En la aldea
21 mayo 2024

Ramón Piñango, sociólogo especialista en comportamiento organizacional, con particular interés en liderazgo. Doctor en Educación. Universidad de Harvard.

Ramón Piñango:

“La incoherencia entre la palabra y la acción le ha hecho mucho daño al liderazgo opositor”

A juicio del sociólogo Ramón Piñango las sociedades les tienen horror a los vacíos de liderazgos y tienden a llenarlos, “no siempre de la manera más feliz”. La población quiere saber dónde está parada y qué dicen los líderes.

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Alejandro Hernández | 09 agosto 2020

El sociólogo Ramon Piñango, sin rodeo alguno, clava las banderillas en un punto medular: El liderazgo. Hace un llamado categórico a la dirigencia a rescatar la credibilidad; y enciende las alarmas al decir que los “vacíos de liderazgo” las sociedades tienden a llenarlos “no siempre de la manera más feliz”.

Señala que el problema con las parlamentarias es que “no se les ha creado sentido político”, y considera que sin condiciones es un “disparate” participar en ellas. Sin embargo, tiene esperanza en que la dirigencia intente conseguir garantías que devuelvan al país al camino electoral.

A pesar de tener un doctorado en la Universidad de Harvard y décadas analizando a Venezuela, el profesor Piñango es categórico al decir que la incertidumbre marca nuestra cotidianidad. “Yo desconfío de quien dice que tiene todo clarito, porque hay que ser bien prepotente para hacer tal afirmación, en medio esta enorme confusión”.

“La base de la credibilidad es la coherencia y la capacidad para trabajar en equipo”

Ramón Piñango

Con un lapidario sarcasmo sostiene que la designación de “El Potro” Álvarez como encargado del hospital del Poliedro, no le causó ninguna sorpresa, ya que a su juicio lo verdaderamente asombroso habría sido que hubiesen nombrado a alguien con capacidad y experiencia como el epidemiólogo Julio Castro. “El régimen es absolutamente coherente en su torpeza”, sentenció.

-Pareciera que el país está en un momento muy peligroso, ¿qué valoración hace de esta coyuntura?

-Incertidumbre es la palabra clave en estos tiempos. Nos guste o no, atravesamos momentos realmente inciertos y lamentablemente el liderazgo no orienta ni genera certezas a la ciudadanía. Hoy en Venezuela hay dos aspectos clave que están condicionando a toda la población: El desastre económico y la no visibilidad de una salida política a la crisis en un plazo razonable. En medio de esto, mortifica ver a la oposición dividida y atrapada en ese juego fatal de yo te insulto y tú me insultas, que muy poco contribuye a salir de esta situación. Pero quiero insistir en que es un grave error tratar de inventar una certidumbre que no existe.

-¿Cuánta responsabilidad tiene la oposición en este cuadro de país que usted describe?

-La falta de coherencia ha creado una crisis de credibilidad en el liderazgo opositor y sin credibilidad es imposible liderar. Me preocupa mucho la dirigencia democrática, porque su incoherencia entre la palabra y la acción le ha hecho mucho daño. Un ejemplo de lo que trato de decir ocurrió a principios del año pasado, cuando aseguraron que la ayuda humanitaria entraba ‘sí o sí’, caramba, cuando yo escuché eso pensé: Esto va en serio; pero resultó que no pasó nada y ni siquiera hubo una acción proporcional a lo que se había prometido. Aunado a eso, ocurrió aquel lamentable incidente en Cúcuta y todavía no sabemos exactamente qué pasó con el dinero recaudado. Esto ha sucedido muchas veces en distintas áreas, durante los últimos tiempos y ha erosionado a la oposición. No debemos perder de vista que mientras más compleja es la situación mayor liderazgo busca la gente.

“En este momento hay una situación muy angustiante e incierta y la población quiere saber dónde está parada, pero ante esto, ¿qué dice el liderazgo? Hasta ahora nada”

Ramón Piñango

-¿Está a tiempo la oposición de revertir esta situación?

-Para eso es fundamental entender que la gente lo que espera del liderazgo es orientación, dirección o, al menos, una explicación; pero eso no está ocurriendo, ni por el lado del régimen, ni por el de la oposición. La consecuencia es que existe una confusión cada vez mayor; y es alarmante, porque las sociedades les tienen horror a los vacíos de liderazgos y tienden a llenarlos, no siempre de la manera más feliz. Otro ejemplo que me gusta resaltar cuando hablo de esto, es el alemán, porque luego de los estragos que dejó la Primera Guerra Mundial, se creó un vacío que propició el espacio para que naciera el Nazismo y emergiera la figura, despreciable, de Adolfo Hitler, que, por cierto, era un hombre cuya fuerza venía de su coherencia, porque su palabra era acción. Mi punto es que en este momento hay una situación muy angustiante e incierta y la población quiere saber dónde está parada, pero ante esto, ¿qué dice el liderazgo? Hasta ahora nada.

-Ahora el nuevo desafío son las parlamentarias y en la oposición pareciera que la decisión mayoritaria es no participar…

-El problema con las parlamentarias es que no se les crea sentido político. Me encantaría que se dieran esas elecciones, pero con las reglas que corresponden: Un Consejo Nacional Electoral equilibrado, un registro electoral limpio y una observación internacional confiable. Lamentablemente ninguna de esas tres condiciones se está dando, ojalá aún haya gente que esté conversando a ver si estos objetivos son posibles, porque sería un disparate participar sin ellos. Dudo mucho que la gente vaya a votar si no hay garantías claras, yo no lo haría. Insisto en que una gran responsabilidad del liderazgo es que la gente no se engañe y comience a creer en pajaritos preñados, sino que enfrente la realidad, aunque le cueste trabajo asumirla.

-El régimen compró una falsa oposición, mientras que la verdadera está debilitada; ¿qué incentivos puede tener Maduro para acceder a las condiciones que usted menciona?

-En este momento yo no veo ningún incentivo para que Nicolás Maduro acepte condiciones como las que te señalé; y eso está a la vista. Lo que podría pasar es que la crisis del país se agrave tanto en los próximos meses, que régimen se vea obligado a buscar una salida. Este escenario no se debería descartar.

-¿El régimen logró cambiar la mentalidad del venezolano y domesticar a nuestra sociedad?

-Yo no culpo al pueblo venezolano, responsabilizo al chavismo, que lo manipuló. La gente se siente amenazada, pero la pregunta es hasta cuándo, cuál es el límite. Yo creo que, si las cosas se llevan a ciertos extremos, la población difícilmente se la va a calar y puede reaccionar.

“La falta de coherencia ha creado una crisis de credibilidad en el liderazgo opositor y sin credibilidad es imposible liderar”

Ramón Piñango

-En el primer semestre de este año el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social registró más de 4 mil protestas, pero esto no parece inquietar a Maduro.

-Las protestas se están dando muy fiscalizadas y son de muy diversa naturaleza. La oposición no ha logrado coordinarlas ni conectarlas con su causa; eso es consecuencia del problema de liderazgo y credibilidad que hablamos antes. Hay manifestaciones de fondo y otras para exigir las pocas dádivas que les promete el régimen, hay de todo, pero trazar un límite claro entre una y otra es difícil. Lo que quiero destacar es la incapacidad del chavismo para evitar que ocurran y la imposibilidad de las fuerzas democráticas para darles dirección.

-¿Por qué ningún proceso de negociación con el régimen ha prosperado en Venezuela?

-Lo que dicen los expertos es que se debe construir una amenaza creíble. Por alguna razón, que es muy importante indagar, el régimen siente que no tiene que negociar ni llegar a ningún acuerdo. Están dispuestos a hablar paja, pero no a dar ninguna concesión de fondo. A menos que sea a la Mesita de Diálogo, pero creo eso no les va a servir de nada.

-Pareciera que Venezuela ni siquiera es “una ilusión de armonía”…

-Cuando hicimos ese libro (El caso Venezuela: Una ilusión de armonía), entre los años 1983 y 1984, veníamos de un crecimiento económico bárbaro, ahí estábamos convencidos de que teníamos para todos y de que todo era posible; sin duda éramos un país de oportunidades, pero en las últimas décadas eso desapareció. Pero es importante decir que por los efectos de la abundancia de recursos no se construyeron los mecanismos de resolución de conflictos que Venezuela necesitaba, hablo de un Congreso o una Corte Suprema de Justicia realmente imparciales y creíbles; es decir, los músculos sociales fundamentales para resolver los problemas normales de una población no se crearon y eso le abrió la puerta a la realidad que tenemos hoy, donde el uso de la fuerza tiene un peso tremendo a la hora de solucionar diferencias de fondo, y eso no es un detalle menor.

-Lo que usted describe es muy complejo y no se resuelve con la figura de un salvador o un Rómulo Betancourt contemporáneo, cómo mucha gente piensa…

Rómulo aprendió, reconoció errores y rectificó, son grandes virtudes que debe poseer un líder. Entre 1945 y 1948, a pesar de que fueron años muy importantes para el país, se cometieron muchos errores y por eso Betancourt dijo aquello de que “a nosotros no nos tumbaron, nosotros nos tumbamos”, y eso fue por el sectarismo con el que gobernó su partido. Un rasgo importantísimo del liderazgo es trabajar en equipo y Rómulo lo hizo, como político y como gobernante. La base de la credibilidad es la coherencia y la capacidad para trabajar en equipo.

-¿Y el liderazgo opositor actual rectifica y trabaja en equipo?

-Hasta ahora, evidencias públicas e importantes de rectificación no las he visto, espero que hayan existido y yo no me haya dado cuenta. En cuanto al trabajo en equipo, me parece que tampoco lo hace, pero me puede faltar información.

-¿Eso hace que la transición esté más lejos?

-Una de mis preocupaciones si ocurre una transición, es la gravedad de la situación del país que se va a encontrar quien sea que la vaya a encabezar, será un país con inmensas necesidades, pero menos recursos que nunca. Para enfrentar eso, una tarea clave es saber establecer prioridades, porque no se podrá hacer todo al mismo tiempo. Hacer un orden de prioridades y sabérsela explicar al país será muy exigente y traumático, una sola persona no lo podrá hacer. Por eso la importancia de rodearse bien y trabajar en equipo.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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