En la aldea
21 julio 2024

La inútil fijación con programas de gobierno

“La oposición venezolana debería enfocarse en desarrollar una estrategia para elecciones en un contexto no democrático, de cara al proceso de 2024. Está presente una discusión que omite que estamos bajo un orden político autoritario. Espero que terminen de despertarse y salgan de cualquier ilusión de ‘autoritarismo competitivo’, ‘régimen híbrido’ y demás conceptos que el chavismo hace tiempo dejó atrás para asumir la peor de sus facetas”.

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Alejandro Armas | 28 julio 2023

En la historia de la música sinfónica, hay composiciones que hacen gala de una gran variedad de manifestaciones a lo largo de su ejecución. Así, por ejemplo, el scherzo en la Sinfonía No. 5 de Gustav Mahler poco tiene que ver con el célebre adagietto que lo sigue. En cambio, otras piezas orquestales son una reiteración continua de principio a fin. Es el caso del Bolero de Ravel. A veces siento que soy como una de esas composiciones repetitivas (aunque, nota bene aparte, no estoy entre los detractores del referido Bolero). Mi leitmotiv particular es la advertencia de que la oposición venezolana debería enfocarse en desarrollar una estrategia para elecciones en un contexto no democrático, de cara al proceso de 2024. He tenido que decirlo tantas veces en el último año, que ya hasta me parece que me he vuelto repetitivo con las excusas para ser repetitivo. De ahí el preámbulo musical que usted acaba de leer, solo para variar un poco las cosas.

En fin, mi triste obligación es volver a hablar de ello. Un aspecto específico que me resulta particularmente irritante de esta ausencia es el contraste con lo que sí está presente. Más aun cuando lo que sí está presente es una discusión que omite que estamos bajo un orden político autoritario. Como si estuviéramos en democracia, pues. En una democracia es por ejemplo perfectamente normal que los candidatos a la jefatura del Estado enfaticen sus planteamientos de programa gubernamental. Que los contrasten. Que digan por qué los suyos son los mejores y expliquen por qué serán efectivos mejorando la calidad de vida del votante. Pero ese, insisto, no es nuestro caso.

“Nuestra falta de democracia supone que es extremadamente remota la posibilidad de que Nicolás Maduro le entregue el gobierno a un hipotético adversario para que haga todo lo que quiera (dentro del margen de la ley, claro está; soñar no cuesta nada)”

Cada vez que los aspirantes a la nominación unitaria opositora a Miraflores se enfrascan en ese tipo de polémicas, echo un suspiro de frustración. No es que no sea para nada importante saber qué tienen en mente estas damas y estos caballeros sobre lo que harían si tuvieran el poder. Pero es una cuestión secundaria, precisamente porque a duras penas se puede esperar que vayan a ejercer plenamente el poder. Nuestra falta de democracia supone que es extremadamente remota la posibilidad de que Nicolás Maduro le entregue el gobierno a un hipotético adversario para que haga todo lo que quiera (dentro del margen de la ley, claro está; soñar no cuesta nada). Lo más probable es que, al contrario, ese adversario victorioso en las urnas se encuentre con alguna forma de resistencia por parte de la elite chavista. Peor aún, cabe esperar que dicha elite desconozca un resultado adverso, como hizo con la Asamblea Nacional electa en 2015.

En tales casos, la oposición tendría que presionar para que el Gobierno respete la exigencia de cambio formulada por la ciudadanía. Pero incluso si tiene éxito, el mejor escenario al que pudiera aspirar sería el de una transición negociada con el chavismo, durante la cual ambos compartan el poder. Veo muy improbable que las fuerzas disidentes acumulen suficiente poder como para gobernar en solitario. Si el ganador de la elección va a ser un primus inter pares en ese esquema, pues eso habría que discutirlo en su momento.

Entonces, aquellos candidatos que se enfocan en prometer programas de gobierno de cambio radical francamente lucen ridículos. Es una trampa cazabobos porque obviamente la inmensa mayoría de la población quiere ver algo nuevo. Tú no puedes comprometerte a transformar totalmente el Estado si tu poder será en el mejor de los casos compartido.

Creo que todos los precandidatos opositores han pecado de esto aunque sea un poco. Pero tal vez el que más es el abanderado de Copei, Roberto Enríquez. Su agenda para gobernar, creyendo que sí podrá gobernar, es verdaderamente rocambolesca. Dice que como Presidente eliminará el Banco Central de Venezuela (BCV). Quisiera saber con qué poder va a hacer tal cosa. Hablamos de una institución que va para cien años de existencia y a la que el chavismo le puso el ojo desde un principio para usarlo según sus caprichos (no olviden el “millardito” de Chávez). ¿De verdad cree que en una transición negociada con ese mismo chavismo va a poder eliminar el BCV de un plumazo?

Puedo imaginar de dónde vienen esos repentinos impulsos ultra liberales del dirigente de un partido que se precia de identificarse como socialcristiano. Resulta que el señor decidió contratar como asesor al economista estadounidense Steve Hanke, el apóstol de la dolarización en países subdesarrollados y un convencido militante del liberalismo à la Milton Friedman. No voy a incurrir en disquisiciones ideológicas porque ese no es el punto. El punto es que Enríquez, con su retórica anti Banco Central, se cree Javier Milei pero sin el peinado chistoso y los gritos de vulgaridades. O sea, cree que está en la democrática Argentina en vez de la autoritaria Venezuela.

Hay más. Enríquez se está metiendo de lleno en el papel, tan digno de memes, del “liberal en lo económico y conservador en lo social”. Una caricatura del típico derechista norteamericano. Porque también se ha declarado en campaña contra la “ideología de género”. Acá hay mucha tela que cortar y pudiera hablar por horas y horas sobre por qué semejante declaración de guerra hace ver a todo el que la emita como un Don Quijote reaccionario embistiendo molinos. Pero no lo haré porque, insisto, el problema no está en las virtudes o vicios de una ideología cualquiera, sino en el mismísimo foco que se le da a la discusión ideológica. Pudiera hasta sospecharse que todo es deliberado. Una evasión forzosa de lo realmente importante aunque incómodo: el plan para lidiar con un contexto autoritario. Lo único que va contra tal suspicacia es que Enríquez haya contratado a Hanke, quien no creo que cobre barato.

A propósito, ir hasta Baltimore para reunirse con el economista fue supuestamente la razón por la que Enríquez no asistió al debate entre precandidatos en la UCAB. Creo que esa fue una buena oportunidad para que la dirigencia opositora pusiera los puntos sobre las íes y abordara cuestiones de primer orden. Sobre todo cuando a los participantes se les preguntó qué hacer ante las inhabilitaciones. El que se hayan reunido después a propósito de eso también es una buena señal. Parece que los últimos atropellos y amenazas, como la inhabilitación de María Corina Machado y las andanzas de Luis Ratti sacudieron a la oposición y la sacaron aunque sea un poco de su letargo. Espero que terminen de despertarse y salgan de cualquier ilusión de “autoritarismo competitivo”, “régimen híbrido” y demás conceptos que el chavismo hace tiempo dejó atrás para asumir la peor de sus facetas.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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