En la aldea
15 junio 2024

Ansiedad, tristeza y pandemia enfrenta a los venezolanos con el suicidio

El incremento de la pobreza y de la inseguridad alimentaria; el deterioro de los servicios públicos; la elevada inflación; la destrucción del empleo; la caída de la producción nacional; el aumento de la violencia e inseguridad ciudadana; aunado a la migración forzosa de los últimos años, marca lo que significa para los venezolanos mantener hoy una salud emocional estable. Desde el 1ro. de enero al 29 de junio de 2020 el Observatorio Venezolano de Violencia registró 94 suicidios, cifra que se distancia de lo conocido hasta 2018.

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Francisco Olivares | 28 agosto 2020

Detrás de las cifras por suicidio siempre hay un terrible drama, una amarga historia personal o familiar de quien acude a la muerte autoinfligida para escapar de algo que lo perturba, lo deprime y lo lleva a ese callejón oscuro en el que no hay salida hacia la luz. Es la “visión de túnel”, como lo llaman los especialistas al referirse a esas personas que han sido invadidas por pensamientos negativos que los conducen a la depresión, ansiedad, tristeza o hasta el pánico por seguir viviendo.

Esas cifras que muchas veces paralizan, asombran y escandalizan, están cargadas de un estigma, de una historia que pretende ser olvidada, tal vez enterrada junto a la víctima, que afecta a la familia, al amigo y al entorno, que muchas veces prefieren esconder la realidad y distanciarse de la tragedia.

Venezuela a partir de 2015 comenzó una estadística ascendente de suicidios que la llevó a escalar desde 3,8% por cada 100 mil habitantes a 9,7% en 2018, de acuerdo al estudio que el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) presentó el pasado mes de junio de este año. Ello implicó un aumento en la tasa de suicidios de 153%. Hasta esa fecha, el país registraba una tasa menor a la media mundial que ha sido de 10,5 suicidios cada 100 mil habitantes. Las estimaciones de los investigadores arrojaron que entre 2017 y 2018 se produjeron 2.648 y 2.889 casos respectivamente.

¿Qué está ocurriendo?

¿Qué ocurrió en el país para que se produjese ese incremento en este tipo de muerte violenta? Es una pregunta que han tratado de responder los especialistas que trabajaron en esa extensa investigación del OVV, Iris E. Terán, del estado Aragua, quien aportó sus estudios desde esa región, y Gustavo Páez, quien trabajó con sus equipos desde el estado Mérida.

En el caso venezolano, sostiene el informe del OVV, el problema va más allá́ de lo económico y trasciende a un escenario real y muy tangible de crisis humanitaria, caracterizada principalmente por el incremento de la pobreza y de la inseguridad alimentaria; deterioro de los servicios públicos; aumento de la mortalidad; elevada inflación; destrucción del empleo; caída de la producción nacional; aumento de la violencia e inseguridad ciudadana; migración forzosa hacia el extranjero; entre otros factores. Por tanto, dimensionar el impacto que ha sembrado esta situación negativa en el plano social ha sido posible gracias a la disponibilidad de información sobre las condiciones de vida de la población venezolana proveniente del proyecto Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2019-2020 con participación de investigadores de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Universidad Central de Venezuela (UCV) y la Universidad Simón Bolívar (USB).

“La depresión aparece como el principal móvil, tanto en los intentos de suicidios como en los casos de suicidios consumados”

Iris Terán, coordinadora regional OVV Aragua

Es probable que la frecuencia de muertes autoinfligidas aumenten ante la realidad que vive la sociedad venezolana en la actualidad, puesto que también son diversas las investigaciones que han abordado y demostrado el incremento de la mortalidad en naciones que han padecido contextos de crisis humanitaria; y el ascenso de las tasas de suicidios no ha sido una excepción.

Otra cifra que constituye un alerta para el país es que, durante los meses que van de la pandemia, hubo un salto mayor a lo conocido hasta 2018. Entre enero y mayo de 2020 los registros pasaron de 7 a 36 suicidios, lo que representa una variación en estos meses de 414%.

Desde el 1o de enero al 29 de junio el OVV registró 94 suicidios en Venezuela. A partir de marzo, cuando comenzó el confinamiento por la pandemia de Covid-19, hubo un aumento, principalmente en adultos, entre 30 y 64 años, y adolescentes. En enero se reportaron 7, en febrero y marzo 10 cada uno; luego en abril hubo 14, en mayo 36 y hasta el 29 de junio 17.

Un suicidio cada 40 segundos

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha venido alertando los últimos años sobre este grave drama que afecta al mundo, en el que cada 40 segundos se suicida una persona y es la segunda causa de muerte entre los jóvenes entre 15 a 29 años.

El organismo ha advertido que en la única región del mundo en donde se ha incrementado este tipo de muerte violenta es en Latinoamérica.

En su informe mundial (2010-2016) señalan que 800 mil personas mueren por suicidio cada año; más que quienes mueren por malaria, cáncer de seno o por guerra u homicidios; y lo calificó como un problema grave de salud pública mundial y advirtió que solo 38 países en el mundo tienen estrategias de prevención del suicidio.

La tristeza invade al venezolano

Yorelis Acosta, psicóloga clínica y social, investigadora Cendes-UCV en protesta, violencia, emociones, salud mental, migración, suicidios; desde 2015 se ha dedicado a estudiar el mapa de las emociones que sufre el venezolano, las cuales han reflejado con mayor intensidad las más negativas como tristeza y ansiedad.

En ese camino de la investigación, trabajando directamente con grupos de personas en varias regiones del país, se encontró con el incremento en la tendencia al suicidio en Venezuela. Ello la ha conducido a atender e investigar familias que han padecido el “estigma” del suicidio de un familiar.

Una llamada de auxilio

Recientemente cuenta la psicóloga Yorelis Acosta que recibió, a través de sus redes sociales en Instagram (@Cuidesusaludmental) y Twitter @yorelisaco, un mensaje de auxilio de un joven estudiante del interior del país.

Nos explica la investigadora que, en medio de una gran depresión, con una sensación de aislamiento, soledad y de no ser comprendido, el joven un día salió abruptamente de su dormitorio, abrió la puerta principal del apartamento, se dirigió a las escaleras y trató de lanzarse al vacío. A tiempo, otras personas logaron detenerlo en el último segundo.

La confundida familia quedó alarmada por el intento de suicidio del joven sin saber qué le ocurría. Horas antes había sostenido una discusión con sus padres; para ellos no había sido algo extraordinario. En cambio, él sentía que no tenía respuestas ni soluciones a su situación; sólo veía oscuridad.

En medio del estado de incomunicación y perplejidad familiar, alguien le sugirió su nombre. El joven le escribió y desde entonces mantienen comunicación. Explica Acosta: “Yo he decidido atender algunos pacientes. No me dedico a eso exactamente”.

“Las tragedias personales se mezclan con las heridas sociales y la tragedia del país”

Yorelis Acosta, psicóloga clínica y social

“Le hice algunas preguntas muy generales. Me contó que vive en el interior del país, estudia en la universidad pero está paralizada, no solo por el tema del Covid-19, sino por conflictos presupuestarios. Me habló de lo difícil que es conseguir una meta o trabajo en Venezuela. Las tragedias personales se mezclan con las heridas sociales y la tragedia del país”, enfatizó.

“Algo que me he dado cuenta -resalta Acosta- con este tipo de pacientes es que se sienten acompañados cuando se les atiende y escucha. En el caso de este joven se sentía muy solo e incomprendido y cuando trataba de comunicar su malestar al núcleo familiar no lo tomaban en cuenta. Al contactarse conmigo encontró a alguien que comprendía lo que le estaba pasando”.

-¿La familia no percibió las señales de alarma?

-En este caso los familiares no se dieron cuenta de sus cambios emocionales y de comportamiento. Él ya les había dicho que se sentía mal desde hacía años. De allí la importancia de que las familias reconozcan los síntomas de alarma, y pidan ayuda. Con prevención podemos bajar esos números, darles soporte. 

-¿Las familias suelen no percatarse?

-Hay tantos problemas de la vida cotidiana en que las familias están ocupadas en tratar de resolver sus problemas básicos y dejan pasar estas señales de alarma. Y luego te despiertas con ese drama. Cuando este joven le decía a sus padres: “Siento que me falta energía”. La mamá le respondía: “¿vas a seguir? cambia esa actitud”. Él comienza entonces a sentirse solo.

El joven le contó: “Yo sentía que no podía aguantar más esas cosas que me estaban pasando. Después de la discusión tomé la decisión. Ese día yo no pensaba quitarme la vida. Tampoco es que tuviera una fecha planificada. En la cabeza me rondaba esa idea desde hace años, cuando comencé a sentirme mal, hasta ese momento que lo intenté”.

-¿Cuáles son los factores más relevantes que conducen a esas decisiones extremas?

-Hay muchos elementos sociales presentes. Por ejemplo, el hacinamiento, en donde tienes que compartir el poco espacio. También hay aspectos biológicos que pueden ser hereditarios. Pareciera que cuando hay una depresión, con un estado emocional negativo, no atendido, un hecho detonante puede llevar a la fatal decisión.

Estado emocional negativo

La psicóloga Yorelis Acosta tiene cuatro años estudiando el tema de las emociones en estos tiempos de crisis. Sostiene que su estudio, en varias regiones del país, apoyada con otros investigadores, demostró que desde 2015 la tristeza era la emoción número uno del venezolano.

La también conferencista explica que las emociones tienen intensidades y si a esta tristeza se le suman problemas como las restricciones económicas propias del país, el resultado es muy grave.

Sostiene que un estado emocional negativo, más las restricciones económicas, empujaron dos variables que se dieron a partir de ese año. Uno de ellos fue la migración masiva, como efectivamente ocurrió y la otra fue el suicidio.

A este panorama de emociones negativas contribuye ahora la situación de la pandemia como nuevo factor que se agrava con la falta de medicinas, servicios de salud, inexistente atención psicológica y el drama de los servicios básicos. Todo ello hace que sea más grave la situación de los venezolanos.

Desde 2015 en adelante refiere que ha ido actualizando el estudio y que la tristeza sigue en los primeros puestos. Afirma que este año por la pandemia, hay un aumento de estas emociones, acompañada por la ansiedad y los ataques de pánico. “Es lo que observé y pude registrar en este período de pandemia”.

La crisis económica y social

El estudio de la investigadora por el estado Aragua, Iris Terán, de la OVV, concluye en su trabajo que la profundización de la crisis económica, social y político-institucional que atraviesa Venezuela parece ser el factor de riesgo de mayor peso, que podría explicar la tendencia de aumento de la tasa de suicidios en el país.

Terán indica que puede vincularse con el aumento de la negatividad o desesperanza de la población, generando estados de depresión, angustia, ansiedad e incluso agresividad que, en personas vulnerables, podrían actuar como factores predisponentes para tomar la decisión de acabar con la vida. La depresión aparece como el principal móvil, tanto en los intentos de suicidios como en los casos de suicidios consumados concluye Terán.

Jóvenes y niños

En su informe anual el OVV señala que en 2019 se registraron 88 suicidios de niños, niñas y adolecentes; 81 con edades entre 12 y 17 años, y siete menores de 11 años.

Roberto Briceño-León, director del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), explicó que las causas de suicidios ya no son solo casos particulares sino que se trata de condiciones generales, situación que le llamó la atención durante la elaboración del informe.

“En los adolescentes hay un elemento muy particular que debe estar contribuyendo y es pérdida del sentido de pertenencia, tienen un sentimiento de soledad que los podría conducir al suicidio, desde el punto de vista social y colectivo hay que determinar qué está afectando”, dijo en referencia al informe.

Para el primer semestre de este 2020 van 19 suicidios de niños y adolescentes según el registro del OVV. El hallazgo es parte del estudio sistemático. El documento fue presentado en una rueda de prensa virtual el pasado 30 de junio. Contó con investigadores de diferentes universidades del país como la Universidad Central de Venezuela (UCV) y la Universidad de Los Andes (ULA).

Acosta explica que en los niños se incrementan los factores de riesgo ante el suicidio debido a hogares disfuncionales, la personalidad de los padres con enfermedades psiquiátricas, la depresión materna, alcoholismo o esquizofrenia. En los adolescentes también influye la disfunción familiar, el abuso escolar, los fracasos escolares y el consumo de alcohol o drogas. Sin embargo, también podrían influir los conflictos amorosos, las peleas entre amigos o problemas con los padres.

La familia también se afecta

Yorelis Acosta explica que cuando en una familia ocurre un suicidio, sus integrantes requieren tratamiento y ayuda, ya que quedan totalmente afectados. Es un duelo irreparable por el factor sorpresa. No es lo mismo una muerte por vejez, enfermedad, aunque sea un niño con una enfermedad terminal. Ya que durante ese padecimiento hay una preparación de la familia para despedirse. Pero, en el suicidio, al igual que en el accidente de tránsito, no hay ese tiempo, es un impacto abrupto.

Agrega que el sentimiento de culpa acompaña ese drama. “No me di cuenta”, “sabía que se sentía triste pero yo pensé que eran cosas de ella”. Estas expresiones de los familiares forman parte de la elaboración del duelo en el que toma parte la culpa. Pero, es un proceso muy difícil para una familia porque todavía en el país hay mucho misterio y estigmas con relación al suicidio.

Sostiene que en Venezuela conocer el número verdadero de los suicidios es difícil, “deben ser muchos más de los que reflejan los estudios. Hay mucha oscuridad y dificultades porque no hay cifras oficiales; además del lineamiento de evitar hablar de este tema u ocultarlas”. En sus indagaciones en hospitales y registros sobre algunos casos ha encontrado que en los certificados de defunción, que previamente ha conseguido, no se refleja como causa al suicidio.

“No hay interés de los organismos oficiales de entenderlo, porque las cifras están subiendo y se puede hacer prevención, ya que es un hecho doloroso. Hay que saber perfilar cuáles son las características de las personas que pueden incurrir en el suicidio para reducirlo porque, más allá de esos números, es un hecho muy doloroso que afecta a una familia para siempre”, reflexiona Acosta.

Fuente gráfico: Informe del Observatorio Venezolano de la Violencia (0VV). “El suicidio en Venezuela. Crisis humanitaria y violencia autoinfligida”. Con énfasis en los estados Mérida y Aragua. Junio 2020. “El suicidio en Venezuela, cambios en su ocurrencia y frecuencia”. Gustavo A. Páez S., coordinador.

@folivares10

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