En la aldea
18 mayo 2024

La moribunda democracia: El nuevo modelo económico comunista (y III Parte)

La democracia se tambaleó porque la nueva ola de gobernantes, luego de haber accedido al poder democráticamente, necesitaba destruirla para perpetuarse en el poder. El gobierno y sus entes se sirven del capitalismo para sostener un sistema comunista de gobierno. La sociedad comunista necesita estar completamente oprimida y empobrecida. Es la única manera en que el gobierno puede implementar su visión de “sociedad libre”, donde no hace falta luchar por la subsistencia, porque el gobierno es el paternal benefactor. La participación del ciudadano en la política es necesaria si queremos proteger a las sociedades democráticas del mundo, y evitar la debacle que se avecina.

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Arturo Rivero Rodríguez | 17 febrero 2021

En las dos primeras entregas, explicamos cómo la mala gestión gubernamental y el descontento popular, aunados a la proliferación de la ideología socialista, crearon el escenario para que los partidos de izquierda tomaran el poder en Venezuela y en América Latina, a finales del siglo XX.

La democracia se tambaleó porque la nueva ola de gobernantes, luego de haber accedido al poder democráticamente, necesitaba destruirla para perpetuarse en el poder.

Si existe un rasgo de la extrema izquierda que valga la pena subrayar es su falta de principios. Para ellos, el fin último justifica los medios, y como el fin último yace más allá de cualquier horizonte de previsibilidad, los comunistas están dispuestos a sacrificarse hasta ellos mismos.

Adoctrinamiento, mentiras, demagogia, corrupción. Nada nuevo. Nada que no se haya visto antes. La única diferencia es el objetivo -el control absoluto-. Solo controlando a la población lograrán darle lo que ellos consideran que es lo mejor para su bienestar.

Para lograr el control absoluto es necesario encontrar un modelo económico sostenible. La teoría económica del comunismo, que plantea la propiedad colectiva de los bienes de producción, no es compatible con un modelo eficiente y productivo de gestión. Es por ello que la infraestructura industrial de la URSS y de Cuba sufrió al punto de destartalarse.

“El ataque al que las democracias occidentales están siendo sometidas refleja la poca solidez de sus instituciones y la vulnerabilidad de su población”

La manera que China, como país comunista, ha encontrado para ser exitoso en su modelo económico es, irónicamente, adoptando un capitalismo de Estado. El gobierno y sus entes se sirven del capitalismo para sostener un sistema comunista de gobierno.

Latinoamérica ha servido históricamente de fábrica para los Estados Unidos, con ropa fabricada en Guatemala o El Salvador, con bananas y aguacates exportados desde Costa Rica y México. Sin embargo, el grueso de la fabricación americana ocurre en China, y esto ha propulsado la economía más grande de Asia a mantener y consolidar su sistema comunista.

¿Cómo pudo el comunismo latinoamericano hacerse de un modelo económico poderoso que le permita financiarse a perpetuidad? Haciéndose un hueco en el mercado estadounidense con el único producto que China no está fabricando: La cocaína.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) son el brazo militar del comunismo en Colombia desde el año 1964, y se han encargado de secuestrar, extorsionar, bombardear y comercializar drogas bajo la excusa del antiimperialismo y de la libertad de los pueblos.

Hugo Chávez apoyó a las FARC y creó un corredor para las drogas a través de Venezuela hacia los Estados Unidos, su principal aliado comercial, para circunvalar el bloqueo y la observación puesta sobre Colombia, cuya reputación estaba ya herida por tantos años de narcotráfico a manos de los carteles de la droga.

La alianza del gobierno de Venezuela con las FARC, en nombre de la revolución socialista, tenía como objetivo oculto el financiamiento de la doctrina comunista en América Latina, patrocinando candidaturas y financiando manifestaciones violentas a lo largo y ancho del Continente. De esta manera, el narcotráfico se convirtió en el motor económico del comunismo.

La sociedad distópica que se dibuja en el horizonte

La destrucción forma parte del proceso, y es por ello que hablar de “políticas económicas sólidas” ya no suena absurdo, sino que ya directamente lo es. Lo que está ocurriendo en Venezuela actualmente no es producto de una mala gestión ni de políticas poco sólidas, es intencional. El cambio de paradigma ya ocurrió en Venezuela hace bastantes años -el control absoluto ya fue logrado-, y la debacle actual no es sino el paso siguiente.

La destrucción del aparato económico marca la destrucción de la clase económicamente poderosa; la industria se va del país, y la infraestructura es expropiada o vendida al Estado por centavos. No hay ricos ni privilegiados, sólo los allegados al régimen. A partir de ese momento, todos somos iguales. La población está sumida en la desesperanza, pero esto permite “limpiar” la economía de entes desestabilizadores y permite consolidar el poder. Los disidentes que puedan existir son purgados en esta fase, en el gobierno, en el ejército, y en la población. Ya ser venezolano no es suficiente para recibir algún beneficio del Estado.

Hugo Chávez infiltró el Ejército y el aparato de gobierno con inteligencia cubana durante sus gobiernos. De la misma manera, los módulos médicos asistenciales instalados en las zonas más desfavorecidas del país estaban dirigidos por médicos cubanos, y muchos eran parte de la inteligencia cubana que buscaba adoctrinar e identificar focos de disidencia en la población.

El gobierno de Venezuela aún maneja muchísimo dinero; tiene las arcas repletas. Simplemente 1) Es dinero sucio, fruto de la corrupción y el narcotráfico; y 2) Está destinado a fines políticos, no para atender a la población. Una vez que el sistema esté saneado, se volverá al inicio de todo. El dinero saldrá a las calles. La población volverá a vivir los momentos de bonanza del pasado, todo bajo el control y el auspicio, la mirada pícara y complaciente del gran padre Estado.

América Latina tuvo una década de socialismo galopante, con Néstor y Cristina Kirchner en Argentina; con Lula da Silva y Dilma Rousseff en Brasil; Michelle Bachelet en Chile, entre otros. Disfrutaron de los beneficios del incremento del precio de las materias primas, y exacerbaron la sensación de bienestar en la población.

Todos estos regímenes democráticos realizaron cambios en la legislación de sus países orientados a la implementación de la doctrina socialista. Todos estos cambios siguen vigentes y son solo parte de los cambios que están por venir.

Todos los políticos anteriormente mencionados recibieron apoyo económico de Venezuela. Muchos de estos políticos ya no están, pero el aparato sigue en marcha. Christina Fernández de Kirchner aún queda, es vicepresidenta de Argentina; y en España, Pablo Iglesias es vicepresidente del gobierno.

Estados Unidos está pasando por una de sus mayores crisis sociales de los últimos tiempos, con manifestaciones y la promoción del sentimiento anti-establishment, a través de diferentes plataformas enfocadas a resaltar los derechos de las minorías y la diversidad. Se han demostrado vínculos entre los promotores de movimientos como “Black Lives Matter”, el Foro de Sao Paulo y el Partido Demócrata en los Estados Unidos.

La droga que circula por Venezuela hacia los Estados Unidos tiene el doble propósito de financiar al régimen socialista y generar la descomposición social en los Estados Unidos; exacerbando el malestar en la población, para promover la necesidad y urgencia de un cambio.

El comunismo sigue muy vivo y presente, quizás latente, disfrazado de iniciativas de reivindicación social y protesta, esperando un nuevo momento para asomar la cabeza. No está apurado, porque tiene todo el largo plazo que necesita. Sus políticas son sólidas para sus fines y ya tiene un modelo económico que le permitirá sostenerse indefinidamente.

La sociedad comunista necesita estar completamente oprimida y empobrecida. Es la única manera en que el gobierno puede implementar su visión de sociedad libre, donde no hace falta luchar por la subsistencia, porque el gobierno es el paternal benefactor que provee para la población; para que al final, no haya conflicto entre la burguesía y el proletariado. El mundo post-capitalista es un mundo comunista.

La realidad cambió y las consecuencias aún están por verse. El ataque al que las democracias occidentales están siendo sometidas refleja la poca solidez de sus instituciones y la vulnerabilidad de su población.

La implicación de la población en la política es necesaria si queremos proteger a las sociedades democráticas del mundo. Debemos rescatar nuestro rol como individuos que trabajan para un mundo mejor, educando a nuestros hijos para que busquen progresar y no para recostarse del Estado. Votando, informándonos, educándonos y participando localmente en nuestra comunidad.

La responsabilidad del empresariado hacia la sociedad es hoy más necesaria que nunca. La amenaza comunista trabaja lentamente las bases de la sociedad a su favor, pero es exitosa porque históricamente ha habido una desconexión entre los entes del Estado y el empresariado. Apoyando a la comunidad donde se desenvuelve, promoviendo el empleo local, patrocinando equipos deportivos locales y donando libros para nuestros niños.

La evolución del gobierno hacia un modelo más eficiente y menos burocrático; suena imposible, pero es primordial. Entes que propulsen los mecanismos para producir ciudadanos formados, que aporten valor a la sociedad y que tengan conciencia de la responsabilidad para con el progreso del país.

Solamente trabajando unidos, la población, el empresariado y el gobierno, podremos reparar las fallas de la democracia y evitar la debacle que se avecina.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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