EN LA ALDEA

24 febrero 2024

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Voracidad intencional

Hace unos días se aprobó una reforma a la Ley de Impuestos a las Grandes Transacciones Financieras (LIGTF). Su novedad yace en la inclusión de personas naturales en el pago de ese tributo, así como las transacciones realizadas en monedas extranjeras. Distintos expertos publicaron hilos de ideas ante esta medida. El abogado Daniel Betancourt realizó uno haciendo una cronología de la Ley, y describe de muy buena manera de qué se trata la actual. Por otro lado, Leonardo Palacios, Presidente de la Cámara de Comercio de Caracas y Leonardo Vera, economista y profesor en distintas universidades, se pasearon sobre las consecuencias económicas de la misma.

En este espacio quiero explorar más el por qué que la medida en sí. ¿Qué  busca el Gobierno con una política tributaria de este tipo?, ¿entiende las consecuencias que podría traer?, ¿cambiará en cierta medida las preferencias de la gente? No es para nada descabellado ver esta ley con el espíritu de voracidad fiscal que han demostrado todos estos años y sí, quizás haya algo de ello. Pero no creo que sea la única intención, tampoco pienso que sea la principal, al menos de manera directa.

Más que la recaudación, la intención es crearle, de manera objetable, demanda al bolívar. Esto no es una apreciación sin base de mi parte, sino que nace de abundantes declaraciones de voceros admitiendo abiertamente que quieren transitar por un proceso de desdolarización. Esta mayor demanda podría facilitar la expansión monetaria vía crédito; este, a su vez, tendría un aporte en el crecimiento de la economía, todo ello sin generar mayores presiones tanto en precios de bienes y servicios como en el tipo de cambio.

“Sí, es posible que el venezolano empiece a utilizar en mayor medida el bolívar, pero no será por este tipo de medidas”

Este proceso podría, por un camino menos evidente del que se ve ahora, aumentar la recaudación fiscal real gracias a una estabilización del dólar estadounidense y de los precios, junto a una economía algo más grande de la que se tiene ahora. El siguiente objetivo del plan sería aumentar el gasto público (esta vez sin recurrir a la emisión monetaria de parte del Banco Central de Venezuela), y con ello también poder subir los salarios de la administración pública. No hay que desestimar las motivaciones políticas de este plan, pero no las voy a abordar en esta oportunidad.

Debo recordar que lo descrito en estos párrafos se refiere a la intencionalidad, que muy bien puede diferir de lo que terminemos viendo. El resultado va a depender de la gente, tomando en cuenta que lo que veríamos como sus respuestas de accionar económico, no necesariamente estarían atadas a este nuevo impuesto sino que obedecerían a otras realidades. ¿A qué me refiero?

Sí, es posible que el venezolano empiece a utilizar en mayor medida el bolívar, pero no será por este tipo de medidas, sino porque percibe que existe un tipo de cambio estable y los mecanismos de pago en moneda local son mucho más eficientes y sencillos que en cualquier otra moneda. Además, queda en el aire el aspecto más importante de todos: La confianza y las expectativas del ciudadano. Modificarlas, teniendo al frente de las decisiones al mismo grupo que nos trajo a esta situación, resulta una tarea de poca probabilidad de ocurrencia. ¿Puede mejorar algo la confianza en la moneda local? Sí. ¿Lo suficiente? No.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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