EN LA ALDEA

24 febrero 2024

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Individuo, Estado y Economía

El día que me tocaba escribir mi artículo quincenal tuve la oportunidad de leer una entrevista que este espacio, La Gran Aldea, le hizo a Carlos Blanco. En ella relataba hechos y lecciones a lo largo de su vida, sin embargo, buena parte del intercambio se dirigió hacia María Corina Machado y sus propuestas. Al referirse a la definición programática de ella y de su partido, Carlos Blanco enumeró tres ideas, las cuales tomo para desarrollar estas líneas: El libre desarrollo del individuo, un Estado al servicio del ciudadano y una economía de libre mercado.

Como profesional que decidió quedarse en Venezuela, uno de los aspectos más frustrantes es el descalce que hay entre la preparación y el esfuerzo que le dediques a tu profesión y el nivel de ingresos que logramos. En esa realidad se ven millones de venezolanos, sean profesionales o no, es un hecho triste y generalizado. Quizás el caso más llamativo es el de los profesores universitarios, quienes, en muchos casos, tienen maestrías y doctorados y hoy tienen sueldos de miseria, verdadera miseria. ¿Un individuo puede desarrollarse en tal circunstancia?

Y ese impedimento no solo se reduce a nuestra vida profesional, se extiende a otras instancias de nuestra vida ciudadana. Esta primera idea de la enumeración es interesante desde el punto de vista político, porque está enfocada en el individuo, en su dignidad. Hay diferentes doctrinas que tienen al individuo como centro de sus propuestas, destaca, claro está, el liberalismo, también su prima hermana, el ordoliberalismo y también el centro humanismo, sólo para nombrar algunas. En la Venezuela contemporánea ha dominado el enfoque colectivista1, si bien la idea no es novedosa, es una de poco uso por parte del liderazgo político local.

“Un Estado que se limite por el principio de subsidiariedad, un Estado que no sea grande, pero sí funcional”

La segunda propuesta es la de un Estado al servicio del ciudadano. Esto es más fácil decirlo que aterrizarlo. Es más frecuente su discusión teórica que su implementación práctica. También, más allá del concepto de Estado que manejamos, extendería la idea a un diseño institucional que esté al servicio del ciudadano, de tener un arreglo institucional inclusivo como lo plantea el extenso trabajo de Daron Acemoglu y James Robinson. Un Estado que pueda garantizar los servicios públicos a su ciudadanía, uno que cree y haga valer las normas para que ningún grupo de la sociedad se imponga sobre otro, uno que ayude al desarrollo de capacidades de la gente y que también recree el ambiente propicio para que puedan hacer uso de ellas. Un Estado que se limite por el principio de subsidiariedad, un Estado que no sea grande, pero sí funcional.

Hago énfasis en el diseño institucional porque me queda claro que el que tuvimos no nos funcionó, o quizás nos funcionó por un tiempo y después dejó de hacerlo. Esa discusión alcanza para varias sobremesas, pero no quiero abordarla en estas líneas. Hoy tenemos una oportunidad histórica para plantear un nuevo diseño, el cual debe considerar un hecho que nos ha acompañado por décadas: que somos un petroestado. La relación Estado-Ciudadano-Petróleo no ha sido sana, ha tenido signos de alta toxicidad, de dependencia, de codependencia, de control y autoritarismo. Es un tema del que poco se habla, sin embargo, debemos hacerlo. Por ejemplo: ¿Qué queremos para la industria petrolera?, ¿el enfoque debe estar en maximizar su renta o en impulsarla como actividad productiva?, ¿ese impulso debe hacerlo el Estado o el sector privado?, ¿qué debemos hacer con la renta?, ¿cómo limitamos las consecuencias negativas de un gasto y un crecimiento económico que ha ido al ritmo de los precios petroleros?

Por último, una economía de libre mercado. Después de largos períodos con controles de precios y de cambio, los venezolanos entendimos (y sufrimos) lo dañino que pueden ser estas prácticas. El precio de mercado ofrece información esencial sobre las preferencias de las personas y es un instrumento fundamental para la redirección de recursos dentro de una economía. Su importancia es tal que debería ser una institución cultural en sí misma. Son numerosos los trabajos académicos que destacan estas nociones. En mi caso, y lo comparto con ustedes, fue la lectura del libro Bienestar para todos de Ludwig Erhard, quien describe en primera persona, la implementación del plan económico alemán después de la Segunda Guerra Mundial, cuyos resultados fueron reconocidos como un milagro.

Estas son tres ideas valiosas que consideré oportuno discutir. Lo importante en este momento es que ese debate de ideas se extienda y se profundice.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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