En la aldea
22 junio 2024

Carlos Cruz-Diez, el maestro del color en movimiento (© Foto: @RafaelGuillen / Articruz S.A., Panamá, 2016).

Un 17 de agosto nació Carlos Cruz-Diez, el venezolano de los colores

Pintor, escultor, diseñador, autor de obra integrada a la arquitectura y al espacio público, Carlos Cruz-Diez nació en Caracas en tiempos de Gómez. Se formó en la Escuela de Bellas Artes de Caracas y ya en 1960 se residenció con su familia en París, donde vivió desde ese entonces. Esto no fue obstáculo para que se le conociera en el mundo como artista venezolano y que hiciera aportes muy valiosos al país.

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Milagros Socorro | 17 agosto 2020

Carlos Cruz-Diez es a las artes plásticas lo que García Márquez es a la literatura, un creador de inmensa popularidad, a pesar de la complejidad de su obra.

La familiaridad de los venezolanos con la propuesta artística de Cruz-Diez, nacido en Caracas el 17 de agosto de 1923, recibió un inmenso impulso desde que su “Cromointerferencia de color aditivo”, instalada en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar, se convirtió en emblema de la dolorosa diáspora de este país. Las fotografías y reproducciones del piso y la pared central de Aeropuerto han devenido símbolo del exilio y del deseo de regresar a un país libre, como el que fuera Venezuela en 1978, cuando Cruz-Diez terminó ese trabajo.

Quizá ha contribuido también a la positiva aureola que envolvió a la figura del artista su simpatía personal y la claridad de sus posiciones. Su cordialidad quedó de manifiesto el día que cumplió 91 años, cuando levantó una copa de vino y brindó frente a una cámara. Detrás tenía una de sus Fisiocromías, experimento cinético mediante el cual se disponen listones de color, cuya vecindad los hace vibrar en el ojo del espectador.

Se ha dicho que sus hallazgos deben tanto a su larga experiencia de artista gráfico, como a su constante indagación, teórica y práctica, acerca del color (© Foto: @RafaelGuillen / Articruz S.A., Paris, 2018).

Publicó la fotografía en su cuenta de Twitter, @CarlosCruzDiez, donde pudo vérsele, a pocos años de ser centenario, sonriente, barbado, lleno de energía y, literalmente, con una bran obra detrás.

A nadie sorprendió que Cruz-Diez, aludido por la prensa internacional como una leyenda viva de la creación latinoamericana, representante cimero del Op Art y del arte cinético, tuviera presencia en las redes sociales. “A mí siempre me ha preocupado ser de mi tiempo”, se le oye decir en un video incluido en su página web, “los medios que se me ofrecen son muy distintos de los del pasado, cuando empecé a hacer el oficio de pintor”. 

Pintor, escultor, diseñador, autor de obra integrada a la arquitectura y al espacio público, Carlos Cruz-Diez nació en Caracas en tiempos de Gómez. Se formó en la Escuela de Bellas Artes de Caracas y ya en 1960 se residenció con su familia en París, donde vivió desde ese entonces. Esto no fue obstáculo para que se le conociera en el mundo como artista venezolano y que hiciera aportes muy valiosos al país.

“El arte es generoso, un artista sirve para enriquecer el espíritu de sus semejantes”

Carlos Cruz-Diez

En 1997 fue nombrado presidente de la Fundación Museo de la Estampa y del Diseño Carlos Cruz-Diez, cuyo objetivo era -ahora no se sabe- estudiar, difundir, coleccionar y conservar el trabajo de diseñadores y artistas gráficos dedicados a la estampa y el diseño.

Se ha dicho que sus hallazgos deben tanto a su larga experiencia de artista gráfico (técnica e industria del color, procesos de fotograbado, fotografía, cine) como a su constante indagación, teórica y práctica, acerca del color, un estudio que ha mantenido por el camino pictórico y por el científico. De resultas, ha aportado al arte una ruta de conocimiento sobre el fenómeno del color.

La obra de Cruz-Diez, representada en las colecciones permanentes de los museos de arte moderno más importantes del mundo, abarca tres grandes campos: Su exploración del color físico como realidad autónoma; sus intervenciones urbanas de carácter efímero y las de carácter permanente, que puede verse en distintas ciudades del planeta, donde el caraqueño ha hecho realizaciones monumentales, una escala que pocos artistas tienen la ocasión de alcanzar.

“A mí siempre me ha preocupado ser de mi tiempo” (© Foto: @RafaelGuillen / Articruz S.A., Paris, 2018).

Nada de esto detuvo al chavismo para demoler el “Muro de Inducción Cromática por Cambio de Frecuencia”, que Carlos Cruz-Diez había donado al pueblo de Vargas, en 1989, para cubrir con una obra de arte el muro gris de 2.100 metros del área perimetral del Puerto. Es “una obra para solucionar un problema urbano”, dijo el artista en su momento. Pero, en vez de apreciarla y respetarla como lo que era, un bien cultural de la Nación, entonces necesitado de restauración, el 20 de octubre de 2005, el entonces presidente de la empresa del Estado, Puertos del Litoral Central (PLC), el mayor Pedro Miguel Arroyo le dio el primer mandarriazo a la obra con el propósito de demoler la pieza cinética más larga del Continente. Ansioso por tomar su turno en el festín de destrucción, el alcalde oficialista Alexis Toledo fue el segundo en caerle a mazazos a la pared pintada, mientras una horda revolucionaria esperaba su turno para proceder con igual saña. Como escribió la periodista Nadeska Noriega, en El Pitazo, “en vez de vez de restaurar, el gobierno del Hugo Chávez prefirió tirar al suelo”.

En abril de 2017, Cruz-Diez, referente mundial del arte y de la decencia humana, escribió un “Mensaje a los venezolanos y en especial a los jóvenes”, donde decía:

Durante el régimen de terror que instauró la dictadura militar de Pérez Jiménez que me tocó vivir y padecer, era sabido que la gente, en especial los opositores detenidos por la Seguridad Nacional, padecían torturas y en muchos casos desaparecían sin dejar rastros. Yo me fui de Venezuela porque eso era una situación humillante, allí no había lugar para la cultura ni el arte. El objetivo de un militar es destruir o demoler al enemigo. Al contrario, el arte es generoso, un artista sirve para enriquecer el espíritu de sus semejantes. El arte en todas sus manifestaciones, la poesía, la literatura, la música, la danza, el teatro, la pintura, todos esos son nutrientes para el espíritu de un pueblo”.

Murió dos años después, en París, el 27 de julio de 2019, a los 95 años.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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