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23 febrero 2024

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Boliche o Bowling

Son muchas las referencias históricas a la práctica de lanzar una pelota contra unos objetos detenidos a la distancia. La más lejana parece ser el hallazgo de unos objetos de un niño en una tumba egipcia. Referirles todos los antecedentes, sería excesivo. Lo cierto es que en los Estados Unidos se establecieron unas reglas de juego en 1894 o 1895, dependiendo de la fuente, y esas pautas con mínimas modificaciones son las que se mantienen hasta el día de hoy. Una pelota que se desliza por una cancha lisa de madera buscando derribar 10 bolos que están específicamente dispuestos para ello.

La introducción del boliche en Venezuela no es fácil de precisar, de modo que recurrimos a la tradición oral y a los hechos narrados por los cronistas para apuntar que ha debido ocurrir en la década de los años ‘30, cuando se sabe que funcionaban cuatro pistas en la Cervecería Alex, en Maracaibo, estado Zulia. Nada que pueda extrañarnos: es un hecho que las concesionarias petroleras norteamericanas trajeron muchos de sus juegos y, seguramente, el boliche estuvo entre ellos.

“El primero en alcanzar los 300 puntos en un juego en Venezuela fue Jesús del Valle Urbáez, en 1954”

En Caracas hubo canchas en el Ávila Tennis Club, que quedaba en la actual Urbanización El Conde, y en la Cervecería Donzella, entre las esquinas de Principal y Santa Capilla. Ya para la década de los años ‘40 consta que la YMCA organizó un primer campeonato de boliche, siempre dentro de la promoción deportiva que esta institución cristiana acostumbraba a desarrollar, según refieren los cronistas.

En 1951 se creó la Asociación de Boliche del Distrito Federal, que fue semilla de la Federación Venezolana de Bowling (FVB), constituida en 1953. El año siguiente en las canchas de la Avenida San Martín, Arco Bowling Club, tuvo lugar el I Campeonato Nacional de Boliche. Luego, en el VI Campeonato fue incorporado el boliche femenino, en 1959, cuando ya funcionaba el Bowling Prados del Este en la Avenida Principal de la Urbanización La Castellana.

De entonces a nuestros días se ha extendido por buena parte del país el bowling. Si revisamos la lista de canchas de la FVB hallaremos que se cuentan con ellas en Caracas, Maracaibo, Barquisimeto, Maracay, Valencia, Maturín, Mérida, Ciudad Guayana, Puerto La Cruz, Barinas, San Cristóbal, San Antonio de Los Altos, Guarenas. En esta última queda el Centro Nacional de Bowling Mampote. Hoy en día existe la Asociación Profesional de Bowling de Venezuela, que busca insertar al bowling profesional nacional en los circuitos mundiales. Sus reglamentos son de 2016.

Entre los jugadores de la primera generación es justo señalar los logros de Miguel Correa (1924), quien participó en la primera delegación venezolana asistente a un torneo internacional, los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe en México (1954). Luego, concurrió a tres campeonatos mundiales, en uno de ellos el equipo venezolano se tituló campeón mundial por equipos, en Hamburgo. De aquellos primeros jugadores que salieron a representar al país formaron parte Antonio Marcano, Jesús del Valle Urbáez, José Antonio Pérez Díaz, Virgilio García, Luis Raúl Carrasco, entre otros. El primero en alcanzar los 300 puntos en un juego en Venezuela fue Urbáez, en 1954.

Luego, sin la menor duda, el jugador de bowling que más éxito ha obtenido fuera del país es el barquisimetano Amleto Monacelli (1961). Con este jugador estamos hablando de récords de dimensiones planetarias. Su trayectoria se inicia en los Estados Unidos en 1982, cuando ingresa en la Liga Profesional de Bowling, a los 21 años de edad. Ya en 1987 participó en 29 eventos y ganó 25. Diez años después había logrado 18 títulos. Cuenta con 49 juegos perfectos en la Professional Bowlers Association (PBA) y 21 en Venezuela. Más aún, Monacelli figura como el sexto mejor jugador de la PBA de todos los tiempos. Esto es algo de marca mayor. Por supuesto, en Venezuela se le eligió como el cuarto mejor atleta del siglo XX en el país. En su biografía ayudó la circunstancia de que su padre era dueño de una cancha de bowling en Barquisimeto, y allí creció el niño Amleto, absolutamente familiarizado con su deporte.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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