En la aldea
14 junio 2024

El Diego de Argentina

Maradona fue uno, con sus pros y sus contras, sus adicciones y excesos, pero también con su magia y su garra, cuando salía a hacer lo que mejor hizo en su vida: Jugar al fútbol. “El Pelusa” se fue hace 23 años cuando se retiró de las canchas, y el hombre hace apenas horas. La leyenda viviente que pasó sus últimos días en una soledad que nunca tuvo durante su carrera profesional, ahora será un mito eterno del fútbol, pero sobre todo de Argentina.

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Walter Molina Galdi | 26 noviembre 2020

“Es el día más triste de la historia de Argentina”, dijo el periodista deportivo Sebastián “El Pollo” Vignolo cuando, estando al aire en su programa, recibió la noticia del fallecimiento de Diego Armando Maradona, a los 60 años de edad.

Es lógico, si se piensa bien, que una persona dedicada al deporte crea que el día más triste de la historia de su país haya sido cuando el deportista más emblemático, reconocido y el que, seguramente, más alegrías ha dado, muriera. Lo que sucede con Argentina es que no se trata únicamente de los amantes del deporte, de los “futboleros” o de los hinchas, sino de todo el país.

Sí, probablemente la gran mayoría de los argentinos crean que el 25 de noviembre de 2020 ha sido sino el más, uno de los días más oscuros de la historia de su país. Una nación que ha tenido muchos días negros y tristes, sin lugar a dudas.

La noticia conmocionó a millones que de inmediato se lanzaron a las calles, a las canchas de los equipos donde jugó Maradona, al Obelisco en el centro de Buenos Aires, a la Plaza de Mayo, a las afueras de la casa del Diego y a muchos otros lugares icónicos a llorar desoladamente como si no hubiese mañana, o más bien, como si el mañana será diferente porque ya no está Maradona.

Seguramente entender este sentimiento si no eres argentino, es complicado. Y lo dice alguien que tiene tres años viviendo en este país, y 20 años disfrutando del fútbol.

Si bien todos los seres humanos tenemos algún ídolo y en muchos casos esas pasiones han desatado incluso situaciones lamentables cuando se convirtieron en obsesiones, lo que ha generado y sigue generando Maradona en los argentinos (y en los napolitanos), me atrevo a asegurar, no tiene comparación con nada.

El distanciamiento social dejó de ser una norma, el Gobierno nacional decretó tres días de duelo, los problemas del país se dejaron de lado por un rato, la “grieta” política por momentos se cerraba para lamentarse juntos y los programas de radio y televisión, todos, comenzaron a hablar única y exclusivamente de aquél hombre que, cuatro años después de culminada la Guerra de las Malvinas, se “vengara” de los ingleses con el mejor gol jamás visto en un mundial de fútbol y con aquella “mano de Dios” que genuinamente creen millones en este país, fue una obra divina.

Estas líneas las hago intentando describir lo que ha ocurrido en Argentina luego del anuncio de la muerte de Diego Armando producto de un paro cardiorrespiratorio. Una descripción que con total seguridad se quedará corta ante lo que se siente en las calles y, más aún, ante lo que será su velatorio en la Casa Rosada y luego su entierro, acompañado de millones que querrán decirle adiós al último capitán de Argentina que levantó una Copa del Mundo.

¿A quién despedirán con tanto amor y dolor? A un hombre que, como futbolista, no ha tenido ni tendrá comparación. Quien lo haga también por el hombre fuera de las canchas, sus motivos tendrá, pero como siempre ocurre, pues los seres humanos nunca seremos totalmente imparciales, no se puede hablar del deportista sin al menos decir algo sobre la persona.

Maradona fue uno, con sus pros y sus contras, sus adicciones y excesos, pero también con su magia y su garra, cuando salía a hacer lo que mejor hizo en su vida: Jugar al fútbol. Pero fue otro muy diferente en muchas facetas de su vida.

Los venezolanos no olvidaremos nunca su baile en un acto de la dictadura, justo cuando asesinaban a jóvenes en las protestas. Tampoco podremos olvidar su cara con la gorra del 4F, como si un golpe de Estado se debiera celebrar, y vaya que los argentinos sufrieron mucho por golpes de Estado en su historia. No podremos olvidar eso, así como los argentinos jamás podrán olvidar las alegrías que “El Pelusa” les dio, incluso perdiendo la final del Mundial de 1990 contra Alemania cuando gritaba “hijos de puta” a los miles que chiflaron mientras sonaba el Himno Nacional de Argentina.

El futbolista se fue hace 23 años cuando se retiró de las canchas, y el hombre hace apenas horas. La leyenda viviente que pasó sus últimos días en una soledad que nunca tuvo durante su carrera profesional, ahora será un mito eterno del fútbol, pero sobre todo de Argentina.

En este preciso momento deben estar pintando 100 murales sobre él, miles de tatuajes con su cara y renombrando calles, avenidas, canchas y cuanta cosa más se pueda, para que su nombre se repita a cada momento, cada día; el nombre: Diego Armando Maradona.

*Las fotografías y el video fueron facilitados por el autor, Walter Molina, al editor de La Gran Aldea.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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