En la aldea
14 junio 2024

Yuleudis Hernández Bastardo, nació en San Félix, Ciudad Guayana, estado Bolívar; hoy forma parte de la diáspora venezolana que desde Buenos Aires, Argentina, persigue su sueño de ser cineasta.

Yuleudis Hernández va a ser famosa

Estudiante de Cine en Buenos Aires, esta joven guayanesa está en proceso de escritura del guion de su película “La cuidadora”, donde cuenta la historia de una muchacha que acompaña a una señora argentina, que en cuarentena y ya agonizante le pide que le cante una canción de su tierra. Una canción venezolana.

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Milagros Socorro | 21 junio 2020

Era su primer día de trabajo y llegaba tarde. Le había pedido al profesor que la dejara salir antes, pero este se negó. Luego corrió por las calles, pero nada. Llegaba con media hora de retraso. Cuando la señora le abrió la puerta, Yuleudis soltó una retahíla de disculpas casi sin respirar. Que estudiaba cine, que apenas estaba empezando, que la escuela es muy exigente… La señora la observó en silencio y le pidió que se calmara.

-¿Cómo se llama tu profesor?

-¿Mi profesor? -repitió Yuleudis sorprendida. No se esperaba este giro-. Fernando Martín Peña.

-Ah, Fernando. Era el mejor amigo de mi hijo -dijo la señora.

Esta sería apenas la primera de muchas coincidencias. Nadie lo hubiera dicho. En principio, poco podía hacer en común entre Norma Loretani, la porteña políglota y elegante, que arañaba los 80 años, con la joven venezolana que había llegado hacía unos meses a Buenos Aires tras su sueño de formarse como cineasta.

Yuleudis Hernández Bastardo nació en San Félix, Ciudad Guayana, estadoBolívar, el 28 de enero de 1988. “Vengo de una familia humilde”, dice. “Papá y mamá son gente buena, pero sin formación académica. Y quizá, por eso mismo, mi hermano y yo crecimos bajo una presión constante: ‘Estudie para que sea alguien en la vida’”.

Cuando se graduó de bachillera, su padre le dijo que estudiara lo que quisiera, pero allí, en Ciudad Guayana. “Bajo mi techo”, le dijo. La hija estudió Secretariado Ejecutivo y fue a hacer la pasantía en CVG Edelca, donde trabajaría unos tres años. Al poco tiempo de estar en ese trabajo, empezó a estudiar Administración en la Universidad Antonio José de Sucre, en Puerto Ordaz. Y, cuando tuvo su título universitario, decidió que haría otra cosa.

“Mi mamá consumía mucha farándula, -explica Yuleudis- mucha Revista Ronda. Yo quería ser parte de ese mundo. Y, como escribía desde niña, pensé en ser periodista. Cuando la tragedia de Vargas, en diciembre de 1999, vi a Anna Vaccarella, con el agua a las rodillas, reportando en televisión; la periodista terminó de hablar, pero la cámara se quedó con ella, que entonces empezó a llorar. Esa imagen se quedó conmigo. Me fascinó su capacidad de comunicar emociones ante la situación. Puede ser también que yo proyectara mis propias catástrofes interiores. Yo tenía 12 o 13 años. Una adolescencia tormentosa. A partir de ese momento, empecé a consumir muchas noticias, muchos documentales. Me preparaba para el momento en que me tocara sostener el micrófono de Anna Vaccarella. Mi papá me decía: ‘Tienes que pisar tierra, deja de pensar en pajaritos preñados’. Porque mi sueño era entrar al Club de los Tigritos, en Venevisión, y luego ser una famosa reportera. Pero yo estaba en Puerto Ordaz y sin posibilidades de nada… Crecí entre burlas porque quería ser famosa. Lo que no pensaba en ese momento era que me dedicaría al cine, pero el cine me descubrió”.

La Barbie trágica

Al comprobar que en la CVG no llegaría a la fama, empezó por ser productora de radio y, muy rápidamente, locutora. Un día llegó a la emisora Juan Vicente Núñez, cineasta de Ciudad Guayana. “En la pausa, le dije que yo escribía desde los 8 años. Para jugar a las Barbies necesitaba una historia: Barbie era perseguida por monstruos y fantasmas, luchaba con personajes antagónicos e, incluso, había gente que moría. Casi nunca era una historia de amor. Eran tragedias. Historias de sufrimiento. En fin, que le propuse al señor Núñez enviarle una historia para que me dijera si tenía talento. A los pocos días de haberle hecho llegar mi relato, él me escribió y me propuso que asistiera al taller de guion que iba a dictar. La evaluación final era un guion de 7 páginas, sobre el gentilicio guayanés. Dos meses después me llamaron para decirme que había ganado el concurso y que mi historia, ‘El día que mi papá me dejó’, se filmaría. Casi me morí”.

La película, un corto de muy bajo presupuesto, que narra una tragicomedia sobre el transporte público enCiudad Guayana, fue dirigido por Juan Vicente Núñez [puede verse en YouTube] y estrenado en Cines Unidos, en Caracas, en el curso de un festival, en octubre de 2014. “La sala estaba llena. El público se reía a carcajadas y yo lloraba en la oscuridad. Lo había logrado: Esa noche yo era famosa”.

Bueno, sí, se convirtió en una pequeña celebridad en Ciudad Guayana. La película fue pirateada y vendida como pan caliente por los buhoneros. Yuleudis, en lugar de indignarse por la explotación ilegal de su obra, se sintió feliz. “Hasta ahí llegaron mis dudas. Esto es lo que voy a hacer, me dije”.

Al tener certeza de su destino, trató de conseguir una beca, con el CNAC (Centro Nacional Autónomo de Cinematografía), para estudiar cine. No lo logró. Fue entonces cuando una amiga, que ya vivía en Buenos Aires, le comentó que allí había muy buenas escuelas y que en el país sureño podía residenciarse de manera legal. Dejó la radio en pos de un empleo más lucrativo que le permitiera ahorrar un poco, y un año después se fue a la capital argentina. Era 2016. Nada más llegar consiguió trabajo como cuidadora de una anciana cuya familia la acogió con calidez. Y de inmediato se concentró en la búsqueda del anhelado centro de formación.

-A la ENERC (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica) -explica Yuleudis– se postulan más de mil personas cada año y aceptan a 70; y de estos, un solo cupo es para extranjeros. Las pruebas son dificilísimas, pero las aprobé y me aceptaron.

Yuleudis debía estudiar de día y trabajar de noche. “En el día iba a la escuela y luego, de 11 de la noche a 11 de la mañana, trabajaba. Llegué a la conclusión de que dormir está sobrevalorado. Y, sí, dormía muy poco. En las noches tenía que estudiar y, si las señoras se levantaban, las atendía, para luego volver a los libros”. En la actualidad, como está en su último año, el de la tesis, trabaja solo los fines de semana.

“… porque ella sabe la suerte de él”

En aquella oportunidad, en 2017, trabajó solo tres meses con Norma Loretani, lo suficiente para que esta se repusiera. Pero meses después tuvo una caída y, el 30 de marzo de este año, Yuleudis fue llamada de nuevo a su lado. Retomaron las conversaciones que las habían entretenido cuando se conocieron. Norma tenía una gran pena. Su único hijo había muerto, en enero de 2014, víctima de un tumor cerebral. Se trataba del cineasta experimental Fabio Manes, figura muy conocida en el medio cinematográfico argentino. Investigador, coleccionista y restaurador de filmes y de posters, y presentador, con Peña, de ‘Filmoteca, temas de cine’, programa de televisión sobre el séptimo arte. Manes tenía una excelente relación con su madre, quien se había graduado en Artes y lo ayudaba en sus tareas de restaurador. Ella nunca se recuperó de la infausta pérdida.

La mano de Norma Loretani sobre la de Yuleudis, la cuidadora venezolana.

Con mucha frecuencia, Norma se entregaba a largas conversaciones con Yuleudis. La reconfortaban las pasiones de su hijo, que veía repetidas en la muchacha. “Vos sos la versión femenina de mi hijo”, le decía. Pero también tenía periodos de intensa melancolía, en los que se aislaba y de los que emergía solo para confesar con cuánta impaciencia esperaba la muerte y cuán poco le interesaban ya todas las cosas del mundo.

-A mediados de abril empezó a tener muchos dolores -cuenta Yuleudis-. Fue preciso llevarla al sanatorio. Los únicos familiares de Norma eran su hermano, que también está mayor, y una sobrina, que es paciente de alto riesgo. Así que yo la acompañé y me quedé con ella en el hospital. Creían que tenía Covid-19 y me dijeron que hasta que no le hicieran el examen, yo tenía que confinarme en el sanatorio. En esos días charlamos mucho, me contó muchas cosas de su vida, de sus viajes por todo el mundo, y volvió a decirme que no quería vivir, que extrañaba demasiado a Fabio.

La prueba de Covid-19 salió negativa, pero no había margen para el alivio: Norma, que el 26 de enero había cumplido 82, tenía neumonía. “Hora con hora empeoraba. Casi todo el tiempo estaba sumida en la duermevela de la morfina, pero una noche se animó de repente y me dijo: “Por qué no me cantás una canción de Venezuela”. Y yo le canté El Becerrito. “La vaca Mariposa tuvo un terné / un becerrito lindo como un bebé…”. Ella me escuchó con una sonrisa, y luego me dijo: “Entiendo tanto a Mariposa… vos no podés saber lo que es perder un hijo”. Me preguntó quién había escrito la canción. Le hablé de Simón Díaz, le expliqué la importancia de este en la cultura de Venezuela y le canté otras canciones, hasta que se durmió. Al día siguiente, el 20 de abril, murió”.

Insistir en la vida

Muy afectada por el fallecimiento de su amiga, Yuleudis tuvo que obligarse a resolver un problema que le exigía una concentración de la que ella en esos tiempos carecía por completo. Las historias que había presentado en la escuela como argumento para el guion de su tesis fueron rechazadas. Una y otra vez. Tenía que inventarse algo distinto. “Era abril”, explica Yuleudis. “Ya en febrero había compañeros que tenían su historia aprobada y claridad de lo que iban a contar. Yo estaba de luto, con el corazón destrozado y ninguna historia que versionar como guion. Entonces se produjo una reunión de tutoría, a la que yo no pude asistir, porque estaba en el sanatorio con Norma, y los profesores les dicen a mis compañeras de equipo que debíamos tener una historia ya. Entonces, una de mis compañeras, que sabía lo que yo estaba viviendo, me dijo que por qué no contábamos esa historia. Mi historia con Norma. Y a los tutores les encantó”.

Ahora tenía que encontrar los derechos de la canción, porque todo el mundo, incluidos los profesores, estuvieron de acuerdo en que la canción debía aparecer en la trama. “Yo no tenía idea de cómo contactar a Bettsimar Díaz. Y, encima, para pedirle un favor. Conseguí un correo. Le escribí. No me contestó. Le escribí a otro correo y también se me devolvió. Conseguí su número de teléfono. Le escribí un WhatsApp y a la semana me contestó. Me dio la dirección correcta. Y el domingo 28 de mayo le escribí un email donde le contaba que iba a hacer un cortometraje de ficción, de 15 minutos… ‘Después de la muerte de Norma’, decía Yuleudis en su largo email, “decidí hacer mi tesis sobre esto y escribí un guion que habla de la historia de una cuidadora que se queda confinada con su paciente por culpa de Covid-19. En esta historia, esta cuidadora venezolana le canta a su paciente la canción del Becerrito. […] Todo mi equipo de trabajo está enamorado de la canción del Becerrito, porque su letra está integrada a la diégesis de la historia. […] Todo esto que te estoy contando, en realidad, es para hacerte una petición muy osada, ¿qué posibilidades hay de que puedas otorgarme los derechos a utilizar la canción del Becerrito en nuestro corto? Yo sé que esto tiene un valor comercial importante; sin embargo, como estudiantes no tenemos el presupuesto para acceder a algo tan increíble como una canción de Simón Díaz. Entiendo que todo esto es súper invasivo y atrevido de mi parte y entenderé perfectamente si tu respuesta, por cualquier razón, es negativa”.

Pasaron tres días, y el jueves 28 de mayo Yuleudis vio en su buzón de correo el email que esperaba con nerviosismo.

Querida Yuly

Dile a tu productora que me escriba para extender la licencia de la canción para tu corto.

No tienes que pagar nada, únicamente insistir en la vida, en el sentido de la vida, en lo importante que es y será reconstruir el país que se nos hizo cenizas, pero que aún vive en nosotros.

Un abrazo

Bettsimar”.

-No podía creerlo -dice Yuleudis-. Me eché a llorar.

Ahora está en la etapa de redacción de la tesis (escritura del guion). Espera empezar a filmar en octubre. “Yo quisiera que el papel de la venezolana lo hiciera Marisa Román. Y el de la señora, la gran actriz argentina Marta Lubos”.

Si todo sale como está planificado, Yuleudis se graduará en abril de 2021. Su película, ‘La cuidadora’, empezará una ronda de festivales y ella no tardará en ser famosa, porque, con toda seguridad, Fernando Martín Peña comentará la obra en Filmoteca, Canal 7, y no quedará nadie, en Argentina y Venezuela, que no vea una película que empezó a escribirse en 1999, cuando el país despertó y descubrió que estaba hasta las rodillas en un pantano.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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