

-Efectivamente, allí están esos elementos. La casa de JVR es como un museo con poco mantenimiento y él mismo parece un ser disecado. La pieza de arte que es la portada de Rayma la siento estruendosamente alineada con lo que escribí. Sin ella, mi libro estaría incompleto. En cuanto al incesto, todo es probable.

-Los autores suelen tener alguna simpatía, incluso por sus personajes más malvados. Eso no se ve en su novela.

-Por ningún malo sobre el que he escrito he sentido simpatía. Al contrario. Me siento severa, aunque trato de darles rasgos de ternura. No son máquinas. Lloran, se molestan, ganan y pierden.

-Su novela tiene una Mildred, gran datera. ¿Contó usted con una testigo que le contara detalles íntimos de sus personajes?

-Mildred es una especie de Miss Marple criolla. Amo a Agatha Christie, me resultó natural desarrollarla. Conversé con muchísima gente que me aportó información valiosa de todo tipo, desde pequeños detalles hasta secretos. A esas construcciones se le ponen los trajes de la ficción.

-En su novela hay una periodista, Laura Rivero, que nos suena conocida. ¿Es su alter ego?, ¿por qué se llama Laura?

-Laura Rivera es un guiño, un homenaje a una amiga que falleció y en quien pensé mucho mientras escribí Los hermanos siniestros, porque sé que mi proceso ella lo habría disfrutado un montón, incluso más que yo porque como en todo libro hay momentos en que uno sufre.

-Si su novela tuviera una segunda entrega, ¿qué prevé que pasará con esos personajes?, ¿cómo cree que terminarán?

-A veces uno escribe para que no sucedan ciertas cosas. Voy a recordarte el temor del personaje Mildred: Que ellos lo logren.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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