En la aldea
18 mayo 2024

Mónica Spear (1984-2014) actriz, modelo, filántropa y Miss Venezuela 2004.

“La muerte de Mónica Spear fue en vano: nada cambió”

Al cumplirse siete años del asesinato de la actriz Mónica Spear y de Thomas Henry Berry, el padre de su hija, la periodista María Isoliett Iglesias, coautora de un libro sobre el crimen que estremeció a Venezuela, asegura que la tragedia de la inseguridad ciudadana está igual que aquella infausta noche del Día de Reyes.

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Milagros Socorro | 06 enero 2021

“De aquel Día de Reyes de 2014 a este nada ha cambiado. Absolutamente nada. Las bandas siguen actuando en la misma carretera. La carretera sigue sin iluminación, sin reparación del pavimento ni vigilancia policial. La inseguridad sigue galopante, en esa carretera y en todos los confines del país, donde se ha registrado un ínfimo descenso de la criminalidad, pero solo porque hasta los delincuentes han emigrado para huir del hambre en Venezuela”.

Este es el balance de la periodista María Isoliett Iglesias al ser consultada acerca del asesinato de la actriz Mónica Spear, quien había nacido en Maracaibo el 1o de octubre en 1984, y de su ex esposo Thomas Henry Berry, quienes fueron asesinados, en presencia de su hija de cuatro años, quien resultó herida de bala en una pierna, la noche del 6 de enero de 2014, cuando circulaban por la Autopista Valencia – Puerto Cabello.

Iglesias es coautora, con Deivis Ramírez Miranda, del libro “Capítulo final: El homicidio de Mónica Spear”, publicado por la editorial Ediciones B, en Caracas, en 2015, con una reedición aumentada al año siguiente, que incluyó el testimonio del autor material del asesinato, Gerardo José Contreras Álvarez (19), alias “El Gato”.

María Isoliett Iglesias cubrió el caso como reportera de El Universal (de “el antiguo Universal”, enfatiza) y al detectar inconsistencias en la investigación policial emprendió, con Ramírez Miranda, la pesquisa que resultaría en una publicación que llegó a agotar la edición.

Mónica era demasiado querida, no podían ocultarlo

-Este caso fue emblemático -explica María Isoliett-. Ya traíamos, en Venezuela, una situación social, política y de inseguridad ciudadana muy aguda. Un contexto de violencia ciudadana que el régimen chavista y luego madurista intentaban ocultar… y entonces matan a Mónica Spear y al padre de su hija en medio de un robo. El país amaneció al día siguiente, el martes 7 de enero de 2014, con una noticia que generó estupor en la sociedad y se convertiría en un hito en la historia criminal de Venezuela por ese dolor e impotencia que produjo.

“La víctima era una Miss Venezuela (2004), que se había convertido en actriz reconocida, con logros importantes en la escena internacional y que, además, era una imagen muy bonita de Venezuela en el mundo. Spear era una figura pública que no solo no se había visto involucrada en escándalos, sino que más bien era conocida por una sostenida labor social”.

“La inseguridad sigue galopante, en esa carretera y en todos los confines del país, donde se ha registrado un ínfimo descenso de la criminalidad, pero solo porque hasta los delincuentes han emigrado”

María Isoliett Iglesias, periodista

-Para ese momento -sigue la periodista– la inseguridad era una realidad que todo el mundo conocía, pero ante la cual las autoridades se hacían de la vista gorda e incluso trataban de censurar en los medios. Pero al empezar el año 2014, una personalidad pública, que gozaba de especial afecto entre las masas, se convierte en víctima de la violencia y entonces no pudo ocultarse un crimen que, además, distaba mucho de ser el primero. En nuestro libro no solo contamos el homicidio de los Spear-Berry, sino que también hicimos una recapitulación de muchos casos ocurridos allí y que no tuvieron difusión. Pero lo sabía la policía, los ministerios concernidos por la violencia ciudadana, así como las víctimasy sus familiares. Las autoridades saben muy bien quiénes son y dónde operan los criminales, los narcos y los secuestradores; y la ciudadanía, que también lo sabe, sobre todo en los barrios, vive en el terror que las bandas infunden y en el de denunciar sus tropelías por miedo a las retaliaciones.

Si en este caso el régimen se dio por aludido, fue porque la reacción de la gente fue demasiado intensa como para ser desconocida.

El año que acababa de terminar, el 2013, había arrojado, según cifras aportadas por la ONG Observatorio Venezolano de Violencia una cosecha de 24.763 homicidios, (79 por cada cien mil habitantes), lo que equivale a 67 víctimas de asesinato por día: Tres por hora.

Una piedra en el camino

Al pedirle un resumen del orden de los sucesos, Iglesias explica que la familia Spear-Berry venía de regreso de unas vacaciones por diversos lugares del país. “Habían partido de Mérida, donde estuvieron luego de pasar por Barinas y Lara. Era de noche. Los delincuentes, que eran seis, habían estado maquinando cómo salir a robar. Necesitaban dinero para comprar droga. Ellos solían asaltar en zonas aledañas al Barrio El Cambur, que queda en la carretera Puerto Cabello – Valencia, pero esa noche decidieron irse a la autopista, donde pusieron piedras para que, aprovechando la pésima iluminación, los conductores tuvieran que detenerse. Pasó un primer carro, que no frenó tras dar contra las piedras. El segundo carro fue el de los Spear-Berry”.

En medio de la oscuridad y de los tumbos que dio el carro al chocar contra un obstáculo que no habrán visto sino hasta el último instante, estallaron dos cauchos. El vehículo rodó unos cien metros antes de detenerse. La tragedia avanzaba entre las sombras.

-Ellos se pusieron a llamar al 171 para pedir auxilio, que no recibieron -dice María Isoliett Iglesias-. Por fin pasó una grúa, que hacía un recorrido nocturno porque estas situaciones eran costumbre. De acuerdo al testimonio de los asesinos, que recogimos para nuestro libro, cuando ya el carro estaba enganchado a la grúa y lo estaban levantando, llegaron los antisociales y dieron la voz de alto. Llegaron al carro y robaron a sus ocupantes. La niña dormía en el asiento trasero. Cuando ya se retiraban, el gruero disparó al aire. Entonces, alias “El Gato” disparó en dirección a la grúa. Los Spear-Berry quedaron atrapados en la línea de fuego. El informe de balística, por cierto, confirmaría la versión de los delincuentes.

Rápido y como sea

El funeral de los dos jóvenes (Spear tenía 29 años) se convirtió en un acto de masas. La gente lloraba en las colas que se formaron para pasar delante de los dos féretros y contemplar “a la reina” en su última aparición. Muchos periodistas venezolanos fuimos comisionados por medios extranjeros para cubrir aquel evento luctuoso.

Tal fue el impacto de aquellos asesinatos que el régimen hizo algo del todo excepcional. Maduro convocó a Henrique Capriles, entonces gobernador del estado Miranda y la figura más prominente de la oposición, puesto que había enfrentado a aquel en las elecciones de abril del año anterior, a una reunión a la que serían convidados los gobernadores y alcaldes de los 79 municipios con mayores índices de criminalidad. Desde luego, el encuentro no pasó de una transmisión televisiva en la que Maduro se comprometió a adelantar un “cronograma de trabajo para combatir la inseguridad”, cuya coordinación recaería en el entonces ministro de Interior y Justicia, Miguel Rodríguez Torres. Y con pasmosa celeridad, el Ministerio Público anunció que habían atrapado a los culpables y que en cuestión de horas comparecerían ante los tribunales.

-Fueron detenidas más de 30 personas -asegura María Isoliett-. Tenían orden de resolver el caso, rápido y como fuera.

El crimen había trascendido a los noticieros del país y estaba en los de todo el mundo, donde había quedado confirmado que Venezuela era uno de los países más peligrosos del orbe.

“Hubo operativos envolventes, hubo violaciones a los Derechos Humanos, hubo detenciones de personas que no tenían nada que ver con los crímenes (tres de esas personas inocentes quedaron detenidas y fueron asesinadas en la cárcel); y sí, también fueron detenidos seis hombres que sí estaban involucrados… pero faltaba el autor material, que quedó libre y andaba por ahí, en el estado Lara, con una cédula falsa. Al cumplirse un año del hecho, los periodistas volvimos sobre el caso y recordamos que alias “El Gato” estaba suelto. Habían dicho que el caso estaba resuelto y era mentira. En Venezuela pasa mucho eso: Las bandas tienen más de doce personas, pero las policías atrapan a tres y anuncian que el grupo está desarticulado. Los periodistas hicimos ruido, hubo un nuevo operativo y el asesino cayó”, dice Iglesias.

“El Gato” no le para a nada

El autor material del asesinato se llamaba Gerardo José Contreras. Era un muchacho de aspecto atlético, cara alargada y ojos aguarapados. Al ser entrevistado en la cárcel de El Rodeo II, por Isoliett y Deivis Ramírez, habló con soltura de la muerte de ‘Mónica’, como aludía a su víctima, como si en vez de meterle una bala en el corazón hubiera jugado a las metras con ella y con el padre de su hija.

Narró, con léxico notable por su exigüidad, su infancia de maltratos y escasa escolaridad, la presencia de un padre autoritario que no tardaría en marcar la milla. Recordó a sus cuatros hermanos, también delincuentes, uno ya muerto, los otros tres en la cana. Habló de sus primeros homicidios, siempre sin perder una sonrisa no exenta de la gracia propia de la juventud. Ofreció detalles de sus tatuajes, posó para la cámara. Chévere, como, por cierto, decía la campaña para estimular el turismo, que adelantaba el entonces ministro Andrés Izarra, para promover la temporada de vacaciones 2013.

Cinco años estaría preso alias “El Gato”. Murió de tuberculosis en julio de 2020, en la penitenciaría de El Dorado, en el estado Bolívar, donde había ido a parar tras sucesivos traslados por mala conducta.

Su muerte fue en vano

-Para mí fue muy importante que nuestro libro contribuyera a que se hubiera hecho justicia de verdad, puesto que dimos a conocer las zonas oscuras de la investigación.

María Isoliett Iglesias vive en Santiago de Chile desde hace dos años y medio. Tuvo que emigrar, dice, empujada por la censura, la falta de oportunidades y las amenazas de muerte de las que fue objeto. “Me agoté”, dice. “Me cansé de buscar formas creativas para evadir el asedio de Conatel. De saber que salía de mi casa, pero no si volvería…”.

En el teléfono, la voz de María Isoliett pierde vivacidad, sobre todo, cuando concluye: “Mónica Spear murió en vano. Nada cambió con su injusta muerte, que no impidió que ya sean más de 600 mil los venezolanos asesinados durante el régimen chavista-madurista”.

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