EN LA ALDEA

24 febrero 2024

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Entrevista con un político de la época colonial (II)

-Hablaba usted el lunes de los hombrecitos de Venezuela que ni siquiera se saben vestir y que, por lo tanto, necesitan la luz de los mantuanos para vivir con cierto decoro. Desarrolle la idea, si no le parece complicado.

-Eso no tiene complicación, porque está escrito para nosotros en la ley desde 1687. Los hombrecitos incapaces son los negros, los indios y los individuos nacidos de su mezcla, porque no entienden los misterios de la fe católica y porque, como escribió el obispo Don Diego de Baños y Sotomayor sin que nadie de prestigio lo haya desmentido, muchas veces no se diferencian de las bestias y no tienen esperanza de civilizarse. Por eso el obispo los llama “multitud promiscual”. Piense usted en los esclavos recién llegados, que no entienden ni un sonido del Catecismo, y en tanto indio y moreno bozal que no se sabe comunicar. Menos mal que nos tienen a nosotros, los “padres de familia”, para recibir con alguna propiedad los sacramentos y para respetar a la Corona.

-Pero esos hombrecitos pueden aprender, para participar después en la administración de la sociedad.

-Eso no está previsto por nuestra Ley Canónica. El prelado no habla de que ellos puedan cambiar, sino de una situación que se debe prolongar hasta el día del Juicio Final. En el programa de la jerarquía religiosa, a la cual obedezco, no hay aula para esos vasallos, no hay pedagogía que los libere de su incapacidad innata.

-¿No le parece que está exagerando?

-Lo entiendo, poner de plazo el Juicio Final le puede parecer escandaloso, pero debo recordarle que la Ley Canónica de Venezuela, de la cual dependemos los fieles desde 1687 bajo pena de condenación eterna, permaneció vigente hasta 1904. Nadie la tocó en el país, ni siquiera los laicos más atrevidos o los guerreros más valientes, mucho menos los detentadores del poder, ni con el pétalo de una rosa, ni para cambiar una coma. Si andaban pendientes de hacer una sociedad nueva, de promover revoluciones y de crear una república justa después de echar al Rey Nuestro Señor, pudieron meterle el diente a ese “detallito” que ha determinado la vida desde nuestra antigüedad colonial. Pero se hicieron de la vista gorda, dejación elocuente que debería preocupar a los preguntones del futuro que no saben de lo que hablan.

-Para tratar de hablar con alguna propiedad le dejo un comentario en el aire: Esos mantuanos en el rol de “padres de familia” dejan de mandar, por fortuna, cuando aparece esa política que usted no ve en el período colonial, y para llevar a cabo grandes cambios que acaban con los mandatos canónicos a los cuales usted se aferra. Piense y hablamos el viernes.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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