Apostar por una transición con la gente

El malestar, por sí solo, no produce una transición. La rabia puede convocar la protesta, pero necesita encontrar cauces, organización, propósito y una dirección política capaz de convertirla en fuerza de cambio

Los acontecimientos en Venezuela avanzan a gran velocidad. El deterioro vertiginoso de las condiciones de vida ha llevado la rabia, la desesperación y la voluntad de cambio a un punto difícil de contener. Vemos protestas en cada rincón del país.

La destrucción de todo —desde las fuentes energéticas hasta la posibilidad misma de vestir y alimentar a nuestros niños que van a la escuela— ha formado parte del gran diseño de un régimen que encontró un alto en el camino en enero, pero que sigue firme en su propósito de dominación y, con ello, de permanencia en el poder. Pasamos de Maduro a Delcy en una línea de continuidad: cambió el rostro, pero no se produjo una ruptura real.

Pero el malestar, por sí solo, no produce una transición. La rabia puede convocar la protesta, pero necesita encontrar cauces, organización, propósito y una dirección política capaz de convertirla en fuerza de cambio. Que lo aislado se vincule y se convierta en poder. Es precisamente allí donde el momento social que vive el país se encuentra con una pregunta política fundamental: ¿cómo hacer que una sociedad agotada, pero todavía dispuesta a cambiar, deje de ser solamente receptora de decisiones y se convierta en protagonista de la transición?

La reciente entrevista de María Corina Machado con The Wall Street Journal contiene una frase central: “No puedo liderar el proceso desde el extranjero”. Pero detrás del anuncio de su regreso a Venezuela hay algo que me parece políticamente importante: la manera como plantea reencontrarse con la gente y dar cauce a una transición diseñada de abajo hacia arriba.

María Corina propone promover encuentros ciudadanos en todo el territorio para pensar y proponer, desde las propias comunidades, las vías de la transición. Espacios donde la gente pueda encontrarse, deliberar y construir propuestas que, mediante metodologías adecuadas de registro y sistematización, conserven su sentido original y puedan integrarse en una agenda nacional genuinamente construida desde las bases.

Durante años, la salida venezolana se ha buscado negociando alrededor del poder: con quienes lo controlan, sobre las condiciones que están dispuestos a aceptar y dentro de los márgenes que permiten. Esta vez se vuelve a hacer del mismo modo, bajo la metodología de la mesa de diálogo. El resultado está a la vista: negociación tras negociación, el chavismo ha permanecido en el poder y los cambios de fondo no se han producido. La transición sigue pendiente. Quizás ha llegado el momento de invertir la lógica y preguntarnos qué ocurre cuando el punto de partida deja de ser el poder y pasa a ser la sociedad: las personas, sus comunidades y su capacidad para encontrarse, deliberar y construir desde abajo las vías de una verdadera transición.

En ese sentido, las asambleas anunciadas por Machado adquieren una importancia particular. Su valor no estará únicamente en cuántas logren realizarse, sino en que se conviertan en verdaderos espacios de encuentro ciudadano: lugares para escuchar, deliberar, reconocer diferencias y construir propuestas desde la experiencia concreta de las comunidades. Si esas voces logran conservarse y traducirse en decisiones y prioridades nacionales, estaríamos ensayando una lógica distinta para la transición: no una salida acordada exclusivamente alrededor del poder, sino una transición que comienza a construirse desde la sociedad.

La transición no es solo sustituir a los que mandan por una autoridad real, sino reconstruir los vínculos que la dominación destruyó. El desafío es convertir miles de conversaciones comunitarias en prioridades nacionales: la tecnología y la inteligencia artificial pueden ayudar a recogerlas y ordenarlas, pero ninguna herramienta puede sustituir el encuentro, la palabra y la construcción desde abajo.

El verdadero desafío político será que la voz de la gente no desaparezca cuando llegue el momento de decidir. La transición exige invertir la lógica tradicional del poder. No construir un país desde arriba para después explicárselo a la gente, sino partir de sus vidas, reconocer lo que comparten en sus comunidades y convertirlo en prioridades nacionales. Persona, comunidad, país: otra manera de construir poder.

Machado habla de prepararse para elecciones. Según The Wall Street Journal, hay todo un equipo de personas capaces de asumir responsabilidades en educación, salud, justicia, economía y Fuerza Armada. Prepararse para gobernar es indispensable. Pero también habrá que comprender a una sociedad que lleva años resolviendo su vida en condiciones extraordinarias. Que sufrió persecución, empobrecimiento y migración y, al mismo tiempo, desarrolló formas de solidaridad, resistencia y organización que muchas veces permanecen invisibles para la política.

Desde nuestro trabajo en el Centro de Investigaciones Populares y el Observatorio Convivium, hemos encontrado comunidades que se levantaron a pesar de años de abandono. Mucho trabajo y esfuerzo han hecho que se mantengan de pie. La transición tendrá que encontrarse con esos saberes y avanzar en dos dimensiones inseparables: reconstruir el Estado y avanzar como comunidad. Quizás por eso importa tanto volver a recorrer Venezuela. Porque antes de gobernar un país hay que volver a conocerlo, escucharlo, reconocerlo en la reconstrucción que ha venido haciendo. El liderazgo que viene tendrá que saber conducir, pero también saber escuchar.

La pregunta, entonces, no es únicamente cuándo regresará María Corina Machado ni cómo será ese regreso. Hay otra que puede resultar mucho más trascendente: ¿cómo convertiremos el regreso al territorio en un verdadero encuentro con el país? Y al inicio de la entrevista ella lo responde: no puedo quedarme afuera, el liderazgo se hace desde la relación y el vínculo. Parafraseo desde su sentido.

La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.