En la aldea
14 junio 2024

Voto y discordia

¿Qué debemos esperar del nuevo CNE? Precisamente esperar, para que nos digan cuáles son las reglas del juego. Porque hay partidos ilegalizados, hay dirigentes políticos inhabilitados, otros exiliados, hay presos políticos, hay un Registro Electoral no confiable. Votar en estas condiciones es inaceptable para la oposición más radical, y para la más inclinada a hacerlo. Entonces, ¿para qué votar? Para rescatar el valor del voto como instrumento democrático, que la gente vuelva a creer que su voto vale; y lo más importante: Esperar el desarrollo de los acontecimientos sin cantar out antes de que el pitcher lance la bola.

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Paulina Gamus | 17 mayo 2021

El quid del problema no es ahora el chavismo en el poder, que es lo que nos ha atormentado desde hace veintidós años. El régimen encabezado por Nicolás Maduro ha decidido por todas, muchas o algunas de las razones que se especulan; negociar con una parte de la Oposición (esto también sale del baúl de las especulaciones, adivinanzas o simples sospechas), la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) a todas luces más equilibrado que el anterior. La sola desaparición de Tibisay Lucena es como un soplo de aire fresco en medio del desierto. Su rostro, su voz, su figura toda podrían servir como representación de la triquiñuela, de la farsa y del caradurismo en cualquier concurso de disfraces.

¿Qué ha pasado? El encono, la furia, la denuncia y la desconfianza contra ese nuevo CNE, por decir lo más suave, provienen de una oposición fragmentada, carente de rostro y de una sola voz. De esa que anda realenga, una parte aún colgada de la figura de Juan Guaidó, otra acostumbrada al noismo de todo lo que no sea agua para su molino y otra más sin brújula ni carta de navegación.

Imaginemos a un fanático del béisbol que llega al estadio y al comenzar el primer inning ya está criticando enfurecido y a voz en cuello lo que sucederá en el noveno. Así más o menos se comportan quienes, sin dar un respiro para que  los nuevos integrantes del CNE expliquen sus planes y propósitos, ya los descalifican con los peores epítetos. Es natural que el gato escaldado huya del agua fría, y bastante agua hirviendo que nos han lanzado encima en estas más de dos décadas de pesadilla chavomadurista. Pero esta vez el régimen no ha tenido necesidad de volver a quemarnos, gran parte de los opositores -dirigentes y del común- se han dedicado a realizar esa tarea. Maduro y su  entorno deben ser divertidos espectadores de ese quilombo opositor.

“Si no entendemos que estamos gobernados por una dictadura con vocación de eternizarse en el poder (…) jamás votaremos aunque el CNE sea integrado por cinco beatos de reconocida pureza de alma”

Detengámonos un momento a tratar de entender cuáles son los objetivos del régimen al permitir -repito- ¡permitir!, un CNE mejor integrado o más equilibrado que todos los de los últimos veinte años. Creo que el primero y logrado a medias es dividir las opiniones de quienes han sido hasta ahora adversarios externos de su gobierno. Entre los europeos y también los estadounidenses hay quienes ven una rendija para la apertura democrática. Otros continúan reconociendo a Juan Guaidó como Presidente interino y denuncian la ilegitimidad del nuevo CNE. Que las opiniones estén divididas ya es algo para un gobierno que aunque no lo parezca y tenga el oxígeno por cuentagotas de Irán, Turquía y Rusia, está agobiado por las sanciones sumadas a la pandemia, que ha hecho de Venezuela un país donde la muerte por la Covid-19 campea a sus anchas y sin esperanzas remotas de vacunación masiva.

¿Qué debemos esperar del nuevo CNE? Precisamente esperar. Esperar que nos digan cuáles son las reglas del juego. Hay partidos ilegalizados, hay dirigentes políticos inhabilitados, otros exiliados, hay presos políticos (el hueso más duro de roer), hay un Registro Electoral no confiable. Votar en esas condiciones es inaceptable para la oposición más radical y para la más inclinada a hacerlo. En el supuesto de que las condiciones requeridas se respeten, ¿cuál es el objetivo de un proceso para elegir gobernadores y alcaldes?, ¿se va Maduro, regresa la democracia, terminan nuestros pesares económicos, políticos y sociales?, ¿vuelve al país la mayoría de los casi seis millones de autoexiliados? Nada de eso pasará. Si no entendemos que estamos gobernados por una dictadura con vocación de eternizarse en el poder como todos los Kim de Corea del Norte, jamás votaremos aunque el CNE sea integrado por cinco beatos de reconocida pureza de alma.

¿Entonces para qué votar? Creo que lo realmente importante de este nuevo escenario es rescatar el valor del voto como instrumento democrático por antonomasia. Es promover que la gente crea que su voto vale y sirve. Esta vez no para grandes logros, pero en el futuro pueden suceder muchas cosas.  Tengo fresca en mi memoria las palabras de Carlos Andrés Pérez a un grupo de mujeres parlamentarias, cuando Violeta Chamorro aspiró a la presidencia de Nicaragua, frente a un temible y aparentemente imbatible Daniel Ortega: “La pobre señora es apenas un ama de casa, no tiene ningún chance pero debemos ayudarla”. En medio de balazos y otros actos de violencia sandinista, y con una autoridad electoral no precisamente imparcial, Violeta Chamorro ganó la presidencia.

La primera tarea de este nuevo CNE es recuperar la confianza de los electores. A la dirigencia política hoy dividida, silenciada, dispersa, sin rumbo aparente, corresponde motivarlos para que concurran a votar y se expresen. Lo más importante: Esperar el desarrollo de los acontecimientos sin cantar out antes de que el pitcher lance la bola.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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