EN LA ALDEA

24 febrero 2024

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Reencontrarnos en la Navidad con lo que somos

La Navidad es un tiempo de encuentro familiar, de celebrar la vida, la relación, comunión. Hacemos una pausa para luego seguir en el camino que trazamos a diario. Resuena en mí un artículo que da con el fondo de lo que he venido trabajando durante todo el año 2023: la ética del don, de la entrega, del amor.

En diciembre del año 2018, hace ya cinco años, Alejandro Moreno, publicó su artículo en El Nacional, bajo el título: “Ética del don; no ética de la pureza y la mancha”, en él hace una interpretación a fondo de lo que nos define como cultura y, al mismo tiempo, el fundamento de la fortaleza que ha frenado los efectos devastadores del totalitarismo chavista.

Son varios los elementos complejos de esta interesante interpretación de Moreno, empezando por la primera definición: “Está en juego…” estar en peligro, sin que necesariamente se produzca el daño. Se da el movimiento hacia el daño, pero la estructura que quiere dañarse lo evita porque hay algunas condiciones que así lo posibilitan.

“Nos hemos descubierto en estrategias no convencionales amarradas a la convivencia, a la responsabilidad y a la ética regida por el don”

Quiero detenerme en las propias palabras de Moreno y cito en extenso: “Está en juego en estos momentos de la política -ya lo hemos dicho- el fondo esencial y existencial de la cultura del pueblo venezolano. Quiero hoy detenerme a reflexionar sobre la estructura de ese fondo: la ética que califica y constituye su raíz. Si trascendiendo lo aparente, lo circunstancial, nos fijamos en lo permanente y lo estructural, entenderemos que la ética sobre la cual se funda la práctica de vida de nuestro pueblo es una ética regida por el don y la entrega, no por la culpa, la limpieza y la pureza. Esta sería la típica ética farisaica mientras la ética del don, que al fin de todo es el amor, coincide plenamente con la ética cristiana más profunda. Estoy hablando de cultura, no necesariamente de religión, pues esta ética del don y del amor está presente en las prácticas culturales tanto de los creyentes como de los no creyentes, de los cristianos como los de otras religiones. Por alguna vía se hizo cultura popular venezolana”.

La ética regida por el don y la entrega es cultura, fija el camino por el que discurre la vida, no es un constructo, es constitución, hechura, es fundamento, marca las vías por las que circula vida, pensamiento y acción popular; Moreno la distingue de la religión diciendo que es profundamente cristiana, aunque no lo sea de hecho. El amor constituye a la cultura popular, la entrega, la disposición y apertura al otro, la relación, la convivencia. Una ética regida por la entrega es una ética que marca una disposición a la renuncia de todo lo que no está en la relación y, por tanto, busca las vías para superar el aislamiento, la fragmentación familiar, el quiebre afectivo que el sistema de dominación produce.

El sistema de dominación quiere hacernos daño, destruirnos como cultura, desvenezolanizarnos, vaciarnos de los que nos constituye, es lo que viene haciendo ya, por más de dos décadas, pero hasta ahora no lo ha logrado. El no logro de la dominación lo encontramos en la cotidianidad de nuestras comunidades, en las vivencias y percepciones que marcan el camino, en la palabra disconforme o en el dolor que se ha producido en la separación familiar.

El año 2023 nos dejó muchos signos que nos llevan a pensar en el no acoplamiento al sistema, el silencio ha sido cautela no resignación, trascendiendo los hechos vemos en cada acto signos de valentía; por ejemplo, por un lado recibimos el CLAP y, por el otro, somos capaces de decir públicamente “quítamelo si quieres, prefiero tener la posibilidad de elegir qué comer, tener trabajo digno y luchar por mis hijos haciendo que vuelvan en mejores condiciones”. Esto lo dicen en un claro desafío al sistema en medio de unas elecciones primarias que van contra lo establecido, contra el statu quo.

La ética regida por el don, por la entrega, nos conduce a tomar decisiones radicales, dos hemos tomado al final del año, en el último trimestre de 2023, la primera el 22 de octubre, fue una clara muestra de desobediencia civil, un acto en el que se le grita al sistema no te tengo miedo, estás solo, decido participar en un acto que te debilita aún más, decido ir contra tus determinaciones en una elección antisistema.

El 22 de octubre es una primera decisión que va cerrando la Gestalt de la disconformidad y la desobediencia en este año, y se sella con el referéndum del 3 de diciembre en el que la participación fue tan baja que les obligamos a mentir. Mentir descaradamente y contra toda lógica. Mentir diciendo que votaron más de diez millones de personas. Ellos mienten siempre, está en su naturaleza distorsionar la realidad porque la verdad no es una opción cuando no se tiene base de apoyo. La verdad que nos libera, los condena a ellos. Como dice el Evangelio: “… y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres…”. Hemos conocido la verdad, vamos en camino hacia la libertad.

Vivo esta Navidad con esperanza, recordar a un Dios encarnado en el Niño Jesús y encarnado en este pueblo que sufre. Siento que cerramos un año con una esperanza renovada, anclada en la posibilidad que se abre paso desde una ética regida por la entrega, la disposición y la lucha. Siento que hemos dado pasos firmes, somos más fuertes y ellos son más débiles. Nos hemos descubierto en estrategias no convencionales amarradas a la convivencia, a la responsabilidad y a la ética regida por el don.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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