En la aldea
18 mayo 2024

María Corina, de verdad, ¿hasta cuándo?

“Necesita ganar las primarias. Cosa que aún no ha hecho. El triunfo le garantizará una silla en la mesa donde la oposición tomará las decisiones, un espacio privilegiado que jamás ha tenido. Legitimada por el voto popular, su voz tendría una fuerza importante. Pero, el oficialismo no retrocederá, salvo que esté absolutamente convencido de que María Corina Machado no ganará la elección presidencial”.

Lee y comparte
Pedro Pablo Peñaloza | 22 agosto 2023

María Corina Machado está haciendo lo que tiene que hacer. Tras la inhabilitación, redobla la apuesta. No retrocede ni baja los brazos. Continúa recorriendo el país, busca votos en pueblos y caseríos, y promete que en esta lucha llegará hasta el final.

No tiene otra opción, en realidad. María Corina necesita ganar las primarias. Cosa que aún no ha hecho. El triunfo le garantizará una silla en la mesa donde la oposición tomará las decisiones, un espacio privilegiado que jamás ha tenido. Tampoco se tratará de cualquier lugar en la mesa. Legitimada por el voto popular, su voz tendría una fuerza importante.

Por esa razón, es imposible pedirle a estas alturas que asome la opción de acordar una fórmula con sus contrincantes para escoger a un eventual sustituto. Ella está llamando a votar por ella. Su aspiración no es testimonial ni simbólica. Ahora que ve cerca la cima, no pueden exigirle que se lance cuesta abajo. Su única opción es ganar.

“Entre las 3R del chavismo nunca ha estado la de rectificación y menos la de retroceder, si aquello pone en peligro su poder”

Para Henrique Capriles Radonski es distinto. Él mismo reconoce que María Corina encabeza las encuestas. Cuando no se está arriba, es más fácil exhibir desprendimiento y convocar al sacrificio unitario. Pero, además, Capriles Radonski y su partido Primero Justicia siempre han formado parte de la cúpula que lleva las riendas de la oposición. Tiene la silla asegurada, así no aparezca ahora encabezando la mesa.

El autosuicidio

Después de la inhabilitación, irrumpió en escena un fenómeno bastante peculiar que puede catalogarse como un antimariacorinismo mariacorinista.

Esto es: gente que cuando María Corina estaba habilitada, la describía como una terrible amenaza, mucho peor que Nicolás Maduro, quien -ya se sabe- trata de adelantar un proyecto reformista por el bien de la República. Pero una vez la inhabilitaron, afirman certeros que la señora tiene a tiro de piedra ser la artífice de la gran unidad para luego convertirse, nada más y nada menos, que en la lideresa de toda la oposición venezolana y más allá. Una especie de Miss Venezuela sentimental. Todo esto lo exponen, por supuesto, expresando sincero dolor y el más contundente repudio contra la inhabilitación.

Para alcanzar ese noble objetivo, señala el antimaríacorinismomaríacorinista, la aspirante solo debe hacer una cosa: Borrarse. Dar un paso al costado. Reconocer que hasta aquí llegó. Admitir que no será la representante de la oposición. Rendirse. Precisamente en este momento, cuando los sondeos de opinión le sonríen y tiene la posibilidad de sacudir el tablero opositor.

Hace un año, cualquiera podía apostar a que los principales partidos de la oposición impulsarían una candidatura ganadora. Por su parte, la carta del consenso se presentaba como un mecanismo para aislar a los sectores más radicales y extremistas, con el fin de ungir a un moderado que incluso fuera potable para el chavismo. A dos meses de las primarias, ni una cosa ni la otra. Bajo estas condiciones, ¿cómo pedirle a María Corina que se entregue?

La dura realidad

Dicho esto, debe señalarse que María Corina no será la candidata de la oposición. Puede que gane las primarias, cosa que tampoco es tan fácil. Pero sobre ella pesa una inhabilitación que le impuso el chavismo para sacarla de juego. Y el oficialismo no retrocederá, salvo que esté absolutamente convencido de que María Corina no ganará la elección presidencial. En ese caso, sí le permitirá correr con todas las garantías.

Obviamente, salta la tentación de decir que “el pueblo habilita con su voto”, que la “movilización ciudadana se hará respetar” y otros mensajes inspiracionales de este tipo, pero la realidad autoritaria se termina imponiendo.

Aquí también la Plataforma Unitaria y la Comisión Nacional de Primaria hacen lo que tienen que hacer, anunciando que defenderán la voluntad de los venezolanos y que apelarán a todos los mecanismos de presión democrática para que el candidato elegido pueda competir en la elección presidencial. Pero, de nuevo, entre las 3R del chavismo nunca ha estado la de rectificación y menos la de retroceder, si aquello pone en peligro su poder.

Es válido el argumento que advierte que la oposición no puede desvelar desde ya la fórmula que aplicará en caso de tener que buscar sustituto al candidato inhabilitado. No solo porque si se precipita “avisaría” al régimen de su plan, facilitando así que lo aniquile antes de nacer, sino porque esto podría afectar negativamente la participación en las primarias.

¿Para qué votar si el ganador no será el candidato?, se preguntará cualquiera. Es lo que tiene una elección de este tipo bajo un régimen autoritario. Con las inhabilitaciones -y ante la amenaza de un fallo del Tribunal Supremo de Justicia- se desnaturaliza el proceso. Sin embargo, el resultado tendrá un impacto en la reconfiguración y conducción de la oposición.

Ciertas condiciones…

La oposición no ha tenido un líder. Ha tenido candidatos que vienen con fecha de caducidad: la próxima elección. Algo similar ocurrió con los presidentes del Parlamento de mayoría opositora. Todos tuvieron su cuarto de hora -o año- en la cúspide, para luego descender. Con excepción de Juan Guaidó, cuya fecha de caducidad venía marcada por la inalcanzable transición a la democracia. Igual, aquello se fue descomponiendo hasta que explotó.

De las primarias puede emerger un liderazgo sólido, blindado por el respaldo popular, que deberá ser respetado y escuchado por todos, pero tampoco será el jefe único e indiscutible de la oposición. Al menos, no por la fuerza, imponiendo sus órdenes al resto. Tendrá que dedicarse a negociar y construir consensos, aceptando la autonomía y diversidad de las distintas organizaciones de la oposición.

Incluso antes de que se conociera la inhabilitación en su contra, había quienes alertaban que María Corina ganaría las primarias para, acto seguido, llamar a la abstención ante la falta de garantías electorales. Aquello sonaba como ganarse el Kino para no cobrarlo.

Ya inhabilitada, los que tenían aquel temor gritan más duro. Se repetirá el capítulo de 2019, previenen. Tampoco luce factible. Todos los partidos de la oposición han ratificado su compromiso con la ruta electoral. Si María Corina se decanta por la abstención, puede dividir a las fuerzas opositoras, facilitar el triunfo de Maduro y de esta forma ella tendrá que cumplir íntegros sus 15 años de inhabilitación.

En caso de que no se acuerde una fórmula antes del 22 de octubre y María Corina resulte ganadora, ¿exigirá nombrar a su sucesor pasando por encima de los miembros de la alianza?, ¿obligará a la oposición a aceptar la imposición a dedo de un “heredero”? Las interrogantes son muchas y María Corina se cuida de no despejar ninguna duda.

Ya se dijo. La candidata hace lo que tiene que hacer. Pero el tiempo pasa y el tan mentado final se acerca. Por eso se hace la pregunta, aunque se sepa que no será respondida: María Corina, de verdad, ¿hasta cuándo?

Lee y comparte
La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
Más de Opinión