En la aldea
19 julio 2024

Carta abierta al profesor Abraham F. Lowenthal

El pasado 16 de septiembre, La Gran Aldea publicó una “Carta abierta al profesor José Ignacio Hernández”, en respuesta al análisis basado en un reporte publicado por el Wilson Center sobre “cómo reorientar la estrategia para la transición democrática en Venezuela”. En esta ocasión es nuestro columnista quien le responde, con su experiencia de primera mano, al profesor Abraham F. Lowenthal: “Con la transición entre Chávez y Maduro, los venezolanos comprendimos que siempre hay espacio para el retroceso democrático. (…) El cambio de régimen no es un objetivo eventual, sino una cuestión de subsistencia”.

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José Ignacio Hernández G. | 27 septiembre 2021

Estimado profesor:

He leído sus comentarios sobre mi breve ensayo en La Gran Aldea el 28 de agosto de 2021, en el que analicé su informe publicado por el Wilson Center, “Venezuela’s Elusive Transition: Towards a New Path”. Es un gran honor que haya decidido escribir sobre mi ensayo.

Debo aclarar que mi intención no era desestimar la pertinencia de su informe, considerando que, aunque la oposición venezolana ha intentado la mayoría de los pasos que usted recomienda, la transición no se ha logrado. Todo lo contrario, su informe es particularmente relevante, precisamente, pues ayuda a entender por qué, a pesar de todos los esfuerzos, Nicolás Maduro sigue en el poder.

Como usted dice, estamos de acuerdo con respecto a los objetivos generales de la compleja transición venezolana. Además, estoy de acuerdo con la ruta de transición general que usted diseñó. Mi principal interés, por lo tanto, es entender por qué, a pesar de la estrategia implementada recientemente, la crisis venezolana se ha agravado.

Su carta menciona tres razones que podrían explicar el fracaso de la estrategia de transición implementada desde 2019. Basándome en mi experiencia personal con esa estrategia, puedo agregar algunas consideraciones a su valioso análisis.

La primera razón es “la insistencia de la oposición en poner fin a la ‘usurpación de la presidencia’ como primer paso, en lugar de proponer un cambio de régimen como un objetivo eventual a alcanzar en etapas mediante procedimientos acordados”.  Como he explicado, el “cese de la usurpación” fue uno de los elementos más confusos del Estatuto de Transición de 2019. La intención original del Estatuto de Transición era resaltar que la transición requiere la reducción del espacio de facto de Maduro para permitir la restauración gradual del orden democrático. El “cese de la usurpación” se refería a esa restauración gradual y no a un momento instantáneo en el que Maduro dejaría la Presidencia.

Además, sacar a Maduro de la Presidencia no era el único objetivo para alcanzar, pues el problema era -y sigue siendo- la permanencia del régimen autoritario-populista. Con la transición entre Chávez y Maduro, los venezolanos comprendimos que siempre hay espacio para el retroceso democrático, con lo cual la hipotética salida de Maduro podría dar lugar a un deterioro incluso mayor.

En cualquier caso, el fin del régimen autoritario-populista es necesario para evitar el creciente colapso de Venezuela y poner fin a la Emergencia Humanitaria Compleja. Lo que está en juego no es la democracia de Venezuela -que, como concluyó el profesor Steven Levitsky, está muerta- sino la existencia de Venezuela como un Estado funcional. El cambio de régimen no es un objetivo eventual, sino una cuestión de subsistencia.

La segunda razón que menciona en tu carta para explicar el fracaso de la estrategia de transición de 2019 es que la oposición decidió apoyarse “en sanciones internacionales y posible intervención militar extranjera para forzar el colapso del gobierno de Maduro”. Como explico en mi breve ensayo, el apoyo internacional a la transición venezolana podría haber creado incentivos para depender exclusivamente de ese apoyo en lugar de construir las condiciones domésticas para la transición. Sin embargo, ello sería más una desviación de la estrategia de transición definida en la Estatuto que una condición del diseño institucional (véase el Art. 6).

Sin embargo, es imposible avanzar en la compleja transición venezolana sin el apoyo de la comunidad internacional, pues Venezuela es un Estado frágil en el que las organizaciones criminales han cooptado a las instituciones. El único problema que debe resolverse en Venezuela no es la transición democrática, sino también la transición del Estado frágil y criminal al Estado funcional bajo el imperio de la Ley. Para lograr ese objetivo y, en particular, para hacer frente a la Emergencia Humanitaria Compleja, el apoyo de la comunidad internacional es indispensable.

Por supuesto, la comunidad internacional no puede resolver, por sí sola, todos los problemas de Venezuela. Pero los venezolanos tampoco. El tiempo en el que el pueblo venezolano tuvo la oportunidad de promover por sus propios medios la transición democrática y económica ya pasó.

Finalmente, según su carta, la tercera razón que explica el fracaso de la estrategia de 2019 es que la oposición exigió “elecciones presidenciales libres y transparentes en menos de un año, sin ningún medio para imponer ese objetivo”. De acuerdo con el Estatuto de Transición, es necesario aclarar que las elecciones presidenciales deberían haberse convocado dentro de los doce meses posteriores al “cese de la usurpación” (Art. 26). En cualquier caso, y estoy de acuerdo con usted, los medios para lograr ese “cese” (bajo el concepto flexible ya explicado) no se explicaron adecuadamente. Eso creó la falsa idea de un deus ex machina que promovería la transición.

Con una perspectiva más amplia, es necesario considerar que los medios para lograr el primer paso -la restauración gradual del orden constitucional para allanar el camino para una transición democrática- no comenzaron en 2019. Al menos desde 2016, la oposición democrática adoptó una estrategia para aumentar el costo de la represión y reducir el costo de la tolerancia, siguiendo la tesis de Dahl. Por ejemplo, para aumentar la presión, la oposición organizó protestas masivas que fueron brutalmente reprimidas por Maduro. Y para reducir el costo de la tolerancia, la Asamblea Nacional propuso un sistema de justicia transicional, una iniciativa bloqueada por el Tribunal de Maduro.

Ahora, por el lado de la oposición democrática, estoy de acuerdo en que se introduzcan varios cambios, como usted ha sugerido. Sin embargo, ese diagnóstico es incompleto pues solo se centra en el lado de la oposición. También es necesario considerar el otro lado de la ecuación: El régimen de Maduro.

Maduro no es solo un régimen autoritario o no-democrático. Es aún peor: un régimen depredador con una élite responsable de graves violaciones de los Derechos Humanos. Asimismo, y como consecuencia del colapso del Estado venezolano, la élite de Maduro está apoyando al crimen organizado, por ejemplo, respecto a las actividades ilícitas en la industria del oro, como se explicó recientemente en un informe de la OCDE. Esa evidencia presenta a Venezuela como un Estado frágil, con instituciones débiles cooptadas por el crimen organizado. La Emergencia Humanitaria Compleja y la crisis masiva de refugiados y migrantes son otras pruebas de ese colapso.

No es posible arreglar el frágil y criminal Estado de Venezuela con una estrategia de transición democrática. Incluso si se eligiera un gobierno democrático, Venezuela seguiría siendo un Estado frágil. Los pasos que usted recomendó son, sin duda, condiciones necesarias para avanzar en una de las aristas de la compleja transición venezolana, a saber, la democrática. Pero también es esencial implementar una estrategia para avanzar en lo que es, en mi opinión, la arista más desafiante: la transición del Estado frágil y criminal al Estado capaz bajo el Estado de Derecho. En mi experiencia personal, un elemento clave para entender por qué Maduro sigue en el poder es el nivel de criminalidad de la élite que está usurpando su Gobierno de facto. En mi caso, puedo reconocer que en 2019 subestimé ese nivel.

Finalmente, puedo asegurarle que apoyaré todos los esfuerzos legítimos para avanzar en la compleja transición en Venezuela, en especial, para detener el deterioro gradual y la criminalización del frágil Estado venezolano. Eso incluye las negociaciones en México, respecto de las cuales he decidido no hacer ningún comentario público, para contribuir al ambiente neutral que requiere cualquier negociación. 

El objetivo común de todo el pueblo venezolano, a pesar de las diferencias políticas, debe ser detener el colapso y las violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos sin promover la impunidad, pero evitando la venganza. Como dijo San Juan Pablo II,no puede haber paz sin justicia y no hay justicia sin perdón.

Una vez más, aprecio sus preocupaciones sobre mi país y sus ideas para resolver una crisis dinámica y compleja. Es un honor tener la oportunidad de intercambiar ideas con usted. Espero con interés continuar este diálogo.

Atentamente,
José Ignacio Hernández G.
23 de septiembre de 2021

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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