En la aldea
22 mayo 2024

El Béisbol en Venezuela: Los héroes del ‘41 (I Parte)

Una historia que va tomando cuerpo en cada entrega y que nos hace comprender el por qué el béisbol es el deporte nacional. La Serie Mundial Amateur de Béisbol del ‘41 significó el inicio de Venezuela como selección ganadora frente a campeones de América y el Caribe, cuyos triunfos en esa justa se convirtieron en la noticia que inundó los medios en Venezuela y que no dudaron en catalogarla como toda una hazaña.

Lee y comparte

Transcurre el año 1939. Desde los primeros meses las aguas del Caribe comenzaron a recibir diversas embarcaciones colmadas de pasajeros judíos que huían de la tempestad que amenazaba a Europa. El “Caporal Bohemio”, como llamaba en claro gesto de subestimación el fallecido presidente de Alemania -Paul von Hindenburg- a Adolf Hitler, avanzaba de manera inequívoca en el camino que sumiría al Viejo Continente en un nuevo estallido bélico de carácter general. En el mes de febrero, Venezuela recibió a dos de estas embarcaciones que habían sido rechazadas en varios países de la región. Todos sus tripulantes fueron acogidos en el calor de hogares criollos. Podría uno imaginar al “Patón” Carrasquel saludando a estos viajeros desde la cubierta del barco que ese febrero lo llevaba a convertirse en el primer player venezolano en la gran carpa. Meses después, otra embarcación fue también recibida en costas venezolanas, esta vez cargada de tripulantes vascos que huían de la guerra civil española. El proceso de inmigración europea en suelo venezolano había empezado.

En 1940, el Vargas conquistó su tercera corona de la Serie Nacional de Béisbol de primera división. Ese año Venezuela participó por primera vez en la Serie Mundial Amateur de Béisbol, que celebraba su tercera edición. La primera se llevó a cabo en 1938, en Londres, con la participación de tan solo dos equipos: Estados Unidos y Reino Unido. Estos últimos se alzaron con el título cuatro juegos a uno. En realidad, los jugadores de ambos equipos eran esencialmente soldados norteamericanos con base en Europa. La segunda Serie se llevó a cabo en 1939 en La Habana, ahora sí con equipos formales. En esa ocasión, aun cuando la invitación para los juegos se extendió a doce países, solo acudieron Nicaragua y Estados Unidos, que finalizaron segundo y tercero detrás del anfitrión que resultó invicto. Se podría decir que los gringos, que terminaron últimos en las dos ediciones, sumaban ya una de plata y una de bronce, ¿no?

Las ganancias que arrojó la Serie del ‘39 motivaron a La Habana a repetir la experiencia. Así, en 1940, Cuba organizó la Tercera Serie Mundial Amateur de Béisbol, en la que siete selecciones, Venezuela entre ellas, disputaron los honores en el terreno de La Tropical. Cuba se llevó de nuevo el título con un balance de diez victorias y dos derrotas, seguido nuevamente por Nicaragua y los del norte -que ahora sí merecían su medalla- y escoltados por Venezuela en un discreto cuarto lugar, con cinco triunfos y siete reveses. El quinto puesto lo ocupó Hawaii, repleto de peloteros japoneses, seguido de México y Puerto Rico. Hawaii jamás volvería a participar como selección en un torneo mundial de béisbol.

“Abelardo Raidi recorrió el país buscando jugadores, y en el Zulia encontró el complemento perfecto para la legión de peloteros del equipo Patriotas de Venezuela que estaba reclutando”

Finalizado el campeonato local de primera división de 1941 conquistado por Patriotas de Venezuela, los esfuerzos de la Asociación Venezolana de Béisbol se concentraron en la participación del país en la IV Serie Mundial Amateur de Béisbol a realizarse por tercera ocasión en La Habana. Al periodista Abelardo Raidi, de 27 años, se le reitera el cargo de delegado de la selección, trabajo que había empezado meses antes de finalizar el torneo nacional. La experiencia del Mundial de 1940 resultó primordial para guiar los pasos que Raidi debía seguir. En aquella oportunidad, el periodista tomó nota de los detalles que perjudicaron a la novena venezolana, información que utilizó para aumentar las posibilidades de los criollos en la nueva incursión.

Luego de examinar los nombres de los jugadores que otros equipos habían llevado al torneo del ‘40, Abelardo pudo constatar que los equipos no se ajustaban por completo al espíritu olímpico en cuanto a lo que debía ser un jugador amateur. Por lo tanto, en la novena venezolana del ‘41, el periodista decidió incorporar algunos peloteros criollos que, ante la duda de si podían ser considerados de mucho rango para un torneo de esas características, no habían sido tomados en cuenta el año anterior. También, Raidi notó que el terreno en el que se desarrollaba el mundial en La Habana tenía grama en el infield, cosa inexistente en todos los estadios venezolanos de la época. Entonces el periodista hizo preparar el estadio nacional de El Paraíso, en Caracas, con las mismas peculiaridades del terreno de La Tropicana para que los jugadores se adaptaran a las condiciones en las que jugarían en Cuba.

Raidi recorrió el país buscando jugadores, y en el Zulia encontró el complemento perfecto para la legión de peloteros del equipo Patriotas de Venezuela que estaba reclutando. Así, con la ayuda de Herman “Chiquitín” Ettedgui y del promotor deportivo Juan Antonio Yanes “Yanesito”, el periodista logró ensamblar un equipo joven, repleto de brazos fuertes y jugadores versátiles capaces de cumplir más de una función en el terreno de juego. Antonio “Pollo” Malpica, quien venía de quedar campeón en la primera división con el Venezuela en el rol de manager-jugador, fue designado como el estratega de la selección.

Abelardo Raidi.

Luego de realizar varios encuentros de preparación, la selección zarpó del Puerto de La Guaira rumbo a La Habana. Al bajar del barco, Raidi se dirigió a las oficinas del organizador del torneo, el coronel cubano Jaime Mariné, quien además había sido designado durante la Serie del ‘40 como el primer presidente de la Federación Internacional de Béisbol. El objetivo del delegado venezolano era persuadir al coronel para que lo integrara a la comisión que definiría el calendario del campeonato. Una de las cosas que Raidi había aprendido durante el desarrollo de la Serie anterior era el impacto que podía tener el orden en el que un equipo enfrentaba a sus rivales, y en esta nueva oportunidad estaba decidido a influir en él. Mariné accedió y el periodista indujo al comité a aceptar un calendario que, según él decía, aseguraba mayores ganancias en taquilla. Raidi logró así un orden en el que Venezuela enfrentaría primero a las selecciones consideradas más débiles, quedando para el final las más fuertes.

El grito de playball del torneo se produjo el 27 de septiembre de 1941, con nueve selecciones participantes y con el dos veces campeón y anfitrión -Cuba- como absoluto favorito. El primer choque de Venezuela fue contra El Salvador, al que derrotó 8 por 2. Luego enfrentó a Puerto Rico, aplastándolo 12 a 1. La siguiente victoria la consiguieron frente a México, con pizarra de 5 por 2. El score de 12 a 1 se repitió en el cuarto juego, esta vez ante los Estados Unidos, que estaban a pocos meses de verse involucrados de manera formal en la guerra que se libraba en Europa, cuando los japoneses atacasen Pearl Harbor el siete de diciembre de ese mismo año. El quinto y sexto desafío fueron contra Panamá y Nicaragua, a quienes derrotaron 7-2 y 6-0, respectivamente. Venezuela llegaba entonces invicta a sus dos últimos encuentros, en los que enfrentaría a las dos novenas más peligrosas: República Dominicana y Cuba. El brazo más fuerte, el de Domingo Barboza, es escogido para enfrentar a los dominicanos, reservando así al lanzador más solvente, el “Chino” Canónico para el encuentro contra Cuba.

Venezuela cayó derrotada 4 por 2 ante la República Dominicana. Restaba entonces el desafío contra los anfitriones y favoritos del torneo, que habían vencido a todos los siete oponentes que habían enfrentado. Si Cuba ganaba era el campeón, si los venezolanos lo hacían el torneo concluía empatado en su ronda única. Sucedió lo segundo. Contra todo pronóstico, los criollos doblegaron 4 por 1 a los cubanos, con lo que forzaron a un encuentro extra para definir el torneo.

La noticia inundó los medios en Venezuela que no paraban de comentar los detalles de lo que ya se consideraba una hazaña. La definición del día del juego de desempate se convirtió en una pugna que enfrentó a la selección cubana y a la criolla en las oficinas del coronel Mariné. Esta negociación resultó determinante para el desarrollo de lo que serían las siguientes horas y el desenlace del destino de los muchachos venezolanos en La Habana, así como la de todo un país. Por el final de esta historia nos pasearemos en la próxima entrega.

Lee y comparte
La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
Más de Opinión