EN LA ALDEA

22 febrero 2024

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Necesito un Death Café

Parece imposible sustraerse de lo que sucede en Ucrania pero no me arriesgaré a agregar una sola letra a todo lo que ya se ha dicho y escrito sobre el asalto criminal de Vladímir Putin a ese país independiente y democrático. Escribo esta nota cuando -como quizá le ha ocurrido a la mayoría de mis lectores- llevo ocho días leyendo, oyendo y viendo solamente información y opiniones sobre ese trágico suceso que el mundo no había visto desde 1939 con la invasión de Hitler a Checoslovaquia. Jamás pretenderé la audacia de explicar mejor lo que vio Angela Merkel con sus propios ojos cuando se entrevistó con Putin en 2014: “Me pareció que Putin vive en otro mundo”. Esto le dijo a Barack Obama según publicó el New York Times. Y mucho menos alcanzar la sabiduría de Yuval Noah Harari cuando vaticina el fin de Putin. O la magnífica vena literaria de Arturo Pérez-Reverte, testigo presencial de guerras desgarradoras.

Lo que me motiva es la amenaza del hombre del rostro inmutable, la mirada gélida y el cerebro dudoso, de usar armas nucleares si las cosas no le salen como él quería. Y aparentemente no le salen. Ya en 2018 en un documental citado por la BBC News, Putin dijo: “Si alguien decide aniquilar a Rusia tenemos el derecho legal de responder. Sí, sería una catástrofe para la humanidad y para el mundo pero soy ciudadano de Rusia y su cabeza de Estado. ¿Por qué necesitamos un mundo en el que no exista Rusia?” Más claro no canta un gallo en ningún idioma, en especial el ruso de Putin.

“Quiero creer que en vez del fin de la humanidad lo que está cerca es el fin de Putin”

La amenaza debe ser tomada en serio viniendo de un personaje con todas las características del psicópata a quien el mundo le ha dado la espalda de una manera que jamás imaginó. Ya no es la guerra fría en que dos potencias se jugaban la suerte del mundo, ahora es la reacción de Europa en pleno incluida la siempre neutral y ambigua Suiza. Ahora son 141 miembros de la ONU que votan en su contra y dejan hablando solo a su embajador. Ahora es Turquía quien le corta las vías marítimas. Ahora es China que ni fu ni fa, lo que traducido al mandarín debe significar ni contigo ni sin ti sino todo lo contrario. Ahora es el golpe financiero por todos los flancos. Ahora es la ayuda masiva militar, económica y humanitaria, a Ucrania. Ahora es una patética soledad en la que los gobiernos de Eritrea, Corea del Norte, Bielorrusia, Venezuela, Cuba y Nicaragua son los únicos apoyos.

No quisiera parecer pájaro de mal agüero pero pareciera que debemos pensar en el último adiós, por supuesto sin entrar en pánico. Acabo de leer en El País, de Madrid, un interesante artículo de Ana Vidal Egea sobre los Death Café, franquicia sin fines de lucro inventada en 2011 por el budista inglés Jon Underwood (qué coincidencia, como los diablitos) que ya se ha extendido a 81 países y ha celebrado más de 14 mil sesiones. Death Café es un grupo organizado cuyo objetivo es fomentar la conciencia social de la muerte para valorar la vida y romper el tabú que supone hablar de todo lo relacionado con la muerte. Y esto se hace mientras se toma un café acompañado de un bizcocho. No es una ayuda al duelo personal sino una vía para familiarizarse con la seguridad de que todos vamos a morir y tomarlo con calma, además del café y el bizcocho. 

Creo sin embargo, quizá porque quiero ser optimista, que Putin no llegará a extremos nucleares y no porque él no quiera sino porque se lo impedirá su propio ejército. Ya circulan, aunque nunca se sabe si son ciertas o falsas, imágenes de soldados rusos desertando o bañados en lágrimas mientras disparan contra ucranianos. También se sabe de la reacción adversa a Putin, de los grandes oligarcas rusos que han visto amenazadas sus fortunas. Quiero creer que en vez del fin de la humanidad lo que está cerca es el fin de Putin. Pero he quedado pensando en la utilidad de los Death Café, quizá me decida a iniciar uno.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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