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23 febrero 2024

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Cronología del avión iraní-venezolano en Argentina, la nueva excusa

A Venezuela y Argentina hay cientos de cosas que las unen y una de ellas es, sin lugar a dudas, que no hay un solo día tranquilo. Informaciones surgen prácticamente cada hora, y determinar cuál es la urgente y cuál es la importante se hace bastante complicado. Sin embargo, una que califica como urgente, y ciertamente muy preocupante, tiene que ver con el avión iraní-venezolano que arribó a Argentina el pasado 6 de junio. Lo que comenzó con denuncias por redes sociales se ha convertido en una situación sumamente grave, que tiene detrás muchísimas aristas que han ido conociéndose durante las últimas semanas pero que, seguramente, todavía tiene mucho más por decirnos.

Todo inició con el Boeing 747-3B3 (M), matrícula YV3531, pero a la fecha ha intervenido la Justicia argentina y recientemente la estadounidense; ha sido objeto de preocupación por parte del gobierno israelí; también la confirmación por parte del gobierno paraguayo de los nexos entre los tripulantes de la aeronave y los sicarios del fiscal Marcelo Pecci; y claro está, ha sido usado por el régimen venezolano para lo que saben hacer: propaganda, manipulación y amenazas.

¿Cómo comenzó todo?

El lunes 6 de junio un avión Boeing 747 arribó a Argentina, primero aterrizó en el Aeropuerto Internacional Ingeniero Aeronáutico Ambrosio Taravella o Aeropuerto de Córdoba (cosa que causó impresión pues no es común ver un avión de esas dimensiones en dicho lugar); y luego en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza en Buenos Aires, donde permaneció 48 horas. El avión despegó el 8 de junio con destino a Montevideo, pero recibe negativa de cruce, por lo cual el 747 solicita retornar a Ezeiza. Una vez este vuelve a Buenos Aires, comienzan las denuncias de diferentes dirigentes políticos y los pedidos de investigaciones en redes sociales y en medios de comunicación.

Hay que destacar que dicho avión, antes de ser transferido a Venezuela este año, pertenecía a Mahan Air, una aerolínea iraní sancionada por Estados Unidos, Alemania y Francia por transportar armas, equipos, fondos y personal de la Guardia Revolucionaria Iraní y de Hezbollah.

No es sino hasta el 11 de junio, es decir, tres días después, cuando se filtra un elemento clave de esta investigación que describe muy claramente el analista internacional, Andrei Serbin Pont, en su artículo publicado el 21 de junio: La primera lista de la tripulación del avión.

Compuesta por 11 venezolanos y 7 iraníes, terminaría contrastando con la segunda lista publicada horas después, aunque es idéntica en composición a la tripulación del vuelo de Ciudad del Este. Es relevante destacar que entre las discrepancias de las listas se encuentran cinco nombres iraníes de la primera lista que no aparecen en la segunda, así como tres nombres iraníes que aparecen solo en la segunda lista, lo que alimenta la hipótesis de que la clave de este incidente está en el traslado de recursos humanos”.

Lo que sí contienen las listas es un nombre de suma importancia para este incidente: Gholamreza Ghasemi.

El elemento clave: Gholamreza Ghasemi

A pesar de la poca importancia que, en principio, diferentes miembros del gobierno argentino le dieron a esta situación (incluyendo el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, y el titular de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Agustín Rossi), Ghasemi, piloto, CEO y miembro de la junta directiva de Irán Oil Airlines, también sería un integrante de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, cuyo brazo armado es la fuerza de elite Al-Quds.

Para confirmar esta información, el día 19 de junio, el Buró Federal de Investigaciones estadounidense (FBI, por sus siglas en inglés) hizo llegar un informe a la justicia argentina en el cual se transmitió información sobre la asociación de Gholamreza Ghasemi con los grupos terroristas designados la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Iraní y Hezbollah.

La información de inteligencia del FBI menciona que una de las modalidades de actuación de estas organizaciones es utilizar vuelos civiles para transportar clandestinamente armas, componentes militares avanzados, entre otros elementos. Y en este caso se trató de un vuelo comercial (civil) comandado por Ghasemi.

Además del avión iraní-venezolano retenido en Ezeiza, otro (también sancionado) había ingresado cuatro veces a Argentina entre el 28 de abril y el 17 de mayo. Es el que usó Nicolás Maduro para llevar a cabo su último viaje a Irán y que, precisamente, fue cuando alabó las palabras de Alberto Fernández en la Cumbre de las Américas, donde este defendió a las tres dictaduras/tiranías (Venezuela, Cuba y Nicaragua) de la región. Veremos más adelante, claro, que el “aprecio” por Fernández duró muy poco.

Esta información fue tomada por la fiscal Cecilia Incardona quien, como señala el portal web Infobae, en la foja número 20 de su imputación como presunto terrorista al piloto iraní Gholamreza Ghasemi y al resto de la tripulación que llegó a bordo del Boeing matrícula YV3531, “describe un conjunto de circunstancias irregulares que la llevan a preguntarse si el aterrizaje de la nave de Emtrasur en Ezeiza podría haber sido un acto de preparación para proveer bienes o dinero que pudieran utilizarse en un ataque terrorista ordenado por el régimen fundamentalista de Irán”.

Ahora mismo Ghasemi está imputado por la justicia argentina como sospechoso de terrorismo, y parte de la tripulación está retenida en el país bajo averiguaciones.

El resto de la tripulación y la unión de los regímenes venezolano e iraní

Si bien a parte de los tripulantes les fue levantada la prohibición de dejar el país, la fiscal Incardona apeló el fallo, por lo que ahora será la Cámara Federal de La Plata la que decida si este grupo de 12 tripulantes -11 venezolanos y un iraní- pueden abandonar Argentina o deberán permanecer en el país mientras continúa la investigación. Recordemos que entre ellos se encuentra Cornelio Antonio Trujillo, quien participó en la intentona de golpe de Estado en Venezuela, en noviembre de 1992.

Este último nombre, el de Cornelio Trujillo, toma más relevancia cuando a finales de julio Maduro designa como nuevo embajador de Venezuela en Irán a José Rafael Silva Aponte, también golpista de 1992, quien durante un año fue el comandante de la Base Aérea El Libertador ubicada en Maracay, estado Aragua, lugar donde se encuentra la base de operaciones de Emtrasur. Esta designación se conoció un día después que el régimen anunciara que le cederán a Irán un millón de hectáreas de tierras de cultivo (sí, de las más de cinco millones que expropiaron y dejaron en el olvido). Hay casualidades y hay causalidades, y con el régimen de Maduro -y antes el de Hugo Chávez-, siempre conviene apuntar más a lo segundo.

Confiscación de la justicia estadounidense

Mientras esto ocurría, el martes 2 de agosto el Departamento de Justicia de los Estados Unidos solicitaba la confiscación del avión Boeing 747 retenido en Argentina. Dicha petición ocurrió luego de que la Corte del Distrito de Columbia emitiera una orden alegando que la nave violó las leyes de control de exportaciones norteamericanas. La fiscal del caso, Cecilia Incardona, avaló el pedido argumentando que es “formalmente procedente” y que el juez federal Federico Villena es competente para resolver, cosa que ocurrió.

El jueves 11 de agosto, el juez federal Villena hizo lugar al pedido de la Justicia de Estados Unidos para incautar el avión iraní-venezolano retenido en el Aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires. Se conoció, horas más tardes, que ese mismo día, miembros del FBI tuvieron acceso al avión para llevar a cabo las primeras investigaciones correspondientes. Fuerte golpe para Venezuela, para Irán y para los aliados de ambos regímenes en Argentina.

Relación entre el avión y el asesinato del fiscal paraguayo

Como nada es suficiente, justo el día en el que la justicia argentina aceptaba la incautación del avión a petición de la justicia estadounidense, desde Paraguay revelaban nexos entre los tripulantes del avión iraní-venezolano y el autor intelectual del asesinato del fiscal paraguayo Marcelo Pecci. El Boeing 747estuvo en Ciudad del Este entre el 13 y el 16 de mayo para el supuesto traslado de un cargamento de cigarrillos. Durante esos días los tripulantes se reunieron con miembros de organizaciones criminales que estarían vinculados al asesinato del fiscal Pecci, de acuerdo con lo expresado por el ministro Anticorrupción de Paraguay, René Fernández, durante una comparecencia ante la Comisión de Investigación del Senado. Un elemento más a toda esta sombría situación.

Recordemos que el pasado 10 de mayo, Pecci fue asesinado de dos disparos (uno en la cara y otro en la espalda) en Cartagena de Indias, Colombia, donde pasaba su luna de miel. De acuerdo con los datos aportados por las autoridades colombianas, el asesinato del fiscal fue producto del “crimen organizado transnacional”, y se trató de un hecho altamente planeado que requirió una inversión de, alrededor, 600.000 dólares.

Paraguay, justamente, ha sido uno de los países que más ha expresado su preocupación con respecto al peligro que todo esto significa y puede llegar a evidenciar. Junto a ellos, también se han expresado con contundencia los Gobiernos de Uruguay, Israel, y por supuesto Estados Unidos. Extrañamente -o no-, ha sido el propio gobierno argentino el que ha buscado quitarle importancia a este hecho, siendo un país que en dos ocasiones ha sufrido atentados terroristas.

La reacción chavista-madurista

Como ya ha quedado claro, toda esta situación comenzó a inicios de junio de este año, es decir, ha transcurrido más de dos meses. Durante ese tiempo, salvo algunas referencias y tibios comentarios, los dirigentes del régimen chavista (con mayor atención a las principales figuras) no habían comentado absolutamente nada sobre la situación del avión retenido en Argentina hasta que, de un momento a otro, iniciaron su ofensiva. Todo calculado, como suelen hacer en la mayoría de los casos.

Así, pues, el 8 de agosto Diosdado Cabello arremetió contra Alberto Fernández, que a la larga será el más ofendido por parte de la élite chavista (porque a Cristina ni con el pétalo de una rosa), exigiéndole la devolución “inmediata” del avión y llamándolo “lacayo del imperio estadounidense”. Está claro que Diosdado no entiende de separación de poderes, y que es la justicia argentina la que investiga.

Más tarde le tocó el turno a Maduro, y ahora debía mostrarse muy, muy molesto, o como dijo él mismo “bien arrecho”, porque después de Cabello tenía que elevar la voz para no quedar atrás, entonces exigió al gobierno argentino, y específicamente a Fernández, la devolución del avión y de los tripulantes, los venezolanos y los iraníes, porque para él son igual de importantes.

Hay que destacar que, tanto Cabello como Maduro llamaron a una suerte de “rebelión” en Argentina, pidiéndole a los grupos pro-chavistas que protestaran y buscaran el avión hasta liberarlo. Situación grave, aunque el gobierno argentino haya hecho silencio al respecto. Al día siguiente, el 9 de agosto, el chavismo redobla la apuesta. Primero habla el impulsivo Pedro Carreño, y también carga contra el presidente argentino, “jalabolas, pelele y títere de Estados Unidos”, sus palabras más duras. Cabe destacar que la primera de ellas tuvo que ser ampliamente explicada en la prensa argentina. ¿Quién iba a decir que Carreño iba a generar algo de conocimientos?

Luego la guinda del pastel la pone, obviamente, Jorge Rodríguez, quien primeramente arremetió contra la fiscal argentina que lleva el caso del avión iraní-venezolano, ya mencionada anteriormente, Cecilia Incardona, llamándola “ladrona” y acusándola de ser pagada por la Embajada de Estados Unidos (en esto ya no son nada originales). Y luego lanza el fondo del asunto: Condiciona la negociación en México de acuerdo con lo que suceda con el avión.

Hay que destacar que parte de la propaganda agresiva que lanzaron durante esos días, que incluyó movilizaciones, tarimas, franelas estampadas (¿cuánto dinero habrá costado eso?), etc., también vino acompañada de spots. Uno de ellos, tal como lo denunció la defensora de derechos humanos, Elisa Trotta Gamus, calificaba al atentado a la AMIA como un “falso positivo”. No podríamos decir que la tiranía se pasó de la raya, porque estamos hablando de gente investigada por crímenes de lesa humanidad, pero que quede claro: se han burlado de un atentado terrorista que dejó 85 muertos y más de 300 heridos.

Tampoco de esto ha dicho nada el Gobierno de Argentina. Salvo la tímida reacción del nuevo embajador argentino en Venezuela, Oscar Laborde, quien tuiteó que le “reprochó” a Pedro Carreño sus agravios contra Alberto Fernández, de todo lo demás el kirchnerismo hizo silencio sepulcral, y casi cómplice.

Y la palabra “cómplice”, realmente queda bien en este caso, porque ni una semana dejó pasar el flamante embajador para dar una entrevista donde había dejado atrás los reproches a Carreño, para acusar a la justicia argentina de “secuestrar” el avión que está retenido en Ezeiza y ponerse del lado de Maduro. Digamos, para golpear a una institución de su propio país y complacer a sus anfitriones. Sumisión kirchnerista ante el chavismo-madurismo, nada nuevo.

¿Por qué ahora?

El chavismo-madurismo se equivoca, claro que sí. Se ha equivocado mucho, de hecho. Pero ello no significa que no suelen calcular muchos sus pasos, y con esta situación ocurre lo mismo. El silencio fue un mensaje, y la arremetida por el avión, de golpe, otro. ¿Por qué ahora? Considero que se debe a tres puntos fundamentales, cada uno con su debida importancia y ninguno de ellos excluyentes:

      1. Otra excusa para patear las negociaciones: Hoy el chavismo-madurismo no tiene ningún incentivo para sentarse a una mesa de negociación, así Gerardo Blyde diga lo contrario en las recientes entrevistas que ha dado. Cada día, lamentablemente, la presión externa es menor, sus ingresos mayores y poco a poco va logrando, internamente posicionar a “su” oposición y a “sus” organizaciones sociales. Pero la excusa de Alex Saab necesita un acompañamiento, pues desde hace tiempo es la única que se usa, ¿y qué mejor que esta del avión? Es perfecta, pues ellos saben perfectamente que no van a volver a ver ese Boeing 747 en Caracas y, probablemente, a varios de los tripulantes tampoco.
      1. Contrarrestar comunicacionalmente las protestas internas: Si bien han logrado posicionar y acoplar a sus propios “dirigentes políticos y sociales no chavistas”, los que le harán el juego de aquí al año electoral 2024, también han tenido protestas diarias, y ello, si bien no es un peligro para su permanencia en el poder, sí es una molestia que podría traer algún problema incluso en sus bases, así que otras campañas con el mismo tono que el de Alex Saab, pero ahora por el avión, no vienen nada mal. Hablamos de una base chavista que hoy día repite que el problema “es el bloqueo”, por supuesto que los puede unir una lucha por rescatar un avión. Todo lo que diga el líder.
      1. Acción del eje autocrático: El conglomerado autocrático, como lo define la periodista e historiadora Anne Applebaum, no puede permanecer quieto, ni en silencio. El avión es de Irán y es de Venezuela. El piloto principal, Gholamreza Ghasemi, pertenece a la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, y otro de ellos, Cornelio Antonio Trujillo, fue un golpista, como Hugo Chávez. La propaganda no podía esperar más, y menos si podía servir para otros fines.

Estamos frente a una situación cuya gravedad es mucho mayor a la que diferentes actores políticos, sobre todo venezolanos, le han dado. Narcotráfico, lavado de dinero, terrorismo, y muchos peligros más que encuentran en una aeronave una bandera venezolana en principio, pero más al fondo, una iraní, y que suma a otros factores interesados en que la investigación se detenga lo más pronto posible.

Por ello, como demostró una nota del portal web Clarín, Maximiliano Rusconi, un importante abogado kirchnerista que asesora a Nicolás Maduro en la causa del avión iraní-venezolano. ¿La trayectoria del jurista? Ha defendido al expresidente Carlos Menem; el exsecretario de Turismo Omar Fassi Lavalle; y al técnico informático Diego Lagomarsino, procesado por la muerte del fiscal Alberto Nisman. ¡Oh, casualidad!

También defiende a Julio De Vido en el proceso por los negociados en la obra pública, y lo representó en el juicio por la Tragedia de Once, donde murieron 52 personas. De Vido es uno de los mayores corruptos de Argentina, y es parte de la investigación hoy contra Cristina Kirchner.

Mucho me temo que falta demasiado por saber sobre este caso.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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