En la aldea
22 mayo 2024

En Barinas está en juego un ícono indiscutible para el chavismo

“El régimen sabe lo que se juega en esta segunda elección en Barinas. Espero que la oposición también lo sepa. Más allá de su modesta población electoral, la carga simbólica de otra derrota del chavomadurismo -esta vez más contundente y aplastante- en la tierra donde nació Hugo Chávez y ha mandado su familia desde 1999, tendrá repercusiones importantes para el futuro de Venezuela. Y no estoy exagerando”. ¿O hay otra forma de explicar la eficacia de un gobierno, como no sea analizando su duración en el tiempo y los recursos de que dispuso?

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Gehard Cartay Ramírez | 10 diciembre 2021

La reciente derrota de la Dinastía Chávez en Barinas es la resultante de sus largos 23 años al frente de la Gobernación y algunas alcaldías de esta entidad federal, tiempo durante el cual muy poco hicieron en beneficio de la región y, en cambio, agravaron todos los problemas y crearon otros que no existían cuando llegaron al poder.

Por esa razón fundamental, el gravísimo revés electoral sufrido por los Chávez en su región natal lo que demuestra es el hartazgo de la inmensa mayoría de los barineses ante su desidia, ineptitud, incapacidad y corrupción durante más de dos décadas como gobernantes de una región antes promisoria y progresista, y hoy arruinada y estancada como pocas veces antes. Y demuestra también una carga simbólica, pero también posible: la de que es factible salir del chavomadurismo -algo que muchos creen improbable-, si se conjugan los factores necesarios para lograr tal objetivo. Allí radica la verdadera fuerza de la derrota de la dinastía Chávez en su región natal.

Cualquier observador superficial que estudie los resultados electorales del pasado 21 de noviembre en Barinas podrá constatar que dos de cada tres electores sufragaron en contra del chavismo regional y que, de no haber surgido la candidatura presentada por los partidos “alacranes”, la diferencia a favor del gobernador electo Freddy Superlano hubiera sido abrumadora. Y todo ello a pesar de una importante abstención -apartando la que pudiéramos llamar histórica o tradicional-, también debida, en su mayor parte, a esa especie de rebelión ciudadana producida por la desconfianza que tienen muchos venezolanos en el actual sistema electoral.

“Ahora el régimen está ofreciendo operativos gigantescos de puro maquillaje a la región barinesa, destruida y arruinada por ellos mismos, para tratar de hacer en estas próximas semanas lo que no hicieron en 23 años”

Por donde se le analice, medidos tanto el tiempo en que ejercieron el gobierno regional como en lo que respecta a los considerables recursos presupuestarios que manejaron desde 1999 -todo ello sin mencionar que durante buena parte de este prolongado tiempo los gobernadores eran padre y hermanos del entonces presidente de la República-, fácilmente se puede llegar a la conclusión de que sus gestiones estuvieron muy por debajo de las expectativas que crearon en su momento.      

Cuando cada uno de ellos fue elegido y reelegido (el padre en 1998, 2000 y 2004; Adán, el hermano mayor, en 2008 y 2012; y Argenis, electo en 2017 y derrotado en 2021), la mayoría de quienes votaron por ellos lo hicieron pensando que Barinas saldría ganando, dados sus vínculos familiares con Hugo Chávez Frías, entonces todopoderoso presidente de la República en una época de bonanza económica como pocas veces vivió Venezuela antes.

Porque era lógico suponer que, en estas circunstancias, la elección continua del padre y luego de los dos hermanos como gobernadores podía ser beneficiosa para la región. Eso no tiene discusión, sobre todo si se toma en cuenta que cada presidente venezolano, a su turno, ha hecho cosas importantes por su terruño natal.

Sin embargo, en el caso de los Chávez, su elección no resultó tan auspiciosa como lo esperaban sus paisanos. No puede olvidarse que Chávez ha sido el único presidente titular barinés en la historia venezolana. Antes hubo algunos encargados provisionalmente, pero nunca un nativo de Barinas ocupó la primera magistratura nacional por tan largo tiempo y con tanto poder y recursos. Apenas los generales Antonio Guzmán Blanco en el siglo XIX y Juan Vicente Gómez en el siguiente lo superan como los presidentes que por más tiempo ejercieron el poder en Venezuela.

“Todo un ejercicio portentoso de cinismo y demagogia con el único propósito de revertir su derrota del 21N, maniobra frente a la cual la unidad democrática no puede descuidarse y mucho menos subestimarla”

De modo que, desde este punto de vista, la entidad regional tenía lógicas expectativas con su elección como presidente. Lamentablemente, esas esperanzas se esfumaron, no solo en Barinas, sino en toda Venezuela. Así se perdió una oportunidad extraordinaria, no únicamente para trabajar en función de sus promesas electorales, sino también para haber iniciado una nueva era de progreso y desarrollo en nuestro devenir histórico y especialmente en su región.

En el caso del estado Barinas el balance de estos 23 años es realmente negativo: entre sus escasos logros más importantes estarían, por ejemplo, el central azucarero de Sabaneta, nunca concluido, ni puesto en marcha; la culminación del Hospital Materno Infantil, iniciado en 1994 durante mi gestión como gobernador; el nuevo Estadio La Carolina y la construcción de algunos programas de vivienda. Del resto, no hay más nada importante que resaltar.

La verdad es que -insisto- a pesar del largo tiempo y de la cantidad de recursos manejados entonces, se puede concluir que no hubo, realmente, una obra de beneficio colectivo como la que esperaba el pueblo de Barinas con la familia Chávez al frente del gobierno regional y de uno de ellos en la presidencia de la República. Y es que no hay otra forma de explicar la eficacia de un gobierno, como no sea analizando su duración en el tiempo y los recursos de que dispuso.

Por desgracia, entre 1999 y 2021, la región retrocedió en todos los sentidos porque no se ejecutó un plan de gobierno que, al menos, enfrentara las dificultades más acuciantes que la afectaban. Problemas cruciales como la pobreza crítica; la marginalidad; el desempleo; el declive en la producción agropecuaria; la salud; la pésima vialidad rural; la inseguridad; las invasiones; confiscaciones y despojos de fincas agropecuarias a manos de malandros apoyados por las autoridades; los ineficientes servicios públicos; la escasez de agua potable y de energía eléctrica, entre otros, no fueron enfrentados ni resueltos, sino agravados desde 1999 hasta hoy.

La permanencia del “maestro” Chávez y sus dos hijos en todo este dilatado tiempo equivaldría a cuatro períodos constitucionales y medio de la República Civil, durante la cual tuvo Barinas varios gobernadores -adecos, copeyanos e independientes- y una obra que mostrar, superior en todo sentido si se la compara con los escuálidos resultados de la Dinastía Chávez durante 23 años.

Ahora, de cara a la segunda elección convocada inconstitucionalmente por la sala electoral del TSJ madurista, luego de haber desconocido y burlado la voluntad de los barineses el pasado 21 de noviembre apelando a argumentos retorcidos e inconsistentes; el régimen ha instalado a sus ministros y altos funcionarios en Barinas para tratar de imponer su alicaído candidato a como dé lugar el nueve de enero. (Por cierto, hay que reconocer la hidalguía del ex gobernador Argenis Chávez al admitir su derrota, lo que seguramente le acarreó no haber sido postulado otra vez como candidato.)

Ahora el régimen está ofreciendo operativos gigantescos de puro maquillaje a la región barinesa, destruida y arruinada por ellos mismos, para tratar de hacer en estas próximas semanas lo que no hicieron en 23 años, cosa imposible, por supuesto. Actualmente ofrecen que sí habrá alimentos, gas, gasolina, no más cortes eléctricos, suministro de agua potable, reparación de calles y avenidas, mejoramiento de hospitales y ambulatorios, medicinas, etc. Todo un ejercicio portentoso de cinismo y demagogia con el único propósito de revertir su derrota del 21N, maniobra frente a la cual la unidad democrática no puede descuidarse y mucho menos subestimarla.

El régimen sabe lo que se juega en esta segunda elección en Barinas. Espero que la oposición también lo sepa. Más allá de su modesta población electoral, la carga simbólica de otra derrota del chavomadurismo -esta vez más contundente y aplastante- en la tierra donde nació Hugo Chávez y ha mandado su familia desde 1999, tendrá repercusiones importantes para el futuro de Venezuela. Y no estoy exagerando.

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