La cercanía del voto gravita sobre la Casa Blanca
Una de las distinciones más relevantes de la democracia es que, más temprano que tarde, el político debe enfrentar la opinión del ciudadano común en la mesa de votación. En el caso de los EE.UU., ese juicio ciudadano reverbera más allá de sus fronteras, ya que las decisiones de su poder ejecutivo se extienden a la geopolítica de regiones con intereses y objetivos propios, y estas, a su vez, reverberan en las elecciones.
Es ese contexto el que empieza a internalizar la administración Trump, que, más allá de su retórica de superpotencia, enfrenta situaciones geopolíticas en las que su intervención no resulta del todo favorable a sus intereses. Así las cosas, la Casa Blanca busca concretar resultados que puedan mostrar a su electorado como avances, tanto en el ámbito internacional como en la salud de la economía doméstica, un factor tan o más decisivo que la geopolítica antes de las elecciones de medio término en noviembre.
El precio de la gasolina es una de las principales variables que todas las administraciones estadounidenses buscan gestionar. Reducir y mantener el costo del combustible en las estaciones de servicio de EE.UU. implicaría, en la situación actual, firmar acuerdos con Irán, aun cuando ello contradiga los planes originales de la administración. Desde esa perspectiva, un acuerdo que asegure el flujo normal de petróleo y productos energéticos a nivel mundial podría justificarse políticamente si contribuye a mantener los precios de los combustibles razonablemente bajos.
Venezuela también podría formar parte de esa estrategia comunicacional. La aplicación efectiva del plan de tres fases anunciado por la Casa Blanca a principios de año, sumada a la ayuda masiva para atender los enormes daños causados por los dos terremotos del 24 de junio, ofrece elementos que podrían presentarse como avances concretos. En cuanto a la narrativa de un supuesto “milagro venezolano”, aunque la realidad esté lejos de ser ideal, la administración buscará presentarlo bajo una luz positiva para el elector estadounidense, al menos hasta noviembre de 2026. Nuestro análisis de esa situación se detalla en la sección dedicada a Venezuela.
A pesar de que estos movimientos tácticos están diseñados para la política interna norteamericana, impactan en la percepción global del mercado y de su comportamiento, debido a la convicción de que Trump hará todo lo que esté a su alcance para mantener bajos los precios del crudo y reducir los márgenes de refinación, al menos en EE.UU. Esto se refleja en el fuerte “sell-off” de posiciones en el mercado de futuros.
Mientras tanto, las petroleras norteamericanas han estado incorporando taladros y cuadrillas de fracturamiento en las cuencas norteamericanas de shale oil, lo que ha impulsado un ligero incremento de la producción en esa región.
De modo que nos encontramos en un escenario en el que se ha generado una desconexión entre el precio del crudo de entrega inmediata y los precios que los fundamentos tienden a indicar. En efecto, el precario nivel de inventarios globales, en otras circunstancias, mantendría los precios petroleros en niveles sustancialmente más elevados que los que hoy vemos, lo cual probablemente ocurrirá cuando China retorne al mercado y los ahorros coyunturales de la demanda se desvanezcan.
Mientras tanto los precios petroleros continuarán, por ahora, en un nivel que parece ser un piso de alrededor de $72/bbl en términos del crudo Brent (similar al precio preguerra), hasta que se normalice el tránsito a través del estrecho de Ormuz que ahora está en modalidad de “escape” de los tanqueros que habían estado atrapados por meses, lo cual permitirá calibrar la capacidad de abrir la producción cerrada en los últimos 100 días, actual y a corto plazo, de los países del Golfo Pérsico.
Fundamentos geopolíticos
Aunque el tránsito a través del estrecho de Ormuz tiende a normalizarse, todavía las salidas superan las entradas con creces debido a la parte administrativa de la verificación y actualización de los seguros, así como a la disponibilidad de tanqueros dispuestos a operar en esta ruta. A la inundación inicial de crudo en el mercado, le seguirá un periodo de recuperación de la producción cerrada por los países del Golfo Pérsico. Los Emiratos Árabes Unidos (EAU) (ahora sin limitaciones de cuotas) y Arabia Saudita tendrán una recuperación rápida gracias a menores cierres debido a sus accesos alternativos al mercado; Kuwait, Irak, Irán y Catar tardarán más tiempo debido a la profundidad de los cortes de producción que tuvieron que implementar, especialmente Irak, con las segregaciones de crudo más pesado y la amenaza del vencimiento del acuerdo con Turquía relacionado con el oleoducto Kirkuk-Ceyhan.
En todo caso, durante estas dos etapas de normalización e incluso más allá, los volúmenes incrementales de crudo servirán para recuperar el colchón tradicional destinado a la estabilización del mercado petrolero mediante los inventarios globales de crudo y productos. En este mismo sentido, China tendrá que volver a importar crudo, muy por encima de los niveles fijados por su disciplina económica temporal, toda vez que no se observa un decrecimiento de su economía y no está dispuesta a seguir consumiendo su reserva estratégica ni a reducir sus corridas de refinación, que limitan su participación en el lucrativo mercado regional de productos.
Adicionalmente, la guerra entre Rusia y Ucrania ha elevado el nivel de destrucción mutua, con un saldo lamentable en vidas, en instalaciones civiles y en la infraestructura ucraniana. Pero, como contrapartida, Ucrania ha provocado la mayor crisis de combustible en Rusia de las últimas décadas con sus bombardeos contra refinerías y terminales rusas, la más reciente de ellas, cerca de San Petersburgo. Al mismo tiempo, la península de Crimea, hoy bajo control ruso, se encuentra paralizada por un estricto estado de emergencia debido al desabastecimiento energético y a los constantes ataques contra sus redes logísticas y de defensa. Rusia se ha visto obligada a importar gasolina de la India y racionar el combustible.
Por si esto fuera poco, Europa está tomando medidas más duras contra tanqueros que utilizan fraudulentamente el registro de bandera de Camerún para transportar petróleo ruso, incluido el abordaje de buques en alta mar, lo que ha llevado a Camerún a eliminar 39 de estos buques de su registro y añade un escollo más a las exportaciones de crudo ruso.
En cuanto a los incrementos de producción sobre los cuales el informe de la Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés) pronostica sobre producción, encontramos que un crecimiento sostenido en Canadá no es factible debido a las limitaciones de evacuación del crudo hacia EE.UU. y a los mercados del Pacífico, al menos hasta que se construya el nuevo oleoducto de 1,0 millón de barriles por día, que tomará varios años en completarse. Brasil y Guyana contribuirán con incrementos en producción a medida que se incorporen nuevas unidades FPSO (Floating Production Storage and Offloading)
El plan de incorporación de FPSO en Guyana (bloque Stabroek) incluye las unidades Errea Wittu (proyecto Uaru), Jaguar (Whiptail) y Hammerhead, programadas para entrar en operación entre 2026 y 2029, además de un proyecto adicional propuesto para el campo Longtail para 2030. Guyana alcanzará una capacidad de producción de petróleo cercana a 1,7 millones de barriles diarios (MMbpd) para el año 2030. Por lo pronto, se estima una producción de 1,1 MMbpd para finales de 2026.
En Brasil habrá más actividad en el área de Presal con la entrada de 5 FPSO en los próximos dos años, que agregarán unos 900 Mbpd de producción, pero el país ha estado luchando con declinaciones mayores de lo estimado, lo que limita el crecimiento neto de la producción del país.
Argentina también contribuye a la ecuación del suministro incremental, con un crecimiento discreto pero sostenido, típico de las primeras etapas de desarrollo de cuencas de shale oil, como es el caso de Vaca Muerta.
Los siete países de la OPEP+, Arabia Saudita, Rusia, Irak, Kuwait, Kazajistán, Argelia y Omán, se reunieron virtualmente el 5 de julio de 2026 para revisar las condiciones y perspectivas del mercado mundial. Los siete países participantes decidieron implementar un ajuste de producción de 188 mil barriles por día a partir de los ajustes voluntarios adicionales anunciados en abril de 2023. Este ajuste se implementará en agosto de 2026. Esto no es más que una decisión nominal que brindará la oportunidad de que los países participantes aceleren su compensación por la sobreproducción previa.
EE.UU. muestra un incremento de 17 unidades en la actividad de taladros en las últimas dos semanas, según Baker Hughes. En el mismo período, Primary Vision reporta un incremento de 13 cuadrillas de fracturamiento hidráulico, lo que apunta a un leve crecimiento de la producción de crudo, que podría alcanzar los 14 MMbpd para fin de año.
En resumen, el retorno de la producción del Golfo Pérsico, la problemática rusa para mantener sus niveles de exportación y las producciones crecientes de Guyana, Brasil y, en menor grado, Argentina y EE.UU., frente a una demanda discretamente creciente e inventarios comerciales y estratégicos inusualmente bajos, no parecen conformar el esperado escenario de sobreproducción en los próximos 18 meses. Esta es la razón por la cual estimamos que los precios tenderán a incrementarse moderadamente mientras se recuperan los inventarios.
Dinámica de precios
El mercado del crudo cerró el segundo trimestre con su mayor desplome desde la pandemia, borrando la mayor parte de la prima de riesgo geopolítico acumulada desde febrero. A lo largo de la semana, los precios fluctuaron, pero mantuvieron una tendencia general a la baja, perdiendo aproximadamente un 4% en el cómputo semanal. El crudo Brent inició la semana en torno a los $73/bbl, cayó hasta un mínimo de $69.50/bbl y finalizó el viernes 3 de julio con una leve estabilización técnica en torno a los $72.12/bbl. En el caso del crudo WTI, abrió la semana por encima de los $70.69/bbl, descendió hasta tocar mínimos de cuatro meses, cercanos a los $67.00/bbl, a mitad de semana, y cerró el viernes en $69/bbl.
A diferencia del crudo, los precios del gas natural experimentaron un notable rebote y alta volatilidad, alcanzando máximos de varias semanas debido a presiones estacionales en la demanda. Los contratos de futuros de gas natural en EE.UU. operaron al alza y cerraron la semana en $3,24/MMBTU, impulsados por picos de volatilidad. En Europa, el indicador TTF del contrato de agosto se mantuvo firme y al alza, cerrando el viernes 3 de julio en 45,25 EUR/MWh. En ambos continentes, las temperaturas inusualmente altas dispararon el uso de aire acondicionado, llevando el consumo de gas para la generación eléctrica a máximos del año.
La demanda de gas natural para los terminales de exportación de gas natural licuado (GNL) en EE.UU. se mantuvo sumamente sólida. Esto se vio reforzado por los daños estructurales reportados en plantas del Golfo Pérsico (como Ras Laffan), que obligaron a los compradores globales a mirar hacia el suministro estadounidense.
Venezuela
Los terremotos sacuden la política y el plan de tres fases
Venezuela enfrenta una de las peores crisis de su historia contemporánea tras el devastador «doblete» sísmico del 24 de junio de 2026, un desastre que no solo ha generado daños humanos y materiales inimaginables, sino que también ha profundizado los quiebres estructurales del país y cambiado la dinámica política que venía desarrollándose desde el 3 de enero. La catástrofe humanitaria convive con un escenario de tutelaje estadounidense, el colapso de los servicios públicos y una creciente indignación social ante la deficiente gestión de la emergencia por parte del triunvirato que funge como interinato del Poder Ejecutivo.
El doblete sísmico sacudió el norte del país con una intensidad que lo convierte en el más mortífero de los últimos cien años en Venezuela. Afectó gravemente la zona más poblada del país: Caracas, los estados Miranda, Aragua y Carabobo y, de manera catastrófica, el estado La Guaira, declarado zona de desastre.
Las cifras oficiales reportan ya 3.342 fallecidos, 17.740 heridos y pérdidas superiores a los 12.000 millones de dólares, mientras que las proyecciones internacionales estiman daños humanos y materiales considerablemente mayores.
La coyuntura política venía transformándose drásticamente desde comienzos de año, tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses. La presidenta encargada cuenta con el respaldo y reconocimiento de la administración de Donald Trump, que afirma brindar un acompañamiento estrecho orientado a la estabilización, la recuperación y una transición por fases.
El 3 de julio se cumplieron los plazos constitucionales que otorgaban un delgado barniz de legalidad al interinato de Delcy Rodríguez, y la ausencia de una ruta política clara hacia adelante agrega aún más complejidad al escenario. Las encuestas, tanto antes como después del devastador movimiento sísmico, reflejan una profunda insatisfacción en todos los estratos sociales con el origen y el desempeño del gobierno interino.
La población ya venía cansada de los dobles discursos. Se habla de amnistía y convivencia mientras cientos de presos políticos continúan encarcelados; se habla de la triplicación de los ingresos petroleros y de fondos para la reconstrucción, pero el venezolano de a pie sigue percibiendo el mismo salario y padeciendo la precariedad de los servicios públicos.
El desastre natural cambió las prioridades. También dejó al descubierto la falta de institucionalidad producto de años de desgaste e improvisación. Figuras oficialistas como Jorge Rodríguez exigen «no politizar» la tragedia, una consigna que, en la práctica, significa no aceptar críticas. El interinato ha optado por un férreo control centralizado de los centros de acopio, de la ayuda humanitaria y de la cobertura mediática, llegando incluso a obstaculizar iniciativas privadas de recolección de insumos y de rescate bajo los escombros, lo que ha generado malestar y protestas generalizadas.
Asimismo, los terremotos socavaron la agenda electoral y la incipiente negociación de condiciones democráticas que sectores de la oposición —como Dinorah Figuera, por invitación del gobierno de Estados Unidos— mantenían con el interinato. Esos planes para reformar el Poder Judicial y el CNE han perdido relevancia tanto en Caracas como, sobre todo, en Washington.
Mientras figuras opositoras como María Corina Machado han anunciado su intención de regresar al país para acompañar a la población y agitar el tablero político en medio del creciente descontento ciudadano, el gobierno interino y la Casa Blanca han impuesto innumerables obstáculos a su retorno. Diversos medios informaron que un funcionario de la Casa Blanca calificó la intención de MCM de regresar a Venezuela en este momento como un «obsceno oportunismo político». La afirmación carece de sustento al analizar su trayectoria política y social, y deja entrever las diferencias internas dentro de la administración estadounidense respecto al caso venezolano.
Incluso antes de la tragedia, los intentos de reactivar el sector petrolero, la minería y el sistema eléctrico ya se encontraban prácticamente paralizados por la inseguridad jurídica, el deterioro de la infraestructura crítica y la opacidad en la asignación y reasignación de bloques petroleros, así como en las negociaciones para adecuar los contratos existentes al nuevo marco legal.
Ahora, la urgencia de salvar vidas y remover los escombros choca frontalmente con un modelo institucional frágil, lo que abre una etapa de profunda incertidumbre sobre el futuro político, económico e institucional del país.
En el plano económico, las necesidades de financiamiento para atender la emergencia humanitaria y reconstruir la infraestructura vial y los servicios básicos dominan la agenda, al igual que la atención de unas 25.000 personas que quedaron sin hogar. Sin duda, la mayor parte de esos recursos tendrá que provenir de organismos multilaterales, de los fondos venezolanos retenidos en cuentas administradas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos y de la ayuda internacional, en la que Washington tendrá que desempeñar un papel central como parte del acompañamiento que ejerce desde enero de 2026.
El Banco Central de Venezuela (BCV), por su parte, impulsó una acelerada devaluación de la moneda en el mercado oficial para acercarla al tipo de cambio paralelo, reduciendo la brecha entre ambos mercados a 15 %. La tasa oficial abrió la semana en 623,02 Bs./US$ y cerró el viernes 3 de julio en 652,97 Bs./US$, lo que representa una depreciación superior al 7 % en apenas una semana. El mercado paralelo (Binance), en cambio, se mantuvo relativamente estable y osciló entre 736,10 Bs./US$ y 758,93 Bs./US$ hacia el cierre de la semana.
Los indicadores macroeconómicos continúan mostrando una desaceleración de la inflación, con registros mensuales de un solo dígito (6,3 % en la medición más reciente). Sin embargo, la fuerte devaluación registrada durante la semana volvió a generar incertidumbre sobre la estructura de costos del comercio al inicio del segundo semestre.
Operaciones petroleras
Tal como reportamos la semana pasada, las operaciones petroleras continúan desarrollándose sin mayores contratiempos. De hecho, junio fue el mes de mayor producción y exportación del año.
La producción semanal promedió 942 Mbpd, distribuida de la siguiente manera:
| Región | Mbpd |
|---|---|
| Occidente | 262 |
| Oriente | 111 |
| Faja del Orinoco | 569 |
| Total | 942 |
Las refinerías nacionales procesaron 260 Mbpd de crudo y productos intermedios, con un rendimiento de 80 Mbpd de gasolina y 77 Mbpd de diésel.
En la industria petroquímica no se registran cambios en las operaciones de los complejos de El Tablazo y Morón. El Complejo de José continúa operando las mismas plantas, aunque a niveles reducidos debido a la baja disponibilidad de gas natural.
Las exportaciones de junio alcanzaron 1,17 MMbpd, de los cuales 760 Mbpd correspondieron a producción del mes y 410 Mbpd a drenaje de inventarios y reexportación de diluentes.
Las exportaciones acumuladas de los últimos seis meses indican que más de 43 millones de barriles de inventarios acumulados entre finales del año pasado y comienzos de enero de 2026 ya fueron colocados en el mercado. Restan poco más de seis millones de barriles para completar los aproximadamente 50 millones que, según estimaciones estadounidenses, existían al inicio del período de tutelaje.
Con la caída del precio internacional del petróleo, la cesta venezolana también retrocedió hasta ubicarse en 75,8 US$/barril durante los primeros días de julio. A pesar de esa disminución, la cuenta de ingresos petroleros administrada por el Tesoro estadounidense recibió cerca de 2.800 millones de dólares durante junio.
Persiste, sin embargo, la falta de transparencia en el manejo de esos recursos, un asunto que hoy resulta incluso más relevante que antes.
M.Juan Szabo, Analista Internacional de Energía Luis Pacheco, Académico no-residente del Baker Institute
