En la aldea
02 diciembre 2022

La sombra de los caídos en las protestas ya forma parte de la memoria y la historia de los venezolanos.

Esta extraña semana, por defecto y por exceso

“¿Conmemorar el injustificable asesinato de un joven estudiante venezolano se penaliza entregándoles cinco más?”, la autora plantea esta y otras interrogantes que mueven el piso de la conciencia colectiva de millones de venezolanos que caminaron, protestaron, defendieron consignas e ideales y que hoy muchos no están para contarlo. Unos porque forman parte de la diáspora de connacionales por el mundo y otros, como Neomar Lander, que solo se les puede homenajear con el recuerdo de su lucha. La historia, pasada o reciente, siempre nos da motivos para reflexionar, o “¿lo que se quiere es olvidar a los muertos?, ¿borrar la memoria de estos tristes y sangrientos años?”.

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Sonia Chocrón | 09 junio 2022

Por defecto

Tenía clarísimo que la campaña de “Venezuela se está arreglando” era la más que obvia estratagema del régimen para hacer invisibles las tragedias que viven los ciudadanos como consecuencia de 22 años de impericia y corrupción descaradas. También me parece percibir claramente -si mis sentidos y mis neuronas no me engañan- que hay una pequeña legión de antenas repetidoras en las redes sociales para propagar “todo lo bueno” que está ocurriendo en Venezuela. Me han llamado venezolanos amigos en el exterior con las maletas listas para volver porque la cosa está mejor.

Nada más lejos de la verdad. Los pobres continúan más pobres, la inflación con más ahínco, el bolívar extraviado, la electricidad intermitente y el agua también, los hospitales sin dotación, y ahora peor aún pues han prohibido que los pacientes lleven sus propios insumos, con lo cual -si no los pone el familiar y no los pone el hospital- la muerte es el único final para muchos enfermos. Pero en el discurso oficial, y no tan oficial, Venezuela va mejorando, como un paciente a quien se le concede el milagro de curarse sin tratamiento.

Esta semana, precisamente, veía yo un video que se hizo viral en las redes, en el que un periodista reputado decía no aceptar que se hable mal de Venezuela. Más aún, el periodista de marras (creo que hasta estudiamos juntos la carrera de comunicación en la UCAB) dice que probablemente quienes afirman que Venezuela está fregada sean los mismos corresponsables de la tragedia endógena. Y continúa con “Venezuela necesita amor”. “Hoy más que nunca estoy orgulloso de mi país” (SIC).

“Mucho me temo que el exceso y el defecto terminan por parecerse entre sí en este maltratado país, que también es mío”

No dudo de la bonhomía del comunicador ni de sus buenas intenciones. También, como él, yo pienso que Venezuela necesita amor (además de semáforos). Pero apartando esas ternezas, estoy prácticamente segura de que él no se ha dado cuenta de lo confuso del discurso.

¿Señalar las inmensas debilidades, desaciertos, fallas, corrupción y debacle que padece nuestro país nos hace quererlo menos?

¿Somos malos con Venezuela si decimos que el ciudadano de a pie vive su día a día como una tragedia?

No me lo parece. Será tal vez que difiero en el concepto de amor. Yo creo en el amor que sana. No en el amor que omite, porque más a la corta que a la larga, el enfermo que no se atiende, no se cura. Por eso el video explicativo del colega me ha dejado tan confundida: más que exigir respeto para Venezuela pareciera querer emparejar la crítica a la pésima gestión del régimen con un patriotismo chucuto: Quien critica no ama a Venezuela. Quien señala, no respeta a Venezuela, quien denuncia no es patriota. Mucho menos un buen venezolano.

El buen venezolano debe ser optimista.  Vivir con optimismo hasta el último minuto de su vida. Celebrar su cumpleaños, beber con los amigos. ¿Y decir que Venezuela es bella, que las playas, que los médanos, que las mujeres?, ¿en serio?, ¿como respuesta de Concurso de Belleza?

Divago: ¿Acaso hay una legión expedita para rebatir cualquier queja, cualquier lamento sobre la Venezuela fallida con el nacionalismo más bobo?

Cantemos: Viva Venezuela, mi patria querida. Yo soy venezolana y jamás hablaré mal de mi país. Qué orgullo mi Venezuela querida. Quien la libertó mi hermano fue Simón Bolívar.

Por exceso

Y entonces así como hay aproximaciones a las que les falta, hay otras a las que les sobra. Como le ha pasado al municipio Chacao, de donde se han llevado detenidos a cuatro jóvenes militantes del partido Voluntad Popular, que conmemoraban la muerte de Neomar Lander, cinco años atrás, a manos de los cuerpos represivos del Estado.

Sobra. Sobra. Sobra. El episodio sobra.

Se les acusa de haber vandalizado un mural de Juvenal Ravelo, solo que los grafitis sobre el mural estaban ahí antes del homenaje al estudiante asesinado.

Lo extraño de la situación es que, al parecer, la policía del propio municipio actuó en colaboración con Grupos Operativos Especiales de Seguridad (GOES) -ente oficial del Estado- para lograr atraparlos. Menos mal que el Alcalde del municipio, del partido Fuerza Vecinal, el Sr. Gustavo Duque, ha lanzado hace poco un video donde trata de aclarar el episodio y conmina a los órganos del Estado a devolver a los muchachos inocentes de todo delito. Y yo, que soy una judía inusual, les ruego a todos los santos que Duque tenga éxito en desenmarañar el error y recuperar a los chicos enteros, porque como van las cosas, podríamos coleccionar unos muertitos más. Dios no lo quiera.

“Llegará el momento en el que no habrá escondite suficientemente grande para encubrir pifias, complicidades, ocultamientos y corrupción”

¿O va a ser que los alcaldes de oposición del municipio Chacao siempre entregarán muchachos indefensos para saciar el hambre de las fieras? Según leo en Twitter, los jóvenes fueron interceptados luego del homenaje a Lander, cuando ya iban de regreso a sus casas; y de paso se llevaron a otros cinco incautos que nada tenían que ver con el acto pero viajaban en el mismo autobús. (Esto no es un chiste: cargaron con todos los pasajeros). ¿Cómo deberíamos interpretar este episodio? -Me pregunto.

¿Conmemorar el injustificable asesinato de un joven estudiante venezolano se penaliza entregándoles cinco más?

¿Lo que se quiere es olvidar a los muertos?, ¿borrar la memoria de estos tristes y sangrientos años?, ¿ser más papistas que el Papa?

¿O será que recordar víctimas y asesinatos y hacerlo públicamente será también ser mal venezolano?, ¿será no querer a Venezuela?, ¿no respetarla, amarla, ni enorgullecerse de ella?

Pues no me enorgullece. Ni esto ni aquello. Me sobra y me falta. No entiendo. O entiendo de más. A veces me hastío del discurso idiota. De las óperas bufas. De los convidados sin talento para el disimulo. Mucho me temo que el exceso y el defecto terminan por parecerse entre sí en este maltratado país, que también es mío; van camuflados, pero juntos, cuando callan y cuando chillan.

Mucho me temo que no hay alfombra para tapar tanto polvo. Llegará el momento en el que no habrá escondite suficientemente grande para encubrir pifias, complicidades, ocultamientos y corrupción. Vamos llegando.

No se arregló Venezuela. Se arreglaron algunos, que no es lo mismo ni se escribe igual. Seguramente los más optimistas.

¡Ay! Venezuela, ni contigo ni sin ti mis males tienen remedio. Contigo porque me matas y sin ti porque me muero.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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