En la aldea
18 junio 2024

Business as usual

¿Tiene Fedecámaras intereses legítimos que defender? Sí. ¿Tiene algo de malo que se reúna con personeros del régimen que tiene 22 años decidiendo, manu militari si les da la gana, lo que ocurre en la economía del país? Claro que no. Mientras, los líderes de la oposición mayoritaria, representada en el G4 y sus aliados, esperemos que estén tomando las decisiones que conduzcan a una mejoría en su situación. ¿Lo que aquí está sucediendo, esta tragedia que a diario nos consume, no es suficiente para que pasen por encima de sus respectivas intolerancias y se pongan de acuerdo?

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Francisco Suniaga | 10 febrero 2021

Las críticas a la reunión entre la directiva de Fedecámaras y representantes del gobierno de Nicolás Maduro han sido copiosas. Una frase de las declaraciones a la prensa, dadas por el presidente del gremio empresarial, Ricardo Cusanno, para explicar la necesidad del encuentro fue particularmente destacada: “Debemos buscar soluciones con quien verdaderamente tiene el poder”. Esa afirmación, que en cualquier otro lugar podría pasar por una perogrullada extraída de un manual de autoayuda, business as usual, aquí incendió la pradera. Algo normal en el ambiente intolerante y entrópico que impera en la sociedad venezolana.

El juicio mayoritario sobre la reunión, a juzgar por las opiniones vertidas por sus críticos, es que el sector empresarial busca un arreglo con Maduro para sacar algún provecho de los proyectos económicos, siempre turbios, que planea su gobierno, bajo el paraguas de la Ley Antibloqueo. En Margarita hay un viejo dicho que grafica la situación: Nunca se sabe cuándo el pescao bebe agua. Vale decir, en Venezuela y entre los venezolanos la duda siempre es posible, cada uno puede pensar mal del otro, siempre habrá lugar para ello. Pero ese no es el único refrán aplicable, también está aquel que reza que: El hombre receloso, lo cierto lo hace dudoso.

Las críticas no habrían sido tales, o por lo menos no tan estridentes, si se hubieran leído con mayor atención, y más allá del titular, las declaraciones de Cusanno: “Fue una reunión respetuosa. Obviamente el verbo que reflejaron no era el utilizado desde hace varios años, era una narrativa distinta. Ya con esto podríamos decir que pareciera que hay voluntad cierta de solucionar, de construir esos acuerdos y consensos, pero al final esa respuesta solo la darán los hechos. Muchas veces quisiéramos sentarnos a hablar con quienes nos sentimos cómodos, pero tenemos que construir soluciones con quienes verdaderamente tienen el poder para hacerlo”. Más claro no canta un gallo, si de refranero seguimos.

Pero la política no se analiza con refranes sino con explicaciones sensatas y paradigmas racionales, dirían los politólogos. ¿Tiene Fedecámaras intereses legítimos que defender? Sí. ¿Tiene algo de malo que se reúna con personeros del régimen que tiene veintidós años decidiendo, manu militari si les da la gana, lo que ocurra en la economía del país? Claro que no. ¿Por qué no hacer algo (“construir soluciones”) para por lo menos mitigar los rigores en medio de los cuales se vive?

“¿Por qué no hacer algo (‘construir soluciones’) para por lo menos mitigar los rigores en medio de los cuales se vive?”

En el episodio del Falke, fue apresado con uno de sus barcos cargado de máuseres para los invasores, y enviado al Castillo de Puerto Cabello, un próspero pescador de Margarita, Anselmo Valerio. Apenas tuvo oportunidad, sobornó a uno de los carceleros para que al anochecer le pasara las llaves de los grillos y así, él y sus compañeros de celda, poder descansar de aquella tortura hasta la madrugada, cuando debían volver a ponérselos. ¿Qué debió haber hecho Jóvito Villalba y demás prisioneros ante esa negociación?, ¿negarse a quitarse los suyos para que nadie sospechara que ellos no estaban colaborando con la tiranía? Por favor.

Hay otra lectura asimismo importante que se desprende del episodio. La política es cuestión de percepciones y ocurre que la sociedad venezolana, Fedecámaras es solo una muestra, no percibe que los líderes de la oposición mayoritaria, la representada por el grupo de los cuatro grandes partidos y sus aliados, estén tomando, con la urgencia que se requiere, las decisiones que conduzcan a una mejoría en su situación. ¿Se reúnen, cuándo, dónde, quiénes?, ¿cuál es el plan para enfrentar la dictadura y, si no llegar, por lo menos ver la tierra prometida?, ¿lo que aquí está sucediendo, esta tragedia que a diario nos consume, no es suficiente para que pasen por encima de sus respectivas intolerancias y se pongan de acuerdo?

Más vale que vayan haciéndolo porque la necesidad de que aparezca alguien con la llave de los grillos, y atenúe las terribles condiciones en las que aquí se vive, no espera. Por lo demás, la competencia por encontrarla existe y es real; otros opositores, con otras ideas y visiones, también la están buscando. Lo intentaron en el pasado proceso electoral y fracasaron estrepitosamente, pero volverán a intentarlo en los próximos, de eso pueden estar seguros. Quién sabe, de repente les suena la flauta y así en vez de Guaidó, López, Borges, Capriles, Ramos y Rosales, como aspira la mayoría que se abstuvo en diciembre pasado, son Luis Parra, José Brito, Timoteo Zambrano y sus colegas quienes se aparecen con una ganzúa.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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