En la aldea
02 diciembre 2022

Andreína Mujica: “El miedo es tan democrático como la opción de defender los derechos humanos y las libertades, no reniego de él, pero no me paraliza”.

Andreína Mujica:

“Ahora soy yo quien contrademanda a Glenna Cabello Rondón, cónsul de Maduro en Francia”

La conocida periodista y fotógrafa venezolana, con cursos de posgrado y pasantías en diversas instituciones venezolanas y europeas, en este 2021 fue citada por la policía francesa, autoridades del país donde vive actualmente, por una denuncia formulada por la cónsul del régimen de Maduro en París, Glenna Cabello Rondón; quien la había acusado de haberla amenazado de muerte en una nota de Facebook, del 12 de marzo de 2019. “Yo fui liberada de inmediato porque quedó claro que la denuncia era totalmente infundada”, aclara Andreína Mujica, y enfatiza: “No es posible que viviendo en Francia, el país de los Derechos Humanos por excelencia y la democracia donde no se toleran calumnias e intimidación a un periodista, me quedara callada”.

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Milagros Socorro | 09 junio 2021

-¿Tiene usted otro nombre, algún seudónimo con el que haga publicaciones o con el que se le conozca?

La inesperada pregunta de la comisaria hizo titubear a la ciudadana Andreína Mujica Áñez, nacida en Caracas, el 27 de noviembre de 1970 y ciudadana europea de 2013.

-Ya estaban por terminar las dos horas de interrogatorio al que me habían sometido en la prefectura del Distrito 16 de París -explica Mujica- cuando me preguntaron eso.

La conocida periodista y fotógrafa, formada en la UCV (Universidad Central de Venezuela), con cursos de posgrado y pasantías de formación en diversas instituciones venezolanas y europeas, había sido citada por la policía francesa para que respondiera por la denuncia formulada por la cónsul del régimen de Nicolás Maduro en París, Glenna del Valle Cabello Rondón, quien había acusado a Mujica de haberla amenazado de muerte en una nota de Facebook, del 12 de marzo de 2019, donde Mujica denunciaba las violaciones de los derechos humanos perpetradas por la dictadura y la detención del periodista Luis Carlos Díaz. En esa publicación, Mujica aludía a la connivencia entre el consulado y la tiranía.

“Francia es una democracia, aquí no podrán manipular la justicia. No pueden pretender intimidar y calumniar a una periodista venezolana en suelo europeo”

Andreína Mujica

-¿Podría usted resumir los eventos que la llevaron a una comisaría de policía a declarar?

-El 17 de mayo del 2021 recibí en mi celular una llamada de la prefectura de policía francesa, avisando que llegaría una citación por una demanda hecha el 14 de marzo de 2019 por la cónsul Glenna Cabello en mi contra por “amenaza de muerte”. Como en estos momentos no tengo ingresos para pagar un abogado, busqué ayuda. Yo había entrevistado a François Zimeray, quien fuera embajador de Francia a cargo de los derechos humanos en Dinamarca, quien junto a Jessica Finelle son abogados registrados en la Corte Penal Internacional. Por suerte, ellos decidieron tomar mi caso en pro de la defensa de la libertad de expresión y los derechos humanos. Preparamos la defensa y el 7 de junio a las dos de la tarde (hora europea) me presenté con mis abogados para el interrogatorio. Anexamos documentos que prueban cuál es la situación de Venezuela, cuyo régimen no es reconocido en Francia, (ni en más de 50 países); y donde se exponía la curiosa paradoja de que el hermano de la cónsul, Diosdado Cabello Rondón, es el segundo hombre más fuerte en Venezuela, por cuya cabeza el gobierno de los Estados Unidos ha ofrecido una recompensa de 10 millones de dólares, pero su hermana me denuncia porque yo significo un peligro para ella y su familia.

-Si la demanda había sido hecha en 2019, ¿por qué no la vinieron a interrogar a usted sino hasta 2021?

-Tendrían muchos expedientes por delante. Este caso activó la justicia francesa porque es un deber en este país que cualquier denuncia debe seguir el debido proceso.

-¿Usted amenazó a la cónsul Cabello?

-Jamás. Ni a ella ni a nadie. Mi herramienta es escribir y hacer fotografías. En mi muro de Facebook del 12 de marzo del 2019 hay varios post donde exijo la liberación inmediata de mi colega Luis Carlos Díaz, entonces detenido por el Sebin, por cierto, órgano de “inteligencia” que maneja el señor Cabello. Dado que su hermana era ya cónsul en París, escribí el post explicando su filiación con el más alto poder en Venezuela. Dicho post (reposteado 114 veces), tuvo una ristra de comentarios, entre los cuales la cónsul destaca los de Rafael Tavarez y Rafael de Pool, quienes emplearon un lenguaje poco apropiado, a los que nadie le dio siquiera un like de respaldo. Sin embargo, ella respondió insultándome, en términos soeces, impropios para un diplomático, amenazándome y terminó denunciándome ante la ley por algo que no había hecho.

-¿Era la primera vez que usted era amenazada?

-No. A finales de los años 90, Juan Barreto, quien fuera ideólogo de la revolución y luego parlamentario y alcalde de Caracas nos amenazó a mi madre y a mí. Barreto había atacado a un amigo con un arma blanca en mi casa y yo había sido testigo del violento hecho. Haber contado lo que ocurrió me hizo ganar un enemigo de peso en el chavismo. Luego, en 2010, Anastasia Mazzone me envió un email con un lenguaje muy bajo al descubrirse su relación con Wilmer Ruperti; su hermana hizo uso del Messenger de Facebook advirtiendo que me haría todo el daño posible… Y yo sigo sin entender porqué pensaron que yo había tenido algo que ver en la divulgación de ese romance si yo no vivía ya en Venezuela, y no tenía idea. Aún guardo las amenazas.

-¿Usted insultó a la cónsul Cabello Rondón?

-Jamás. Yo no insulto. Primero, porque soy muy respetuosa de la lengua y luego porque solo con decir “representante de un régimen con tal cantidad de demandas internacionales por violaciones de derechos humanos”, es suficiente para dar la catadura de alguien.

-¿Ha tenido usted algún contacto con la señora Cabello?, ¿la conoce?, ¿han coincidido en algún lugar o evento?

-No. En mi vida la he visto en persona. Solo sé lo que de ella documenta la Poderopedia: que Glenna Cabello (26-12-1959) es consejera de la Misión Permanente de Venezuela ante la ONU; y que es hermana del presidente de la AN y vicepresidente Psuv; así como José David Cabello, ministro para Industrias, director del Centro Nacional de Comercio Exterior (Cencoex) y superintendente Seniat. La trato como cónsul de Venezuela, porque ese es su cargo, no por otra cosa. Es a ella a quien se le debe exigir respuestas de las acciones del Gobierno que representa en el país donde hago vida, como periodista y como ciudadana.

-¿Por qué hizo usted esa publicación?

-Es mi deber denunciar los atropellos a la libertad de expresión y la persecución a la prensa y a los periodistas. Para empezar, lo aprendí en mi casa. Mi padre fue un hombre de principios, de valores democráticos, fundador de sindicatos y del Colegio Nacional de Periodistas; fue preso y torturado en la dictadura anterior. No es posible, pues, que viviendo en Francia, el país de los Derechos Humanos por excelencia y la democracia donde no se toleran calumnias e intimidación a un periodista, me quedara callada.

“Mi padre había sido perseguido por la dictadura del general Pérez Jiménez. No creía que los militares pudieran regir democráticamente un país”

Andreína Mujica

-Su padre, el escritor y periodista Héctor Mujica, fue candidato a la Presidencia por el PCV. ¿Tuvo alguna simpatía o respeto por Hugo Chávez?

-Papá siempre manifestó reservas frente a Chávez por venir del ámbito militar. No olvidar que mi padre había sido perseguido por la dictadura del general Pérez Jiménez. No creía que los militares pudieran regir democráticamente un país. Al comienzo de la Presidencia de Chávez, este lo llamó en vivo por ‘Aló Presidente’, (se ve que no previeron que papá se mostraría crítico) y papá, que lo aludió diciéndole “muchacho”, dejó claro que despreciaba profundamente el hecho que la izquierda llegase al poder a través de un militar. Tal vez por eso, mi padre ha sido borrado de la historia por el chavismo, lo cual para mí es un gran honor.

-Su hermano, Héctor Michel Mujica Ricardo, fue nombrado embajador en Francia en 2013 (y despedido por gaceta oficial en diciembre de 2020). Trabajó con Glenna Cabello y, de hecho, en mayo de 2017 ambos denunciaron ataques contra los diplomáticos venezolanos en Francia y “la revolución bolivariana”. ¿Cuál ha sido su reacción ante la denuncia contra usted?

-Mi hermano Michel no se comunica conmigo desde mayo de 2017, cuando le remití una carta pública. En esa misiva le decía: “Tú, como embajador designado en los tiempos de Maduro; sí, Nicolás, el dictador más perverso, cínico y desalmado en la historia de las dictaduras de nuestro querido Continente, te pido que te pronuncies en favor de la democracia, aquella por la cual nuestro padre dejó pegada su salud a punta de torturas, electricidad en los testículos, mientras su cuerpo colgaba sobre un rin afilado para cortar sus pies por cansancio. Mi padre, nuestro padre, no soportaría tantas muertes, tantas torturas, tal injusticia. […] Estos muertos [me refería a las decenas de venezolanos que Maduro había asesinado, herido y encarcelado en el marco de las protestas de 2017] son los nuestros, son tuyos y míos, pero yo no ostento una posición en el poder; tú sí, hermano, y confío en tu rectitud, en tu honestidad. Es preciso que te pronuncies. Es decir, debes ayudarme, ayudarnos y ayudarte. Tienes cinco hijas, mis sobrinas, cuatro nietos, que no merecen cargar con la vergüenza de un padre y abuelo que se quedó en silencio ante la barbarie”. También le recordaba que Octavio Paz había renunciado al mismo cargo, en India, 48 horas después de la matanza de estudiantes en la Plaza de Tlatelolco. Pero Michel no renunció. Maduro lo despidió en diciembre de 2020. Su respuesta para mí fue muy dura. Me prohibió acercarme a él y a sus hijas en París, donde siguen residenciados, lo cual he respetado.

-¿Usted espera un gesto de simpatía de su hermano ahora que el chavismo ha dirigido su maquinaria de persecución a periodistas y opositores hacia usted?

-Qué más quisiera. Mi hermano Michel, como siempre le hemos llamado, no Héctor, pues así crecimos, cambió con su designación como embajador. Siempre había sido un hombre dulce, solidario. Una vez que mis padres murieron, él era como un papá, teníamos las mejores relaciones. Mi carta pretendía apoyarlo para que saliese del infierno que es ser funcionario de un régimen totalitario en nuestro país. Michel es un profesor universitario muy respetado, un excelente sociólogo, cómo y porqué terminó siendo representante diplomático sin tener la carrera, solo lo sabe él… por mi parte, lo respeto. Cuando termine la pesadilla en Venezuela, espero poder ayudarle. No soy ni seré verdugo de mi hermano. Conservo sus mensajes y también los míos solo para garantizar que no serán adulterados por nadie. Pero soy incapaz de ir contra mi familia; y, por doloroso que sea, entiendo que ellos se hayan apartado de mí. Estamos hablando de un secuestro de país, más de dos décadas con un mismo gobierno, con presos políticos, activistas políticos perseguidos y encarcelados. A nadie le pido que se pronuncie a mi favor, pero sí espero que comprendan que tengo una posición política muy clara y firme, que creo en la democracia y en la defensa de la libertad de expresión y el respeto a los derechos del hombre. Como le dije a Michel en mi carta: No tengo otra salida. Callar es morir un poco.

-¿Tiene usted miedo?

-El miedo es tan democrático como la opción de defender los derechos humanos y las libertades, no reniego de él, pero no me paraliza. Me activa. Mi padre sufrió las torturas de una dictadura y hasta el día de su muerte padeció las secuelas de los golpes, la electricidad en los testículos, los planazos en la espalda. Los intensos dolores le quietaron la capacidad de caminar. Ni la morfina lo calmaba. Yo vi su sufrimiento, estuve con él en vísperas de su muerte. Nadie hará que olvide eso ni que deje de honrar su ejemplo y su memoria.

-Su abogado, el célebre François Zimeray, declaró que: “Mientras los medios de comunicación independientes en Venezuela son objeto de la brutal represión, en todo el mundo, la red diplomática venezolana se utiliza para la intimidación selectiva de periodistas y opositores”. ¿Piensa irse de Francia?

-No. En todo caso, no por eso. Yo viajo por trabajo y por ver a mis amigos y sus hijos. El régimen nos expulsó del país donde hubiéramos hecho una vida en cercanía, pero lucho contra ese designio del autoritarismo visitándolos. Tengo un principio en la vida, heredado, y es la amistad. París me dio un nuevo hogar, pero no puede darme los afectos de la universidad, de los tiempos de colegio… Mantengo las amistades de mi vida, muchas de ellas de 40 años o más.

-Finalmente, ¿qué salió de ese interrogatorio en la policía?

-Como afirmó mi abogado, en reciente declaración, yo fui liberada de inmediato porque quedó claro que la denuncia era totalmente infundada. “Estamos considerando presentar una denuncia contra la cónsul por denuncia calumniosa”, dijo el abogado Zimeray. Así, pues, ahora soy yo quien contrademanda. Con toda seguridad, acostumbrados como están a hacer lo que les da la gana en Venezuela y a usar la “justicia” para oprimir y avasallar, no esperan que la justicia francesa actúe de manera imparcial. Pero Francia es una democracia, aquí no podrán manipular la justicia. No pueden pretender intimidar y calumniar a una periodista venezolana en suelo europeo. No me voy a quedar de brazos cruzados, yo no subestimo la maldad del chavismo.

-¿Qué respondió cuando le preguntaron si era conocida por otro apelativo?

-La verdad: me llaman Peluche.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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