En la aldea
23 septiembre 2023

馃帴El 16 de julio, Celia Cruz entr贸 en la escena eterna

Con el nombre de 脷rsula Hilaria Celia de la Caridad De La Sant铆sima Trinidad Cruz Alfonso, ella misma escogi贸 el que sinti贸 que le cuadraba, desechando lo dem谩s; as铆 mismo hizo Celia Cruz cuando el triunfo de la 鈥渞evoluci贸n cubana鈥 en 1959. Con la postura y presencia de mujerona sabia y con car谩cter, todos la recuerdan siempre por una dulce palabra: 鈥楢aaaz煤ca鈥. Recibi贸 homenajes y premios alrededor del mundo, hasta un asteroide (5212) fue bautizado en su honor: 鈥淐eliacruz鈥. No se descarta que un d铆a se desprenda del firmamento y caiga en el mar. No cualquiera. En el mar Caribe, en cierta porci贸n donde reside una isla que entonces ser谩 libre y a la que podr谩, por fin, volver esta hija inmensa.

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Milagros Socorro | 16 julio 2020

Podr铆a ser ocioso plantearse una explicaci贸n del 茅xito de Celia Cruz, fallecida en Nueva Jersey, Estados Unidos, un d铆a como hoy, 16 de julio de 2003. Pero tiene que haberla, puesto que cuando hablamos del 茅xito de Celia Cruz hablamos de un 茅xito monumental. Un impacto planetario y, adem谩s, que es lo que cuenta, un triunfo no solo de vigencia en las marquesinas, de dinero o reconocimientos, sino en el coraz贸n de enormes audiencias que vimos en ella una excepcional figura del espect谩culo y una gran se帽ora, cuya sola aparici贸n instauraba un reino de show y de hogar a un mismo tiempo. Eso no es com煤n.

La belleza ayuda para todo. Sobre todo en los escenarios, donde los individuos est谩n expuestos a la curiosidad como un insecto bajo la lupa. Y aunque, como casi todo el mundo, Celia en su juventud tuvo muy buena figura y, en general, la gracia y lozan铆a de la mocedad, no puede decirse que sus atributos f铆sicos hubieran sido la clave de su carrera. 驴Ser铆a su voz? Vozarr贸n, m谩s bien, de contralto, con tal potencia que al rese帽ar un concierto suyo The New York Times observ贸 que Celia Cruzpodr铆a ser la 煤ltima de las grandes artistas del pop que suena como si hubiera aprendido a cantar sin un micr贸fono鈥. Y, bueno s铆, un chorro de voz te facilita el ingreso a las tablas, pero 驴te pone en las alturas a las que Celia Cruz se iz贸 y, m谩s haza帽oso todav铆a, se mantuvo por d茅cadas? Podr铆a no ser suficiente tampoco.

A ver, Celia Cruz era muy afinada; ten铆a mucha melod铆a y, digamos, sabor, capacidad de estimular al bailador, de armar la rumba; al tener un tono bajo, pod铆a interactuar con los cantantes masculinos sin tener que cantar como un p谩jaro; ten铆a mucha escena, cuando aparec铆a, con aquel vestuario exagerado, las pelucas, los zapatos arquitect贸nicos, aquellos versos probados en todas las plazas: Se oye el rumor de un pregonar que dice as铆: 鈥楨l yerberito lleg贸, lle-e-g贸 / Traigo yerba santa, pa鈥 la garganta鈥︹, ah铆 no quedaba para nadie, el p煤blico parec铆a olvidar que estaban muchos otros m煤sicos, incluso de los grandes. Era como si a un cardumen de peces dorados ingresara, flotando con majestuosidad, a una ballena.

鈥淪u primer pasaporte, expedido en 1947, lo sac贸 para un viaje a Caracas, donde, por cierto, tambi茅n hizo sus primeras grabaciones y donde, en 1987, fue reconocida con una estrella en el Boulevard Amador Benday谩n鈥

Tengo una tesis. El personaje de Celia Cruz no era, ni en el escenario ni en la vida, de reclamo er贸tico. Ni su repertorio ni su devenir privado eran los de la mujer despechada, la loca de amor, la anhelante de pasiones borrascosas ni mucho menos la amenaza para las otras mujeres, tampoco la desafiante de la masculinidad. Era, m谩s bien, la matriarca que est谩 a cargo. La mujerona sabia, con car谩cter, cari谩tide que soporta en sus hombros un mundo en conflicto, que siempre tiene la 煤ltima palabra: Pero una palabra dulce: Aaaaz煤ca.

Celia no era la amante, la devoradora, era la t铆a, la abuela, que distribuye bu帽uelos tibios embebidos en miel, cuya sola presencia instaura la casa: Una casa caribe帽a siempre llena de m煤sica, de primos que entran y salen como en un trencito de fiesta buena.

Celia era mujer de decisiones. Lo demostr贸 desde el principio. Baste pensar que su nombre de pila, el que le pusieron al nacer en La Habana, el 21 de octubre de 1925, era 脷rsula Hilaria Celia de la Caridad De La Sant铆sima Trinidad Cruz Alfonso. Y de esa retah铆la ella escogi贸 el que sinti贸 que le cuadraba, desechando lo dem谩s. As铆 mismo hizo cuando, al triunfo de la 鈥渞evoluci贸n cubana鈥 en 1959, mucha gente mucho m谩s formada que ella y con m谩s experiencia y herramientas acad茅micas para desmontar discursos y fraudes, se dej贸 engatusar por Fidel Castro y su banda, ella lo cal贸 desde el primer momento. Y tuvo hacia Castro una actitud de desconfianza y frialdad.

En el libro de sus memorias, aparecido un a帽o despu茅s de su muerte, la Guarachera de Cuba cont贸: 鈥淒urante los primeros meses de 1959 tratamos de seguir con nuestras vidas, como siempre, pero era imposible. Esos meses siguientes a la entrada de 鈥榣os barbudos鈥 a La Habana fueron de terribles angustias. El r茅gimen se apoder贸 de todas las compa帽铆as, de todos los negocios, de todas las emisoras de radio y de la televisi贸n. Al r茅gimen no le importaba la libertad de expresi贸n art铆stica para nada. As铆 que la Sonora y yo tomamos la decisi贸n de irnos a M茅xico y trabajar all铆, en donde s铆 hab铆a trabajo garantizado鈥.

Se refer铆a, naturalmente, a la Sonora Matancera, orquesta a la que se hab铆a unido en 1950, y cuyo segundo trompetista, Pedro Knight, ser铆a su marido hasta que la muerte los separ贸. En julio de 1960, ya iniciada la revoluci贸n, a la Sonora Matancera le sali贸 un contrato en M茅xico, antes de subir la escalerilla del avi贸n, Celia se volvi贸 para mirar a su madre, que le dec铆a adi贸s desde la balconada del Aeropuerto. Nunca m谩s volver铆a a verla. En 1961, cuando la se帽ora enferm贸 de gravedad, la famosa cantante solicit贸 al r茅gimen permiso para viajar a la Isla y la respuesta fue negativa. Celia Cruz era ap谩trida, 鈥済usana鈥, y no merec铆a ni el m铆nimo consuelo de asistir al lecho de su madre agonizante.

鈥淰enezuela ador贸 a Celia Cruz. La aplaudi贸, la cant贸, la acompa帽贸 hasta sus 煤ltimas visitas鈥

Fidel Castro le cobraba as铆 un episodio que la de Bemba Color谩 cuenta en sus memorias:

Un d铆a, el se帽or Quevedo, director de la revista Bohemia, me dijo que Fidel El Diablo quer铆a conocerme. 鈥楩idel te quiere conocer, dice que en la Sierra Maestra limpiaba el fusil escuch谩ndote cantar Burundanga鈥 me dijo. Le contest茅: 鈥楽i a ese se帽or le interesa conocerme, que venga 茅l a donde estoy yo鈥. En esos d铆as Fidel todav铆a se disfrazaba de buena gente. Pero hab铆a algo en m铆 que me hac铆a rechazarlo, y no me equivoqu茅. Una noche, en el teatro Blanquita de La Habana, al terminar mi n煤mero todo el p煤blico me aplaudi贸. Ni esper茅 que se acabaran los aplausos. Vir茅 la espalda y me fui porque Fidel estaba sentado en la primera fila. Al bajar las escaleras del camerino, vino el director art铆stico y me dijo: 鈥楥elia, qu茅 pena que hoy no te puedo pagar, porque t煤 has sido la 煤nica que no le ha hecho reverencia al comandante鈥. Le contest茅: 鈥楽i me tengo que rebajar para tener dinero, prefiero no tenerlo鈥鈥.

Y concluye: 鈥Conforme pasaba el tiempo, la desconfianza aumentaba. Los que un d铆a fueron amigos y a veces hasta familiares se fueron convirtiendo en esp铆as. Hermano her铆a a hermano, todo por temor a ese demonio que no es nadie sin el arma del terror. Esos diablos no nacen, se hacen. Es la gente a la que manipulan quien les da poder. Aun no entiendo por qu茅 el pueblo cubano no se dio cuenta de eso antes de que fuera demasiado tarde鈥.

No es de extra帽ar que, en 1993, cuando Celia Cruz fue incluida entre las estrellas que cantar铆an en una velada programada para la Cumbre de las Am茅ricas, en Miami, donde concurrir铆an los jefes de Estado de Am茅rica Latina y el de los Estados Unidos, Bill Clinton, al cantar la Guantanamera, aprovech贸 el solo de viol铆n para clamar: 鈥Se帽ores presidentes, por favor, en nombre de mis compatriotas, no ayuden m谩s a Fidel Castro, para que se vaya y nos deje una Cuba libre de comunismo鈥. Un gesto de valent铆a y autoridad moral que pocos han tenido.

Venezuela ador贸 a Celia Cruz. La aplaudi贸, la cant贸, la acompa帽贸 hasta sus 煤ltimas visitas. De hecho, este pa铆s hab铆a sido su primera plaza fuera de la capital cubana. Su primer pasaporte, expedido en 1947, lo sac贸 para un viaje a Caracas, donde, por cierto, tambi茅n hizo sus primeras grabaciones y donde, en 1987, fue reconocida con una estrella en el Boulevard Amador Benday谩n.

En 2002 tuvo un problema de salud, en una presentaci贸n en M茅xico. Ten铆a un tumor cerebral muy agresivo, que fue extirpado en una intervenci贸n quir煤rgica. Del quir贸fano pas贸 a la cabina de grabaci贸n para ocuparse de su 煤ltimo disco, 鈥淩egalo del alma鈥. En julio de 2003, Celia Cruz falleci贸 en su casa de Fort Lee, Nueva Jersey. Ten铆a 77 a帽os. Pero todav铆a le faltaba dar una vuelta. Tal como ella hab铆a dispuesto, sus restos fueron trasladados a Miami para recibir durante dos d铆as el homenaje de sus admiradores del exilio cubano. Concluido este ritual, fue llevada al cementerio Woodlawn del Bronx, Nueva York, ciudad donde se instal贸 en 1961.

En 1989, el asteroide 5212 fue bautizado en su honor. Se llama Celiacruz. No se descarta que un d铆a se desprenda del firmamento y caiga en el mar. No cualquiera. En el mar Caribe, en cierta porci贸n donde reside una isla que entonces ser谩 libre y a la que podr谩, por fin, volver esta hija inmensa.

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