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24 febrero 2024

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El presidente Javier Milei y el futuro liberal

En un giro sorprendente de los acontecimientos políticos, Javier Milei, el economista de ideas libertarias, y Victoria Villarruel, se han convertido en el presidente y vicepresidenta electos de Argentina. Su victoria con un contundente de 55,69% de los votos en el balotaje ha sido una onda de choque para la estructura política argentina, y también confirma un patrón: Desde la pandemia (2020), de 12 elecciones (ahora 13), ocho (ahora nueve) fueron a segunda vuelta y todos los oficialismos perdieron. Además, salvo Lula da Silva, ganaron candidatos sin “experiencia” política.

El histórico mandato y el golpe en la pared de la “marea rosa”

Milei, a pesar de enfrentar un considerable desafío contra el aparato estatal (que buscará reducir), logró una votación sin precedentes de 14.476.462 votos. Este impresionante respaldo no solo lo posiciona como el décimo presidente de la democracia argentina, sino también como el presidente más votado en la historia del país, precisamente este 2023 cuando se cumplirán 40 años de democracia.

Ganando en 21 de las 24 provincias y asegurando la victoria en 108 de los 135 distritos de la Provincia de Buenos Aires, Milei ha consolidado una legitimidad de origen excepcionalmente fuerte. Su triunfo eclipsa incluso la reelección de Cristina Fernández de Kirchner en 2011, quien, con todo el respaldo estatal a su favor, obtuvo un 54% de los votos.

“No tendrá una tarea sencilla pues esa ‘casta’ de la que habla, siempre intentará poner resistencia a los cambios que signifiquen menos privilegios”

Esto significa también un golpe contra la pared de la denominada “marea rosa”, pues pierde un bastión importante como lo es Argentina. Ahora mismo, salvo Chile (que es una izquierda diferente a la borbónica de Colombia, Brasil y compañía), el cono sur está alejado de la izquierda, con Luis Lacalle Pou en Uruguay, Santiago Peña en Paraguay, y ahora Javier Milei en Argentina.

El cambio de paradigma

La convergencia de factores, desde la crisis económica hasta el discurso rupturista y el respaldo de la centroderecha antiperonista, ha allanado el camino para la llegada de Milei al poder.

Fue fundamental el apoyo de Patricia Bullrich, cuyos votantes, casi en su totalidad, decidieron darle su apoyo al candidato libertario o, también puede entenderse, como un voto en contra de Sergio Massa, del kirchnerismo y del peronismo quienes, unidos todos, obtuvieron el 44,30% de los votos (11.516.142).

“Además, deberá saber moverse políticamente pues no tendrá mayorías ni en la Cámara de Diputados ni en el Senado”

En las elecciones generales del 22 de octubre, La Libertad Avanza obtuvo 7.884.336 de votos, mientras que Juntos por el Cambio logró 6.267.152. Si vemos bien esos números, estamos hablando de, prácticamente, la sumatoria de los votos que llevaron a Javier Milei a la Casa Rosada.

Así entonces, el apoyo masivo de los votantes de Patricia Bullrich, sumado al regreso estratégico de Mauricio Macri al centro del escenario, ha redefinido la dinámica política en Argentina. El expresidente ha demostrado ser un estadista y hoy, mientras Cristina Kirchner queda absolutamente reducida, él será un personaje fundamental de este nuevo gobierno, incluso sin tener un cargo definido.

Las primeras palabras de Milei

En su primer discurso como presidente electo, Milei delineó una narrativa clara y ambiciosa para la reconstrucción de Argentina. Más centrada pero sin perder el eje de lo que, desde que era un economista que salía en YouTube, proponía:

      • Reconstrucción de la Argentina: Un llamado a superar la crisis económica y social que ha afectado al país, Milei se compromete a liderar la reconstrucción de Argentina desde sus cimientos. Y tiene todo el sentido, pues hablamos de un país con más de 45% de pobreza y el 150% de inflación interanual.
      • Fin de la decadencia: La promesa de poner fin a la decadencia que ha marcado los últimos años, Milei busca restaurar la confianza y la prosperidad en la nación.
      • Dar vuelta a la página: Abogando por un nuevo comienzo, Milei busca dejar atrás un modelo que, según él, ha sido el causante de una Argentina pobre. Su modelo es el de Juan Bautista Alberdi, una figura crucial para los liberales de hoy en Argentina por su profundo impacto en la construcción de las bases ideológicas y jurídicas del liberalismo en el país. Sus principios de libertad individual, economía de mercado, federalismo y Estado de Derecho continúan siendo fundamentales para la visión liberal en la actualidad.
      • Volver a ser una potencia mundial: Con una visión a largo plazo, Milei aspira a posicionar a Argentina como una potencia mundial en los próximos 35 años, destacando la importancia de la participación activa en la comunidad internacional. Que su proyección tenga un plan a tres décadas puede significar algo sumamente positivo, pero también generar dudas sobre su eficacia.
      • No hay lugar para el gradualismo: En un enfoque decidido, Milei rechaza el gradualismo y aboga por medidas audaces y rápidas para abordar los desafíos del país. Este punto es fundamental, pues uno de los grandes errores del gobierno de Mauricio Macri fue precisamente intentar cambiar la estructura argentina a través del gradualismo y, además, hacerlo sin haber explicado qué país tomaron.
      • Argentina volverá a estar al lado de los países democráticos: Comprometiéndose a fortalecer los lazos democráticos, Milei busca posicionar a Argentina como un actor clave en la comunidad internacional basado en los principios democráticos. El Foro de São Paulo pierde un aliado en la región, tan es así que ya ha anunciado, Milei, que sus primeros viajes como presidente electo serán a Estados Unidos e Israel.

La narrativa y la desigual campaña

La contundente e histórica victoria de Milei ocurrió en medio de la campaña política más desigual de la historia democrática de Argentina. Sergio Massa, quien nunca dejó de ser ministro de Economía, le “tiró” por la cara todo el poder del Estado a los libertarios.

Usaron fondos públicos para obtener votos, dilapidando tres puntos del PBI, traducidos en 15 millones de dólares en su campaña electoral. Usaron edificios públicos y redes sociales oficiales. La Televisión Pública, cada vez que habló de Milei, lo hizo en un 75% de las veces de forma negativa. Hicieron campaña activa en centros educativos (lo que es un acto ilegal), y también en hospitales, canchas de fútbol y transporte público.

Sergio Massa y su equipo, liderado por asesores brasileños enviados por Lula, intentaron posicionar una campaña de miedo que tocara el dolor de los argentinos. Mintieron sobre dichos aislados de Javier Milei y diferentes miembros de su espacio, asegurando que los niños tendrían armas; que se venderían órganos; que el transporte subiría de 70 a 1.000 pesos; que no habría educación ni salud pública, y un largo etcétera. Fue una campaña sumamente profesional y bien elaborada, pero ello, aunque importante, no define el voto de una sociedad con hartazgo y hambre. Por eso el equipo de Javier Milei, claramente más inexperto, buscó modelar el discurso y llevarlo desde “la bronca” [rabia] hacia la esperanza. Y lo lograron.

Queda claro, en esta elección (como en otras tantas), que aquella frase de “las redes sociales no son el verdadero país” es más una expresión de deseo que una realidad. La campaña de Javier Milei, tal cual se dio a conocer, tuvo su mayor aporte en las redes sociales. Fue una campaña sumamente austera, pero efectiva. Hay que comenzar a entender a las sociedades y, fundamentalmente, a las nuevas generaciones. Hay que comenzar a ver que los programas de televisión, desde hace tiempo, se alimentan de lo que ocurre en las redes sociales. Hay que comenzar a ver que el mundo -al menos en Occidente- desde hace mucho tiempo dejó de funcionar con la teoría de la aguja hipodérmica de Harold Dwight Lasswell, pues los ciudadanos se informan y opinan de manera horizontal.

La democracia

La victoria -repito una vez más: democrática y contundente-, ha encendido las alarmas de diferentes opinadores. Temen por las formas de Milei, dicen. Y algunos lo comparan con Hugo Chávez por el solo hecho de ser “antisistemas”. Lo que no han tomado en cuenta es que, aplicando la teoría de Raúl Baglini, el economista al verse cerca del poder, modeló su discurso y sus propuestas, sin cambiar la esencia. Hoy su espacio político es más amplio, pues se han sumado gran parte del PRO de Macri y Bullrich, así como Florencio Randazzo, quien fue el candidato a vicepresidente del jocoso gobernador de Córdoba (provincia clave para la victoria libertaria), Juan Schiaretti.

También ignoran que Javier Milei profesa las ideas liberales, donde la democracia no está en juego y las libertades de las personas (incluyendo las ya adquiridas) tampoco. Ignoran que no se trata de un militar que intentó un golpe de Estado y cuyos líderes a seguir eran Ernesto Guevara y Fidel Castro, sino que se trata de un economista que sí, con un sistema contra “la casta”, se adentró en el sistema democrático y logró la presidencia pero buscando reducir el Estado y acercar a la Argentina a los países democráticos, alejándola de los que, con el cuarto gobierno kirchnerista, tuvo como aliados: Venezuela, Cuba, Irán, Rusia.

El sistema democrático argentino no está en peligro. Al contrario, que los 40 años de democracia se cumplan sin el kirchnerismo en el poder (es decir, los que sí han atentado contra las instituciones y la división de poderes), es una señal inequívoca de fortaleza. Una que, lamentablemente, no hubo en Venezuela cuando también cumplimos 40 años de tiempos democráticos.

Los retos

La elección de Milei marca un hito en la historia política de Argentina, desafiando las expectativas y abriendo un nuevo capítulo en la dirección del país. Con un respaldo sólido y una visión audaz, el presidente electo se enfrenta al desafío de materializar sus promesas y llevar a Argentina hacia un futuro prometedor. No tendrá una tarea sencilla pues esa “casta” de la que habla, siempre intentará poner resistencia a los cambios que signifiquen menos privilegios.

Además, deberá saber moverse políticamente pues no tendrá mayorías ni en la Cámara de Diputados ni en el Senado. Incluso con el apoyo -que hoy parece ser incondicional- de los legisladores que responden a la también dupla ganadora Macri-Bullrich.

“El país tiene futuro, pero solo existe si es liberal”, suele ser el cierre de los discursos del presidente electo de Argentina, antes de su arenga “viva la libertad, carajo”. No podemos saber si, en efecto, logrará ese futuro liberal y de desarrollo, pero ciertamente haber vencido al kirchnerismo era un paso necesario para intentarlo. Ahora tendrá los retos más importante de su vida, y no queda más que desearle éxito, pues ello significará el éxito de todos los argentinos, y de quienes vivimos en este gran país que le ha abierto sus puertas, como ninguno, a decenas de miles de venezolanos.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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